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Signorelli también quiere una calle con su nombre

Franco Signorelli celebra / AP

Franco Signorelli celebra / AP

El merideño celebró 50 partidos el domingo pasado con el Empoli, al que llegó como juvenil

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La calle Signorelli es una ruta pequeñita, al oeste de Empoli, una ciudad también pequeña, con los rasgos típicos de una pueblito europeo: Una estación de trenes grande, una plaza central, calles estrechas, de no más de dos canales y casas de no más de dos pisos. El Stadio Carlo Castellani queda muy cerca del centro, como casi todas las cosas. Ahí es donde el merideño Franco Signorelli ha jugado la mayor parte de los 50 partidos que tiene con el Empoli, con el que debutó hace algo más de dos años.

Tras varios años en la ciudad, a la que llegó cuando era juvenil, Franco había escuchado de la calle que llevaba su apellido pero jamás había reparado en averiguar la razón. Su cabeza estaba en el equipo, en el que ha tenido que luchar para asentarse. "Siempre he dicho que el trabajo paga", aseguró, satisfecho, luego de jugar el partido en el que llegaba al medio centenar de encuentros de liga. La fiesta la redondeó con un gol, el tercero de la victoria ante el Varese (3-1). El sexto de su carrera.

"Lo más importante es ir evolucionando", afirmó el volante, que aterrizó como una apuesta a futuro y ha crecido hasta convertirse en un habitual del club, una de las sorpresas de la actual Serie B. "Cuando llegue al equipo estaba en Serie A pero en los últimos años han tenido un bajón", rozando el fondo durante el año pasado, cuando tuvieron que jugar un playoff para mantenerse en la categoría. Para este año las cosas han cambiado y el club es cuarto en la tabla, pese a un inicio complicado en el que perdieron en cinco de las primeras nueve fechas.

Fue un mes y medio sin ganar, hasta que visitaron al Lanciano y lo golearon 0-3 con un tanto del merideño. "Agarramos confianza", dice Signorelli..

El merideño, un volante de raíces sudamericanas pero educado tácticamente bajo la rigurosidad de la escuela italiana, opina que no deben ponerse techo. "No pensábamos estar tan arriba pero ya que estamos aquí lo disfrutamos", afirmó, al tiempo que promete buscar un momento para averiguar si el apellido de su familia, que vive en la sureña provincia italiana de Cozenza, tiene algo que ver con Luca Signorelli, el pintor que le dio nombre a esa pequeña calle que le llamó la atención.