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Sacrificio que suma

El venezolano "Miku" Fedor celebró la victoria de su equipo ante el Barcelona | AP

El venezolano "Miku" Fedor celebró la victoria de su equipo ante el Barcelona | AP

Miku y el Celtic supieron golpear en los momentos indicados para que los católicos vencieran al Barcelona 2-1, en la cuarta fecha de la Champions

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Glasgow anoche fue una fiesta. Desde el principio del partido, desde hace un par de días. Jugadores, fanáticos, absolutamente todos confiaban en darle una victoria contra el mejor equipo del mundo como regalo de cumpleaños al Celtic, que el martes cumplió 125 años de existencia.

“Para nosotros sería importante ganar. Quedaríamos a tiro de clasificar a los octavos de final, y sería un gran envión anímico”, contó Miku horas antes del partido, ilusionado y confiado en lo que sucedería un par de días después.

Pero para ganar, el equipo de Neil Lennon tuvo que sacrificarse. Correr detrás de la pelota, cosa que suele cansar mucho más a los jugadores que tienen que ver como la redonda circula por el césped, ser contundente, y evitar que ocurriera un descalabro como el que cortó el empate que habían labrado dos semanas atrás en Barcelona, y que Jordi Alba se encargó de borrar.

Ayer, el guión fue similar, pero la historia que contó fue muy diferente. Aunque empezó con algún recuerdo de aquel escrito en Camp Nou, con el equipo católico tomando la ventaja en el marcador con un gol del keniano Victor Wanyama, de cabeza, donde Nicolás “Miku” Fedor tuvo un papel importante la realizar una cortina que evitó la salida de Víctor Valdés, que luego permitió la llegada del central africano, que venció en el salto al salvador de la jornada anterior, Jordi Alba.

Historia repetida

A partir de ese momento, la película fue exactamente igual a la que se vio en España. Barcelona se entregó a atacar, pero al equipo de Tito Vilanova le falta ese toque mágico adicional que si tenía el de Joseph Guardiola. En ocasiones se dispersa entre tanto toque horizontal, que abre espacios, pero que no tiene aquella contundencia de otrora.

Lionel Messi, obsesionado con el gol para Thiago, su hijo, estrelló un balón en el horizontal, y luego Alexis Sánchez también pegó otra en el vertical. Fueron los acercamientos más claros de un Barcelona que se fue espesando, en la medida que el muro verde y blanco escocés fue impidiendo que las habilidosas piernas azulgrana crearan juego. El argentino sobre el final logró el tanto del descuento, y pudo dedicárselo escuetamente a su primogénito.

En ese trámite, donde al Barcelona el gol se le puso de espaldas, contribuyó el guardameta verde y blanco Fraser Forster. Sacó al menos tres jugadas de peligro claro, a Messi, a Iniesta, al recién ingresado Villa. No era la noche del Barsa, si la de los escoceses, inspirados por la celebración de cumpleaños del club.

Y cuando más trató de empujar Barcelona, ya en la segunda parte, Neil Lennon se encargó de complicar las cosas para el conjunto catalán. Dejó a Miku en la cancha en el lugar del extenuado Giorgios Samaras, y le colocó como socio a Tony Watt, la nueva promesa escocesa que tiene apenas 18 años de edad.

Una escapada del jovencito a las espaldas de Javier Mascherano después de un despeje defensivo, le otorgó un mano a mano contra Valdés que no perdonó.
Miku fue el fiel reflejo del tipo de partido que jugó ayer el Celtic en Glasgow. Sacrificado, con una labor desagradable y sin tanto brillo, corrió 12,5 kilómetros en los 90 minutos que disputó, de acuerdo con las mediciones de la UEFA, donde si acaso habrá tenido un par de ocasiones la pelota cerca del arco rival. El resto fue estorbar, pelear con sus rivales, y evitar que el juego fluido de los catalanes funcionara. A veces para sumar en un torneo como la Champions, un sacrificio como ese bien vale tres puntos.

La cifra

Miku corrió ayer 12,5 kilómetros en Celtic Park, de acuerdo con las mediciones tomadas por la UEFA. Fedor fue el jugador que más corrió de los dos equipos en cancha.