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Oswaldo Olivares: "Un Caracas-Magallanes en el Universitario es la gloria”

Olivares dio 974 hits en la LVBP | Henry Delgado

Olivares dio 974 hits en la LVBP | Henry Delgado

Era fanático de los Leones, pero firmó con Magallanes por maña de Pedro Padrón Panza. Vaya rareza. Y no podía ser menos. La carrera de este inmortal de nuestra pelota está salpicada de curiosidades y relatos divertidos

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Oswaldo Olivares todavía ríe cuando recuerda la sorpresa de un familiar que, viendo la comedia Papita, maní, tostón, gritó en pleno cine, al escuchar la interrogante que un personaje planteó en una de las escenas: ¿Quién es la ex estrella del Magallanes que sólo dio un jonrón en su carrera de dos décadas? “¡Mi tío, el Gago Olivares!”, cuenta que exclamó el pariente, para sorpresa de todos en la sala de proyección.

Este antiguo jardinero, hoy empresario de la industria del vestido —tiene una pequeña fábrica de uniformes deportivos— es indetenible cuando habla, como antes cuando bateaba. Lo admite. Puede hablar durante horas de su tiempo en el diamante, los compañeros de siempre y esa alegría que le ha acompañado desde la infancia, cuando jugaba en Casalta y era lanzador.

-¿Qué es lo más extraño que le sucedió en el beisbol?

-Me pasó en México. El dueño de los Diablos Rojos era Charita Mansur, que en paz descanse, y me cambió al Córdova, el equipo de su hijo Roberto. Me negué. Yo no quería irme de Ciudad de México. Eso era como ir de Nueva York a una ciudad más pequeña que Valencia, y yo estaba bateando como .380 esa temporada. Como me negaba, al llegar al autobús del equipo, me esperaban dos policías. “El comisario quiere hablar con usted”, me dijeron. Me llevaron con ellos y pasé cinco horas detenido. Bueno, en una oficina y viendo televisión, pero detenido. El juego comenzaba a las 8 pm. Finalmente, hablé por teléfono con Roberto Mansur, el dueño del Córdova, y como a las 7 pm me uniformé. Pero con los Diablos Rojos.

 -¿Cuál es su recuerdo más antiguo en el beisbol?

-Pitcheando, en Casalta. En un juego de categoría infantil ponché a 13. Y en junior, una vez ponché a 26 en un juego.

-¿Cómo llegó el beisbol a su vida?

-Por mis hermanos. Todos jugaban, aunque yo fui el único que se metió en esto. Éramos buenos.

-¿Y alguno era mejor que usted?

-Mi hermano Harry practicaba todo el tiempo. Dicen que Otto era mejor que yo. Pompeyo Davalillo lo decía. Era pitcher y buen bateador. Pero todos se graduaron e hicieron sus carreras.

-¿Nunca pensó en hacer lo mismo que ellos?

-Claro. Yo presenté mi examen de admisión en el Pedagógico y pasé. Iba a estudiar Educación Física.

-¿No practicó otros deportes?

-Atletismo, en el liceo. Corrí 10’8 en los 100 metros planos, sin entrenamiento, a los 16 años de edad. Horacio Estévez quería que me dedicara a eso.

-¿Quién lo descubrió como pelotero?

-Pompeyo siempre me tuvo en la mira. Y también el mejor periodista de beisbol que ha habido, Rodolfo José Mauriello. Se emocionó mucho cuando firmé con el Magallanes. Era buscador de talento del equipo.

-Pero si Pompeyo estaba al tanto, ¿cómo dejó que firmara con Magallanes?

-Porque los señores Alberto Raidi y José Ettedgui me invitaron a practicar, y yo viajaba a Valencia, a ver los juegos. Ellos me adoptaron. Cuando Saturnino Escalera me firmó para los Mets, llamó a Pedro Padrón Panza para decirle que le tenía al zurdo que estaba buscando. Entonces, Padrón le dijo al Magallanes que me entregaría si le daban a cambio a Víctor Colina. Yo no había firmado con La Guaira, pero los Mets le habían dado la opción a Padrón Panza y la gerencia del Magallanes por entonces era muy sana, no tenía la malicia de Padrón.

