• Caracas (Venezuela)

Deportes

Al instante

Marisela Díaz: ¡Estoy viva!

La atleta Marisela Díaz | Samuel Hurtado

La atleta Marisela Díaz | Samuel Hurtado

Díaz incorporó el atletismo a su vida como un camino de realización personal. Correr para ella no es un simple acto mecánico, ni siquiera una dura enfermedad la ha logrado vencer

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La mamá sabía, antes que cualquier entrenador de atletismo, que su hija era veloz. Se lo había demostrado cuando la mandaba a comprar carne a la bodega y le constaba, sin necesidad de cronómetro, que tardaba menos en volver que cualquiera de sus otros hijos, incluidos los varones.

Los maestros del colegio José de Jesús Arocha, de Petare, también sabían que, aparte de rápida, era una líder natural: en el “Juego de la Ere” ella siempre exigía ser la primera perseguidora.

Lo supieron y comprobaron después en el laboratorio de Biomecánica del Brígido Iriarte. Esa muchachita espigada, de ojos enormes, estaba preparada para correr tan ligero como una gacela en pruebas de 400 metros planos y era resistente como un buey para aguantar los 42 kilómetros de un maratón.

Era 1979, Marisela Díaz tenía 24 años de edad y era madre primeriza. Llegaba de forma tardía al atletismo. Doce meses después, en 1980, rompía con el canon que dice que sólo quien ha entrenado precozmente puede aspirar a ser un campeón. Ese año ganaba el maratón de Caracas, con un récord nacional de 2 horas 52 minutos.

El “diseño” de la corredora era obra del profesor rumano Mihail Zissú, que con buen ojo llevó a Díaz desde la casita del barrio Las Brisas de Petare, donde ella vivía, hasta los asfaltados y las pistas de tartán en los que derrotó a hombres y mujeres en distancias disímiles de 800, 1.500, 3.000, 5.000 y 10.000 metros planos.

En la misma línea del tiempo, en 1981 y sin terminar de sacudirse el aura de novata, cosechó tres medallas de oro en los Juegos Deportivos Bolivarianos, se convirtió en atleta del año en Venezuela y ganó el premio Ymca.

Luego vinieron ocho maratones de Nueva York, otros en Noruega, Cuba, Chile, Puerto Rico y Japón, más una infinitud de carreras a lo largo y ancho del país que la convirtieron en una plusmarquista. De todo eso queda constancia en una esquina de su casa en la urbanización Buena Vista, al este de Caracas.

“Heredé las condiciones de mi papá. Él recibió una alimentación fundamental, nada parecido a los muchachos de ahora, que comen chucherías o pasan todo el día con una empanada o un cachito”, dice Díaz. De acuerdo con la familia, odia los refrescos y come sin sal.

Bajo la tutela de Zissú el entrenamiento fue duro. Tenía novio, pero no permitió que los sentimientos la distrajeran de la actividad deportiva.

En la década de los noventa se dedicó a la docencia deportiva. Fue profesora en varias instituciones públicas y privadas hasta jubilarse en 2008. Desde ese año hizo del Parque del Este (hoy Parque Miranda) su refugió zen, donde se dedicó a entrenar a aficionados a las carreras, hombres y mujeres sin límite de edad.

La carrera más larga

Pero en 2010 Marisela Díaz tuvo que parar. En octubre se le diagnosticó cáncer de ovarios y le hicieron una histerectomía.

La “nación” de corredores en que se ha convertido Venezuela se movilizó para recoger fondos para el tratamiento. Lo recaudado, más la fortaleza anímica, la tienen de vuelta al parque de sus amores.

Volvió a sacar el mono, la chaqueta y los zapatos deportivos del clóset con la certeza de que la carrera contra la enfermedad la va a ganar.

Tiene una escudera. Es casi invisible, pero no la desampara. Se llama Elvia Tavera de Castellanos, una señora que fue el ángel que no dejó de llevarle a la cama paticas de pollo para mantenerle altas las defensas. Y tan altas las tiene que ahora a todo le pone la palabra súper. “Me siento superbien, supercontenta. ¡Estoy viva!”, exclama.

Miedo y voluntad

–¿Cuál fue su reacción al conocer el diagnóstico de cáncer?

–No lo creía, me dije “no puede ser”, tenía mucho miedo. El médico me examinó y vio que mi cuerpo era pura fibra y me dijo: “Tienes una buena capacidad para resistir todo lo que te voy a hacer, te doy 82% de esperanza de vida”. Cuando me dijo eso me puse una corona en la cabeza que decía: “Marisela, tú puedes”. Tuve tres recaídas, pero el médico me decía que eso era normal. Me colocaron un aparato y he seguido las recomendaciones.

–¿Qué opina del apoyo de compañeros y amigos para recoger fondos y darle ánimo?

–La gente es como mi familia. Estaban conmigo y no me dejaron sola nunca. Ni en el parque, ni en la casa ni en la clínica. Eso me ayudó a salir de este trance tan difícil.

–¿Cuándo se ve trotando de nuevo?

–Tengo que terminar la fase actual de tratamiento. Luego debo hacer gimnasia y pesas, porque la masa muscular la perdí. Pero es un aprendizaje de vida.

–¿Cuál es el mensaje que le deja esta experiencia?

–El mensaje es que hay que tener muy buena salud y para eso está el deporte. Mejor desde niño, en el colegio. Hay que comer bien, hay que salir de casa, hay que inventarse un horario para ejercitarse, sólo así se podrá mantener la vida por mucho tiempo.