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Rómulo Otero, el escorpión heredero

Rómulo Otero / AP

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El oriundo de El Tigre tuvo que vivir solo en la capital de la república desde los 15 años de edad, para jugar fútbol profesional

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Cuando el anunciador interno del Caracas en 2012, Atilano Hidalgo Peña, le puso a Rómulo Otero el sobrenombre con el que ahora lo llaman en el equipo y entre sus amigos más cercanos, lo hizo probablemente, sin imaginarse las características de vida del escorpión con la del jugador. El alacrán, como también se le conoce, es un animal solitario.

Tras su nacimiento, sólo establece relaciones de cacería, entre presa y cazador, o para sobrevivir a algún ataque de un ave de rapiña. Otero, a quien apodaron "el alacrán" por lo venenoso de sus disparos fuera del área, se parece de alguna manera al escorpión. Tuvo que salir de su casa en El Tigre a los 15 años de edad, para venirse a vivir solo a Caracas, algo que contó, lo hizo madurar muy temprano.

"Mi padre biológico falleció cuando tenía tres años, y mi mamá biológica me mandó a vivir a El Tigre con mi papá, Horacio "El Chango" Cárdenas, y mi mamá Odaisy González. En el fondo soy un afortunado, tuve dos mamás y dos papás", destacó el volante del conjunto de la Cota 905 sobre su infancia. "Desde niño me encantaba el fútbol", confesó con la alegría de quien evoca una niñez que giraba en torno a un balón. "Mi papá (biológico) jugaba, y Horacio también.

De él fue de quien aprendí mucho de lo que sé en la cancha. A Horacio le debo todo. Mi fútbol, la manera de hablar, de ser, todo. Desde niño nos inscribieron a mí y a mis hermanos en la escuelita San Tomé de allá de El Tigre", dijo. El mediocampista cuenta su vida a ritmo pausado. Con serenidad. Todo un contraste con el ritmo vertiginoso que le imprime a su juego cuando está sobre el césped.

"Llegué al equipo de Caracas con 15 años de edad, con mi hermano Horacio Cárdenas. Nos trajo mi papá. Yo quedé en el equipo, pero él, que era un año mayor que yo, quedó pero tuvo que subir de inmediato a la Sub 20, y el técnico no lo quiso", recordó. "Ellos se regresaban para oriente, y mi papá me preguntó ¿te devuelves con nosotros? Le dije que no. Que me quedaba solo aquí, quería ser grande y luchar por ser futbolista profesional.

En casa me habían preparado para vivir solo. Me hablaron de las concentraciones, del tiempo que uno pasa afuera, pero ahora era el momento de experimentarlo", aseguró. "Le tenía miedo a Caracas, no me gustaba", confesó entre risas sobre esos primeros meses de lucha en solitario. "Sólo salía de la casa club (en El Paraíso) a comer, en donde una señora que nos cocinaba a los que somos del interior, y a entrenar.

Del resto, me la pasaba encerrado. Era difícil. Cuando uno viene del interior le tiene como miedo a la gran ciudad, pero sabía que era una prueba que tenía que superar si quería lograr este sueño",dijo. "Con el tiempo le perdí el temor a Caracas. Ya me siento uno más aquí. Ahora salgo con los amigos, aunque no de noche. No me gusta", develó.

"Soy de quedarme en casa viendo películas, o de ir a un centro comercial, jugar Playstation, pero no de rumbear. No es lo mío. Lo mío es el fútbol", argumentó el volante, confeso admirador del reguetonero Arcángel. "Lo que más me costó fue aprender a cocinar. Quemé unas cuantas ollas. Ahora ya me defiendo", aseguró, de nuevo risueño.

"Estuve mucho tiempo solo en Caracas, pero gracias a Dios siempre conté con el apoyo de mi familia para lograr lo que quería. Ahora vivo con mi hermano, Jairo, ya no estoy solo, y eso es un apoyo adicional", resaltó. El hijo y el heredero Entre las características más interesantes del juego de Otero están su visión de juego, el regate explosivo, y la pegada desde fuera del área, que lo han convertido en un excelso rematador de faltas.