-¿Usted siempre fue magallanero?

-No, caraquista. Fanático de Víctor Davalillo y César Tovar. Pelotero de mi época, zurdo, que hubiera visto a Davalillo, tenía que ser caraquista. Y Pompeyo vivía en Propatria, nos daba prácticas en los Criollitos cuando terminaba el beisbol profesional. Pompeyo era candela. No se cansaba. Todo el mundo quería que lo entrenara él. Como premio, traía a su hermano Vitico y a otros jugadores del Caracas.

-Pero entonces, ¿por qué firmó con el Magallanes y no con Caracas? ¡Si  además de todo era caraquista!

-El “Loco” Torres, que en paz descanse, me llevó donde Oscar Prieto padre. No me quiso firmar. El “Negro” le dijo al “Loco” que ya tenía muchos zurdos.

-Así que firmó con Magallanes y dejó de ser caraquista.

-Uno cambia cuando firma. Me encantaba jugar en el Universitario. Desde el rightfield veía el aviso de la Savoy encendido y tenía el Ávila al fondo. Ahora vivo en Valencia, pero que me perdonen los valencianos: un Caracas-Magallanes en el Universitario es la gloria. Me encantaba jugar los domingos allá, porque los periodistas bajaban al terreno con sus libretas. Hablabas con Cristóbal Guerra y podías salir en El Nacional. Antes, salir en los periódicos era muy difícil. No era como ahora. Por eso, yo jugaba con más fuerza los domingos, para salir el lunes en la Pantalla. Jugar en Caracas era como hacerlo en el Yankee Stadium.

-¿Puede escoger un recuerdo con su mejor momento en el campo? Uno solo.

-Cuando rompí el récord de hits de la Liga de Carolina, en clase A. Eso fue un logro. Claro, como no fue en las grandes ligas, no se le da tanta importancia, pero fueron 208 hits en 138 juegos, en 1977. Si no, pueden ser los outs que saqué en la Serie del Caribe, en Puerto Rico. Todo el mundo habla del jonrón de Mitchell Paige para ganarle a República Dominicana, pero si yo no saco a esos dos corredores en el home, no hay sexto juego. Eso está allí. Aunque yo, si bien soy muy hablador, no soy bocón. No voy a estar repitiendo lo que hice, todo el tiempo.

-¿Y fuera del diamante, siendo pelotero? ¿Con qué se queda?

-Llegar en el autobús del Magallanes. Eso era increíble. Muchas veces, cuando ganábamos, nos seguían en caravana 10 o 15 carros, hasta Hoyo de La Puerta. Nos perseguían las fanáticas, la gente nos tocaba corneta, nos buscaban donde nos parábamos a comer. Hoy, si te hacen eso, temes que te van a robar.

-Entre las cosas tristes, ¿qué fue lo peor?

-Me faltaron 26 hits para los 1.000 en Venezuela. En México sí los di. Cuando los Petroleros me dejaron libre, en 1993, le pedí un chance con el Magallanes a Alfredo Guadarrama. Me dijo que tenía un pelotero joven, Cheo Malavé, y que lo debían poner a jugar. Le dije a Oscarcito Prieto y me respondió que en el Caracas estaban full. Hasta allí llegué. No era una obsesión, pero me hubiera gustado dar los 1.000. Carlitos González decía que yo era el mejor primer bate del Caribe, porque tomé cuatrocientos y pico boletos. Sí, yo tomaba pitcheos. No voy a criticar a Bob Abreu, pero si él no hubiera cogido tantos pitcheos, habría impulsado 1.800 o 1.900 carreras en las grandes ligas.

-Y también hubiera fallado más veces. Y habría tenido menos average de bateo, en consecuencia. Lo mismo usted.

