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“Morochito” Rodríguez: de vendedor de pescado a medallista

El ex púgil Francisco Rodríguez cuenta que acudió a los combates de 1967 y 1968 en franela, alpargatas y con el único short que tenía

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Apenas el réferi polaco Boleslaw Idziak levantó la mano izquierda de Francisco “Morochito” Rodríguez para declararlo ganador por decisión unánime ante el surcoreano Ji Yung Ju, en la última pelea por el peso mosca júnior de los Juegos Olímpicos México 1968, los venezolanos se volcaron a las calles para celebrar la primera hazaña de un deportista criollo en un evento tan importante.

Y no era para menos, aquella recordada tarde del 26 de octubre de 1968, “Morochito” se convirtió en el primer atleta venezolano en alcanzar una medalla de oro en unos Juegos Olímpicos, en una disciplina que hasta los momentos ha cosechado cuatro preseas en la cita deportiva.

Rodríguez, nacido el 20 de septiembre de 1945 en un humilde hogar de la avenida Perimetral de Cumaná, estado Sucre, es el segundo de 14 hermanos y su apodo se debe a que tiene una hermana gemela llamada Alida.

Nos recibió cordialmente en su apartamento de Casalta 1, al oeste de Caracas, donde muy orgulloso vistió una franela azul con insignias grabadas sobre su participación en los Juegos de México. Señaló las numerosas placas colgadas en la pared, los trofeos conseguidos durante su carrera como boxeador y la réplica de la medalla de oro lograda en el evento deportivo, debido a que la original se encuentra en la sede del Instituto Nacional del Deporte.

A los 70 años de edad, relató con emoción que su carrera como boxeador se la debe a Ely Montes, entrenador que también preparó a campeones mundiales como Pedro y Antonio Gómez, Cruz Marcano y Antonio Esparragoza, entre otros.

“Antes de asistir a los Juegos Olímpicos me seleccionaron para representar a Venezuela en los Juegos Panamericanos de Winnipeg, Canadá, en 1967. Allí gané la única medalla de oro en la categoría mosca. Esa victoria no me la esperaba debido a que no estaba bien preparado, pero gracias a Dios todo salió bien y comenzaron los entrenamientos para buscar el pase a los Juegos Olímpicos”, dijo el cumanés, que recordó que para ese compromiso asistió con el único short que tenía.

“Cuando entrenaba para asistir a México, Montes me dijo que para ese compromiso la cosa era diferente y me tenía que preparar mejor, ya que pelaría con boxeadores de todo el mundo”, afirmó el púgil, que no está de acuerdo con la participación de boxeadores profesionales en los Juegos Olímpicos.

“Imagínate que la campeona Mayerlin la “Monita” Rivas, se enfrentara con un amateur que esté comenzando y pierda por nocaut en el primer asalto. ¿Cómo quedaría? Sin duda que haría el ridículo. No sé cuándo y quién aprobó esa medida, pero me parece errada ya que esas competiciones son para los amateur”, dijo.

“El boxeo actual no es igual que el de antes”, apuntó. “Cuando fui a los Panamericanos llegué en alpargatas, franela y un short morado y para los Juegos Olímpicos me dieron un short con la insignia del Distrito Federal siendo de Cumaná. Como iba a representar a Venezuela no tuve problemas en ponérmelos. A los boxeadores de ahora le dan de todo. Buena ropa, zapatos pantalones de marca y uniformes”.

 

La medalla

 “Morochito”, que se dedicaba a la venta de pescado en las calles, comenzó a boxear a los 20 años de edad y su primera experiencia fue en los Juegos Deportivos Nacionales realizados en Cumaná.

Al finalizar lo seleccionaron para integrar el equipo que representaría a Venezuela en los Panamericanos de 1967.

Ya en México para los olímpicos, le tocó pelear en su primer combate con el cubano Rafael Carbonel, al que derrotó por decisión: “Era un peleador de baja estatura pero bastante fuerte y al que afortunadamente pude derrotar”.

En su segunda pelea también salió airoso contra Masataka Karunatatne, representante de Sri Lanka, para llegar al estadounidense Harlan Marbley.

Con el bronce asegurado le tocó definir la medalla de oro con el surcoreano Ji Yung Ju. “Este último fue el más fuerte de todos, no se cansaba y parecía que me lo cambiaban en casa asalto, pero al final lo derroté”, acotó.

Recuerda, ente risas, que la noche antes de la pelea por el oro en México, se sentía sediento y decidió tomarse una jarra de jugo de naranja que le hizo aumentar de peso y puso en riesgo su participación en la pelea.

Al poco rato recordó que tenía una prótesis en la boca. Al quitársela consiguió hacer el peso reglamentario de 48 kilos y competir por la hazaña.

 

El recibimiento

 “A mi llegada a Venezuela el piloto del avión que nos trajo desde México me invitó a pasar a la cabina cuando comenzó el aterrizaje y me preguntó: ¿sabes lo que hacen todas esas personas que se encuentran en el aeropuerto? Luego de mi negativa me dijo, bueno te están esperando para darte la bienvenida y celebrar tu llegada. Fue una emoción muy grande. En Cumaná fue peor, el aeropuerto es más pequeño y parecía que había más gente. Cuando me bajé tuve que salir corriendo para evitar que se metieran a la pista”, recordó.

Ya en decadencia, en 1972 respondió a la solicitud del Comité Olímpico Venezolano y del IND para pelear en los Juegos Olímpicos de Munich. “Me noquearon en la primera ronda y decidí no pelear más”, dijo.

Rodríguez, que tiene que hacer largas colas para adquirir los alimentos para su familia, trabajó durante 32 años como entrenador y está pensionado por el IND.

Comparte su residencia de Casalta con Cumaná: “Durante las vacaciones acostumbramos viajar a Sucre. La última vez que fui me enfermé, pero gracias a Dios ya me recuperé y me siento como un toro. Allá vamos caminando a la playa, aquí en Caracas para poder disfrutar de la playa hay que bajar a La Guaira. En las vacaciones soy un turista en mi ciudad natal”.