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La NFL como consuelo y como festejo en Detroit

El Emergente

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 Las derrotas de los Tigres parecen borrarse del panorama dominical cuando juegan los Leones de Detroit

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El olor a salchichas era una nota disonante en el frío de la helada mañana.

 

Un grupo de personas frente a una enorme parrillera asaba carne y embutidos entre risas, en plena calle.

 

Poco a poco, conforme íbamos avanzando por el centro de Detroit, fueron apareciendo cada vez más y mas jóvenes, niños y adultos que, enfundados en camisetas y chaquetas color azul celeste, parecían haberse adueñado del lugar, transformándolo en un parque de concreto, en un inesperado camping urbano.

 

Frente a cada estacionamiento al aire libre, que abundan por aquí, un hombre ondeaba una bandera anaranjada , alertando a los conductores sobre el lugar ideal para parquear.

 

Bandadas de muchachitos correteaban en los solares, arrojando o intentando capturar el marrón balón ovalado que distingue el nuevo deporte rey de los Estados Unidos: el fútbol americano.

 

Los Leones de Detroit se preparaban para jugar.

 

Hemos visitado varias veces esta metrópolis. Lo hemos hecho en ocasión de juegos de estrellas, de temporada regular y de Serie Mundial. Con los Tigres en plena lucha por la corona o francamente eliminados. Jamás habíamos presenciado el fervor, la fiesta que ocurre antes de un partido de fútbol americano en esta localidad.

 

Es un espectáculo que se repite allá donde se dispute un duelo de la NFL, la liga profesional de este deporte, o del circuito universitario, la NCAA.

 

Miles de aficionados prácticamente acampan en las cercanías del estadio, para hacer parrilladas y matar el tiempo con familiares o amigos.

 

Riadas de fanáticos recorrían las calles para rodear el Ford Field, el descomunal escenario techado donde se disputa aquí la NFL. Queda vecino al Comerica Park, separados ambos por la calle Brush.

 

El choque de los Leones con los Halcones Marinos de Seattle copó la atención de Detroit, como un consuelo por las primeras tres derrotas en el clásico de octubre.

 

Parecía como si todos hubieran olvidado que por la noche, horas después, tocaba disputar el cuarto choque de la Serie Mundial.

 

Errada impresión.

 

Centenares de aficionados caminaban hacia el Ford Field con camisetas celestes, sí, pero también con gorras color azul oscuro, con la vieja D de los Tigres y la silenciosa esperanza de no sólo ganarle a Seattle, sino también de iniciar una histórica barrida sobre los Gigantes de San Francisco para cerrar la jornada dominical.