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Neymar, camiseta blaugrana y palabras en catalán

Neymar posa con la camiseta del Barca en su presentación oficial / AFP

Neymar posa con la camiseta del Barca en su presentación oficial / AFP

El joven se presentó en el estadio Camp Nou e hizo delirar a la afición, normalmente discreta. Llegó con su tumbao reggatonero, pero admitiendo que, por ahora, será súbdito incondicional de Lionel Messi

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La reputada diplomacia brasileña entró en juego. El Palacio de Itamaraty actúa detrás de cada gesto amable de la gente de su país, y Barcelona ya probó de esa bebida.

"Vengo a colaborar. El mejor jugador del mundo está aquí y es Messi". Vaya, palabras elegantes del Neymar recién llegado, del Neymar que ha costado 57 millones de euros, del muchacho de 21 años de edad a quien le urge justifi car lo pagado por él. El Neymar que se dirigió a la multitud en un catalán trabajado detrás de los vestuarios, aquel día de la presentación, el lunes de esta semana.

¿Quién querrá perderse el show de sortilegios que encenderán ellos dos? ¿Cómo será de encantador estar en la grada del estadio Camp Nou para ver inventar sobre lo inventado, improvisar sobre lo improvisado a los astros de la bola? 60.000 anhelantes barceloneses fueron al campo para verlo, para que se sintiera acompañado y no estuviera perdut en la ciutat. Porque es fácil perderse en Barcelona, es divino dejarse llevar por las sirenas que cantan a orillas del Mediterráneo. Es hermoso caminar por la rambla Canaletas y ser seducido por el aroma de las fl ores, y enmarañar la vida con los encantos del Paseo de Gracia.

Cuidado, Neymar, cuidado.

En el equipo blaugrana no todo es luz. Hay sombras de acecho, y a Neymar se lo han dicho.

Una cosa son los días de rosas que el joven vive hoy, y otra, las oscuridades en el camino que conduce a los vestuarios. Iluminación de bombillos hay, pero no se sabe lo que pasa allá adentro, en las profundidades del alma de los desplazados. En una época el brasileño Didí llegó al Real Madrid, bendito tiempo de Alfredo Di Stéfano, y ya sospechamos, o sabemos, lo que pasó: no hay pelota para ti, suramericano invasor, no hay solidaridad, y arréglatelas como puedas. Didí regresó a Río de Janeiro, y atrás quedó la amargura de su decepción.

Claro que temps ést temp, como se dice en Cataluña, y muchas cosas van quedando en los pasadizos del olvido. Empero, el carioca Renato Prado, leído crítico de fútbol, ha advertido sobre los peligros acechantes por las actitudes celosas de algunos compañeros. "Nunca me ha preocupado ser el mejor jugador", abundó en sus palabras el hombre que el Santos dejó ir detrás de las lágrimas de la gente, y que, con pasos medidos y en puntillas, y por si acaso, le anduvo adelante a las maledicencias en la ciudad de los condes.

Pasos y bailes. Detrás de Neymar andaba una jauría de cazadores de recompensas. Sus perros olían por todo el estado de Sao Paulo el aroma del jugador hecho para grandes empresas, y en escenas de repetición parecidas a las de Blind Side (película de Michael Oher, jugador de fútbol americano), traspasaban las puertas de las oficinas santistas en procura de aquella firma anhelada. Al atacante le gustó el Barsa porque había comprometido su palabra y la de su padre, quien lo representa, en conversaciones iniciales.

Desde entonces Neymar ha tenido que cambiar. Sigue siendo el joven reggatonero de la época en la que le ha tocado vivir, pero todas las "locuras" de Brasil, corte mohicano, un día rubio y un día negro, y los bailecitos sambistas después de cada gol en el estadio Beira Rio de Santos, pueden a caer muy mal en el Camp Nou. Los catalanes, gente adusta, circunspecta y de cierta forma conservadora, sienten apego por algunos códigos no escritos, y el brasileño, a quien aún no le han asignado el número de su camiseta, tendrá que cuidarse de sus pequeñas locuras.

¿Triunfará Neymar en Barcelona, será un apoyo fundamental su ataque para Lionel Messi y Andrés Iniesta? El fútbol hablará por el jugador que los brasileños adoran y que no se resignan a haberlo perdido.