"Aprendí de Horacio. Él me enseñó las técnicas desde que estaba pequeño. A mí siempre me gustó meter goles de tiro libre", contó. "Si es muy cerca del arco, trato de pegarle con los dedos, con la punta del pié, para que la pelota baje con más efecto. Si es más lejos, le doy con el empeine", aseguró. "Cuando llegué al Caracas, comencé a ver a José Manuel Rey, a Darío Figueroa, a Edgar Jiménez, "la Pulga" Gómez, y poco a poco me puse a practicar con ellos, para que me enseñaran a cobrar los tiros", explicó.

"De Rey aprendí mucho. Siempre competía con él y cuando le ganaba me decía: "Ese es mi hijo". Le agradezco mucho", recordó mientras miraba el arco donde entrenaba con el zaguero caraqueño Rey y el volante argentino Figueroa, aunque nada se compara a lo que le tocó vivir en marzo de este año. "Era mi primera concentración con la selección mayor. Siempre admiré mucho el estilo y la manera de cobrar faltas de Juan Arango. Y ese día lo estaba viendo practicar tiros libres al final de la práctica, y no me podía creer que estaba ahí. Me le acerqué, con mucha timidez porque no tenía confianza con él, y le pregunté si podía practicar con él", contó emocionado. "¿Puedo entrenar contigo? Le dije", recordó.

"Él me miró y me dijo: "Claro vale. Con gusto. Además, tú eres el sustituto, el heredero". Yo no me podía creer que Arango me estuviera diciendo algo como eso. Fue muy bonito. Nunca me imaginé que iba a patear tiros libres con él, era un sueño que tenía desde chiquito. Un gran honor", recordó.

"Me emociona pensar en que soy parte del futuro de la selección. Es un orgullo que digan eso. Pero sé que para que eso suceda, no puedo desviarme del camino y debo trabajar mucho", agregó. Un regalo especial Otero anotó en Puerto La Cruz su primer gol con la selección mayor. "Ese fue uno de los mejores días de mi vida", explicó. "Dedicárselo a mi familia, a mis dos mamás, que estaban justo ahí en las gradas. Estoy lleno de confianza, creo que este es el mejor momento de mi carrera, a pesar de que aún me falta".

"Me gusta mucho visualizar las cosas antes de los partidos. Y había imaginado que iba a meter un gol ese día, pero como sueño", destacó. "Y en el calentamiento quise ubicar el sitio donde estaban mis madres, para correr hasta donde estaban si marcaba. Cuando se me dio lo hice así, en el corner me recibió Seijas, y ahí mismito apareció el Colorao (Fernando Aristeguieta), y recordamos los días en los que anotaba goles con el Caracas. Fue un momento muy especial", aseguró. El gran momento del oriental lo tuvo cerca de irse a Brasil el semestre pasado.

Pero se frustró la opción sobre el final. "Mis padres me dijeron que esté tranquilo. Que las cosas pasan por algo. Tenía muchas ganas de irme, de experimentar otro fútbol, pero estoy tranquilo, lo mejor es lo que pasa", dijo. "Hice una buena pretemporada, y vivo un gran momento. Sé que podré salir más adelante", explicó. "Si pudiera elegir, quisiera irme a la Bundesliga, Alemania. Me gusta el ritmo como se juega allá. Ojalá se dé", remató. 

Jugada de Playstation
Una de las distracciones de Otero en las concentraciones es jugar Playstation. "Juego FIFA, fútbol, todo el tiempo", dijo entre risas. El oriental está, a lado de Jesús "Buda" Torrealba, en la portada de Pro Evolution Soccer 2014, que puso a los jugadores destacados de cada equipo que participó en la Copa Libertadores en la carátula.

"Para mí eso fue una sorpresa. Jamás me imaginé que iba a salir en la portada de un juego de video, me emociona mucho. Cuando vi la foto se la pasé a mi familia", explicó. "Ya no puedo esperar a que salga para comprarlo. Quiero ver qué valores me pusieron", dijo en medio de una carcajada. De acuerdo con el volante, Fernando Aristeguieta era el mejor jugador de Playstation del vestuario.

"El Colorao juega mucho. A él es muy difícil ganarle en FIFA. Yo ni lo retaba, ¿para qué? Si no le voy a ganar. Ahora juego con Alain (Baroja), con Cariaco, ahí se arman buenas partidas", remató.