-Bueno, son cosas que analizo. Pero como yo me sentía tan confiado, aguantaba un strike casi siempre. Entre boletos y hits, estaba en base dos veces o dos veces y media de cada cinco.

-Tantos hits y sólo un jonrón, eso es curioso.

-Mi sobrino, en diciembre, estaba viendo la película Papita, maní, tostón y de pronto sale mi nombre. Giosi Palmisano me dio el regalo de traerse a los artistas como invitados a un juego del Magallanes en Valencia, a finales de la temporada. Es que Palmisano es un fenómeno.

-¿Cuándo dejó de ser lanzador?

-En 1974. En mi primer año, en la rookie, tuve récord de 3-1, bateé .320 y en un juego le metí dos ponches a Eddie Murray. Él llegó luego al Salón de la Fama. Yo sigo siendo un rookie.

-¿Qué le faltó para llegar a las grandes ligas, siendo tan buen bateador? Y zurdo, además.

-Los Mets me dejaron libre y me firmaron los Piratas. Ellos tenían a Omar Moreno, Miguel Diloné, Mike Easler, Don Robinson. Aunque en realidad no sé qué pasó. Los Piratas estaban en el tope, en los años 70. Algunos dicen que tomé mucho peso. Yo creo que no. Siempre corrí y bateaba triples. No sé.

-¿Guarda muchos recuerdos, sus viejos uniformes?

-Tengo pelotas, bates, de todo. Pero uniformes no. Y eso que ahora tengo una fábrica de uniformes. Jamás me robé ni pedí uno de mis uniformes. Ahora me hago el que yo quiera.

-¿Cuál es el que objeto que guarda con más cariño?

-La condecoración que me dio Luis Herrera, la Orden al Trabajo en su tercera clase. Mi papá me decía: “Trabajé cincuenta y pico de años y nada. Y tú, a los veinte y tantos, ya te la dieron”. Eso fue en 1980. El que va a mi casa ve los trofeos, los reconocimientos. Pero cuando me dieron esa condecoración, me emocionó mucho. Siempre me ponía el pin. Por entonces todavía tenía el pelo negro.

-¿Cómo tomó su cambio a los Tigres?

-Aquí en Venezuela los cambios se daban por bronca. Magallanes tuvo muchos planes en ese tiempo, uno tras otro, y nada salió. Me agarró por sorpresa, totalmente.. Me fue muy bien en Maracay, pero jugar con Magallanes fue lo mejor que me pasó y me hubiera gustado pasar ahí toda mi carrera.

-¿Cuál fue el pitcher más difícil para batearle?

-Luis Leal. Luis Mercedes Sánchez tiraba a 94 millas por hora, pero yo le bateaba. Luis Aponte era una sopita. Y Luis Peñalver. A Peñalver siempre lo vacilo con eso. Bateo es relax, concentración. A Greg Maddux le di como cinco hits, cuando vino con las Águilas. Pero sí, el más difícil fue Leal.

-¿Echa de menos jugar pelota?

-Claro. La última vez que fui a Caracas, el juego fue a mediodía. No hay nada como jugar beisbol de día. Eso era para guapos. Algunos tenían problemas con la tensión, los trainers debían ponerles a oler amoníaco. Para mí, eso era lo máximo: el estadio full, un domingo en Caracas o Maracaibo, con el olor a los pinchos “de gatos”, los vendedores de naranjas. Y ese sol.

-¿Va a menudo al Salón de la Fama, a ver su estatuilla allí, con amigos o familiares?

-No, no lo hago. Pero voy cada vez que hay una nueva exaltación de peloteros, y me veo joven, con la melenita. Es agradable. A lo mejor, cuando tenga más edad, pediré que me lleven. Ahora no me da tanta nota. Sé que estoy allí, que la gente me reconoce y ya.

-Gago, usted no es gago. ¿Por qué le dicen así?

-Eso es ahora. Antes sí lo era. Y siempre fui el que hablaba más. Por eso me buscaban los periodistas. Aunque era gago.