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Savarese, el pianista que dirige al Cosmos

Savarese posa con el francés Eric Cantona, ex jugador del Manchester United y parte del organigrama del club

Savarese posa con el francés Eric Cantona, ex jugador del Manchester United y parte del organigrama del club

El caraqueño, aficionado a la música y a la buena comida, nunca tuvo miedo a los nuevos retos

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La imagen de Nueva York que utiliza Cosmos no es la típica foto de la ciudad, la que aparece en las postales con la vista desde la bahía y los rascacielos de Manhattan en el horizonte. En su lugar, colocan una fotografía desde uno de los edificios de la ciudad hacia una de las calles y con la bahía al fondo, una visión mucho más íntima de la ciudad.

La decisión, lejos de ser una casualidad, parece responder a la intención del club de conectar con el público de una metrópolis cultural a la que enamoraron en la década de los años setenta y a la que ahora intentan reconquistar con el relanzamiento del equipo, el proyecto que comanda desde esta semana el caraqueño Giovanni Savarese.

Gio, como le conocen en la ciudad, llegó a Nueva York con 19 años de edad, para estudiar Bussines y Marketing en la Universidad de Long Island. Sus abuelos ya habían tomado una decisión similar años antes al abandonar Salerno con rumbo a Caracas. Al llegar al país, su abuelo trabajó en la construcción de la autopista hacía La Guaira. Sus padres, quienes se dedicaron al comercio de ropa, mantuvieron las costumbres italianas. “El domingo el partido del Nápoli y la pasta con salsa bolognesa siempre jugaban titular”, cuenta su único hermano Hugo, seis años menor.

Siempre en el fútbol.
Tanto por la familia de su padre como de la madre, los hermanos Savarese contaron con tíos que llegaron a jugar fútbol profesional. Ellos no quisieron cortar la tradición mientras estudiaron en el colegio Los Arcos. Luego de graduarse, Giovanni tuvo la oportunidad de irse a estudiar y comenzó a escalar hasta llegar al Metrostar, antecesor del actual Red Bull, en el cual compartió con Roberto Donadoni, Tony Meola o Alexis Lalas. Pese a la constelación de figuras el nativo fue el autor del primer gol en la historia del club y por años ostentó el record de más goles de la franquicia.

Junto a su currículum de jugador, Savarese fue agregando destrezas fuera de la cancha. Estudió para ser entrenador y gracias a los cuatro idiomas que maneja, logró una muy buena reputación en la ciudad. “Una de sus más grandes cualidades es que se lleva bien con quien sea, así sea el mejor jugador del mundo o la persona más humilde”, cuenta Hugo.

Como jugador se ganó la confianza de técnicos como Carlos Alberto Parreira, Carlos Queiroz, Walter Zenga, José Omar Pastoriza, Manuel Plasencia o Rafa Santana. De todos ellos asegura haber tomado cosas para este nuevo reto, el de ser por primera vez el entrenador de un equipo profesional: “La idea es formar un club competitivo, un plantel que tenga la posibilidad de ser competitivo desde el primer día”, explicó el propio Giovanni el día que se conoció la noticia de su designación.

Esas ganas de trascender fueron las mismas que le llevaron a hacer maletas cuando aún era adolescente. “Era mejor jugador pero mentalmente él era más fuerte, él estaba hecho para un reto así”, admite Hugo sobre su hermano. El que nada más aterrizar en Maiquetía va para una arepera, el que toca piano desde que era niño y el que desde esta semana, es el entrenador de uno de los equipos más mediáticos de Estados Unidos.

Confundido en Nueva York
Durante los años que compartieron en el Metrostar, Roberto Donadoni y Savarese se hicieron amigos. Una noche decidieron ir a cenar y el mesonero que los atendía aseguró que la cara de Giovanni le parecía conocida.

“Donadoni comenzó a fastidiarlo, le decía que el famoso era mi hermano. Pero después el mesonero volvió y le dijo: ¿Tú no eres Eros Ramazzoti? Lo había confundido”, cuenta Hugo como una de las tantas anécdotas de su hermano en la ciudad.

Cuando Hugo viaja a visitar a la gran manzana, asegura que Giovanni solía invitarlo a jugar caimaneras. “Un día íbamos a jugar con la comunidad judía, al día siguiente con los griegos, y siempre que llegábamos lo abrazaban, en todos lados lo querían”.