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Sanvicente y la ruta de Bianchi

Noel Sanvicente, técnico del Zamora FC / AVS

Noel Sanvicente, técnico del Zamora FC / AVS

Para Chita, su séptimo título en el torneo local sigue sin ser garantía de que tomará la selección nacional. Como ocurrió con “El Virrey” en Argentina, su éxito en el torneo no implica que tenga una oportunidad con la Vinotinto

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Noel Sanvicente se acuesta en las noches pensando en lo que tiene que hacer al día siguiente, organizando su día, incluso, su futuro. El guayanés, devoto ferviente de la Virgen de Betania y fanático de los Tiburones de La Guaira, no deja nada al azar; y todo lo consulta con su compañera de vida.

“Hace unos días atrás hablábamos de la selección, de esta novela, si lo llaman o no. Y él decía, casi desilusionado, que ya no espera nada. Y que si lo llaman, tenía que remar con muchas cosas en contra. Pero Noel aún mantiene esa ilusión. Para eso trabaja”, confesó Bismary Rivas, su esposa y fiel compañera desde hace más de 20 años.

Su manera de hacer le trajo el éxito desde temprano en su carrera como estratega, sin embargo, sus triunfos también vinieron emparentados con una ruptura con el presidente de la Federación Venezolana de Fútbol, Rafael Esquivel, que hoy es uno de los argumentos principales que lo mantiene al margen del banquillo de la Vinotinto.

“Yo de Noel Sanvicente tengo el mejor de los conceptos”, dijo el presidente de la FVF días atrás. “De su trabajo y de su forma de hacer las cosas. No he hablado con él desde 2007, posiblemente nos faltó humildad a los dos en ese momento. Si él es el elegido para ser el seleccionador nacional, que no queden dudas que hablaremos”, apuntó.

Sin embargo, como en otro caso peculiar en Suramérica, Chita no tiene el beneplácito federativo. A Carlos Bianchi, exitoso técnico con Boca Juniors durante la parte final de los 90 y principios del nuevo milenio, le ocurrió lo mismo. Un enfrentamiento con Julio Grondona lo alejó de ser el estratega de la albiceleste, algo que nunca más pudo resolver.

 El Virreinato de Bianchi

Carlos Bianchi debutó en Argentina como estratega en Vélez Sarsfield, el equipo del que fue hincha de toda su vida, y para el que llegó a jugar entre 1967, cuando debutó con el conjunto de Buenos Aires, y 1971; para luego volver entre 1981 y 1984.

En su paso, llenó de glorias las vitrinas blanquiazules con cuatro torneos nacionales (dos Clausuras, un apertura y un absoluto), una Copa Libertadores, una Intercontinental, una Recopa Suramericana y una Copa Interamericana.

“Yo dije que era hincha de Vélez. Yo nací ahí, sé cuánto lo quiero y sé también que no tengo que equivocarme en los sentimientos. Es mi barrio, me da placer cuando voy ahí”, dijo alguna vez a la prensa argentina.

Después de un paso frustrante por Roma, Bianchi tomó Boca Juniors donde ganó cuatro torneos locales más, tres Libertadores y dos Intercontinentales. Sin embargo, ese historial plagado de éxitos nacionales, e incluso continentales, no sirvieron para que tomara la selección argentina.  

 Trabajo en rojo

El trabajo es algo que se repite permanentemente en el ideario de Chita, desde sus colaboradores más cercanos, hasta quienes lo conocen de tiempo reciente. En Caracas el estratega logró sus cinco primeras estrellas; además de clasificar una vez a octavos de final y otra a cuartos de la Copa Libertadores, la figuración más importante de un equipo venezolano junto a Táchira y Estudiantes de Mérida.  

“Desde esa época Chita siempre fue igual, un obsesivo del trabajo y de ganar”, contó uno de sus asistentes técnicos, Carlos Rojas. “Él ayudó al club a armar una estructura que aún hoy prevalece, y eso produjo éxitos que intenta replicar a donde quiera que va”, comentó.

“Ahí tuvimos equipos con mucha experiencia, pero también pudimos sacar juveniles con mentalidad ganadora, lo que habla de cómo se estructura todo en varios frentes”, añadió Rojas.

“Esos muchachos, Alejandro Guerra, Ronald Vargas, Oswaldo Vizcarrondo, Alexander González, Edgar Jiménez; por nombrar algunos, siempre ganaron. Desde que estaban en la sub18 del equipo, iban a la segunda, y siempre era a ganar. Noel piensa así. Y eso se contagia”, apuntó.

El año en blanco

No obstante, para Sanvicente no todo fueron éxitos. El paso de un año y tres meses por Real Esppor, lo marcó profundamente.

“El proyecto era ambicioso, y el final fue muy triste. Irnos del equipo por los problemas económicos del presidente de la institución, era algo que no estaba en los planes de nadie”, aseguró Luis “Pájaro” Vera, hoy asistente técnico de Sanvicente, quien también acompañó a Chita como jugador en Caracas y el cuadro merengue.

“Eso fue un golpe duro, porque se trabajó mucho y al final había mucha desilusión. Se quedó cerca en el primer semestre, y luego las cosas se desmoronaron muy rápido. Lo pasamos mal, y a Noel, y a todos nosotros, nos afectó mucho lo que pasó”, replicó Rojas.

Resurrección en el llano

En Zamora, Chita y su grupo consiguieron reverdecer. “Vivimos un crecimiento, todos”, dijo Rojas. “Nosotros como técnicos, los jugadores, y los directivos. Todos tuvimos que aprender a remar para el mismo lado, y trabajar muy duro, porque había, y aún hay, mucho por hacer”, contó.

“Aquí tuve mi primera experiencia como técnico, y se la agradezco mucho a Noel, aseguró Vera. “Aprendí mucho de Chita como jugador, y ahora como asistente, veo que existen códigos distintos para el técnico y el futbolista, y ahora entiendo muchas de sus decisiones cuando me dirigió”, dijo.

“Él sigue siendo un enfermo del trabajo, todos lo somos. Además, me di cuenta de lo estudioso que es de sus rivales. No les pierde pisada, y con eso les saca ventaja a sus rivales. Por eso logró la estrella el año pasado, y ahora también”, apuntó.

Mientras tanto, en su casa, Bismary Rivas hizo grandes sacrificios por su esposo. “La mudanza a Barinas fue un proceso duro, para él, para mí, para los niños. Sufrimos mucho, todos”, explicó.

La esposa de Sanvicente tuvo inconvenientes de salud el año pasado, que se solventaron al irse al llano con su esposo y su familia. “Noel es muy familiar. Ama a sus hijos con locura. Es muy pegado con Noel Alejandro y más ahora que juega fútbol (es zurdo y es delantero), y Valeria es la luz de sus ojos”, explicó Rivas.

Sanvicente, aferrado a sus valores familiares y de trabajo, logró siete diademas que aún no le sirven para dar un salto definitivo. “Nadie es profeta en su tierra”, dijo después de ganar el campeonato. Sin embargo, con su carácter duro y su obsesión por ganar, se aferra a su principal anhelo.

“Salir al exterior o tomar la Vinotinto. Eso es lo que mueve a Noel. Ojalá alguno se le de”, apuntó su principal escudera, Bismary, antes de acompañar a su marido en una nueva aventura, que espera lo acerque a la selección, y lo aleje del fantasma de “El Virrey” Bianchi.