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Ronaldinho ya no es el mismo

Ronaldinho en su visita al campo del Zamora / AP

Ronaldinho en su visita al campo del Zamora / AP

El volante, que mostró su toque particular con las faltas en la práctica del lunes, espera ayudar al Mineiro a repetir en la Libertadores

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Zamora buscaba anoche su primera victoria en la historia en una Copa Libertadores. Para lograrlo, tenía que superar nada más y nada menos que al campeón del torneo continental del año pasado, con su plantel plagado de estrellas.

Ronaldinho Gaúcho encabezó la constelación que se posó anoche sobre La Carolina. Una que incluyó a los atacantes Mauro Tardelli y Jo, a Josué, a los argentinos Dátolo y Otamendi; pero todas las miradas siempre se posaban sobre el astro, ex Barcelona y Milan, quien fue el primero de una enorme lista de jugadores de relevancia que decidió volver a su tierra, a Brasil, después de haberlo conquistado todo en Europa.

Retorno. “Dinho” llegó de regreso a suelo amazónico en la temporada de 2011, después de pasar tres campañas en Italia, donde flaqueó entre la fiesta y las distracciones de la fama.

Lo recibió Flamengo, con bombos y platillos, para intentar cambiar su destino con su nombre y su juego, ese que se había venido a menos de aquel que lo convirtió en uno de los mejores jugadores del mundo. Lejos estaban escenas como aquella ovación de pie del Santiago Bernabéu, en una de tantas tardes de Clásico entre Barcelona y Real Madrid donde derrochó su talento.

Su paso por Flamengo llegó a un punto muerto en 2012, cuando apenas si disputó 1000 minutos entre torneo inicial y Brasileirao. Esto lo llevó a Minas Gerais, más cerca de su casa, Porto Alegre, para reverdecer en el Atlético Mineiro.

Ahí se erigió como el eje fundamental del equipo que conquistó el año pasado la Copa Libertadores, un logro que le permitió entrar en un selecto grupo que ha ganado el máximo torneo de clubes en Suramérica, y la Liga de Campeones, la distinción más elevada para un conjunto en Europa.


No es el mismo. Del aquel Ronaldo de Asis Moreira que deslumbraba con sus galopadas veloces y su creatividad típica del juego brasileño, no queda tanto.

El Ronaldinho de hoy es más técnico. Perdió su veloz zancada, pero tiene aún precisión en el pase, posee gran visión de juego, y ha desarrollado un valor que parecía menospreciado en la magia de sus regates juveniles: la inteligencia.

No ha perdido la pegada en los cobros de falta. La prensa que estuvo en Barinas contó que lunes en el reconocimiento de cancha del Mineiro, dio un recital de tiros libres. Y eso que apenas ayer disputó sus primeros minutos en 2014, después de haber cerrado 2013 con los partidos del Mundial de Clubes.

“Quiero recuperar mi ritmo de juego. Tratar de sacar lo mejor de mí, para ayudar al equipo a comenzar bien la Copa Libertadores, y volverla a ganar. Aún me falta para estar en mi mejor nivel”, confesó Ronaldinho el lunes al departamento de prensa del club brasileño. Toda una declaración de intenciones, antes de plantarse contra Zamora. 


Un día por un recuerdo
El recuerdo de las tardes de gloria de Ronaldinho con el Barcelona no se borra de la memoria de los fanáticos de Barinas. Un grupo personas se apostó en las adyacencias del Hotel Cima, lugar de concentración del Atlético Mineiro, para intentar captar alguna imagen o tener un recuerdo del astro brasileño.

Algunos, incluso, llegaron a pasar 24 horas a las afueras del hotel esperando alguna seña del jugador. Siempre desde el hotel, nunca afuera, el volante respondió con una sonrisa o un saludo. Fue lo más cerca que pudieron estar de él.