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Limardo sopla las velas

Rubén Limardo espera volver a estar entre los mejores del mundo y ganar otro oro | FOTO WILLIAM DUMONT

Rubén Limardo espera volver a estar entre los mejores del mundo y ganar otro oro | FOTO WILLIAM DUMONT

El campeón olímpico de Londres 2012 sigue trabajando en su rehabilitación y busca apoyo para su fundación

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Rubén Limardo cumple hoy 29 años de edad. Seguramente tendrá una celebración más modesta que la de hace dos años, cuando estaba en la mira del país entero por haber ganado la medalla de oro olímpica apenas dos días antes. Los últimos meses no han sido fáciles. Debió lidiar con el paludismo y sus consecuencias, además de una operación en la rodilla derecha y el descenso hasta el puesto 44 del ranking mundial. Sin embargo, el esgrimista bolivarense siente que hay motivos para festejar.

Sus razones son simples. En principio, todavía celebra su momento de gloria en Londres. El rostro se le ilumina cuando tiene la medalla en sus manos. Aun la ve con extrañeza, terminando de creer que le pertenezca. Confiesa que dejó de verla por un año y que sintió nostalgia. También festeja porque está en franca recuperación física. Tanto, que hoy volverá a hacer movimientos de esgrima y afinará la puntería por primera vez en meses. Ya no es el número 1 del mundo y deberá ganarse la clasificación a Río de Janeiro 2016 como cualquier otro, pero eso no lo detiene. Tampoco parece inquietarlo. Lo asume con serenidad, como si tuviera un plan infalible para regresar al tope.

“Todo lo que me ha pasado este año me dejó un aprendizaje. A lo mejor necesitaba un descanso y salirme del deporte un tiempo. No me quejo, veo lo positivo. Con esas cosas hay que manejarse muy bien sicológicamente”, asegura. “Tengo el deseo y las ganas de seguir compitiendo, tengo mucho más que dar. Creo que me quedan dos juegos olímpicos más. Mientras esté sano seguiré. Voy a buscar otro oro olímpico”.

Aquella jornada en el complejo deportivo ExCel londinense sigue viva. No porque el esgrimista se haya quedado anclado en ese momento, sino porque con los recuerdos revive una marejada de emociones, las que lo embargaron el día que corrió por la pedana con la bandera venezolana en las manos.

“Cuando recuerdo ese día en lo primero que pienso es en mi mamá”, dice con una sonrisa triste. “En el esfuerzo que hicimos. Veo los videos y me emociono, es como si volviera vivir ese día. Es raro porque hay una mezcla de sentimientos. Hay emoción pero también mucha tristeza porque mi mamá debió estar ahí”.


El futuro. El logro lo llevó a la fama y lo instaló en la cima del Olimpo deportivo nacional. Le ganó el respeto de sus rivales y le dio poder para llevar su carrera en sus propios términos. Pese a todo, a veces siente que el oro le ha robado algunas cosas.

“Ganar esa medalla me ha facilitado apoyo, pero también me ha traído envidia y gente que quiere poner trabas en mi camino”, asegura. “Me ha quitado tiempo con mi familia y mis amigos. Con ella asumí una gran responsabilidad. Y no fue suerte. Fue el producto de 20 años de trabajo. Si me ha dejado un legado ha sido seguir trabajando y ponerme las pilas, porque la federación no siempre trabaja de la manera más organizada”.

Limardo regresará a Polonia en septiembre. Allá intentará cumplir su sueño de estudiar otra carrera –es profesor de educación física y quiere ser maestro de esgrima- y se someterá a una revisión médica. Si todo sale bien, regresará a las competencias entre octubre y noviembre para la Copa del Mundo de Estonia. Mientras tanto, sus energías están puestas en recaudar fondos para su fundación.

“Busco el desarrollo educativo y deportivo de jóvenes esgrimistas”, explica. “Es un proyecto a largo plazo, para garantizar una generación de relevo que dé frutos en 2024 o 2028. Mi fundación no es como la de algunos peloteros, que buscan pagar menos impuestos y ya. Busco patrocinio para niños que son humildes y que suben su nivel cultural y cambian su visión del mundo cuando salen con nosotros. También hacemos labor social y entregamos juguetes o damos clínicas deportivas”.


Preocupación
Limardo está preocupado por la generación que seguirá sus pasos. Quiere darle un voto de confianza a la gestión de la ex esgrimista y ahora presidenta de Fevesgrima Mariana González, pero no le gusta lo que ve. “No hay desarrollo, planificación ni organización”, dice tajantemente. “No hay un trabajo adecuado en categorías menores. Es una federación nueva, que mostrará su trabajo a futuro y con categorías menores. Hay que darle tiempo, pero ahora parecen estar concentrados en la categoría adulta. Nuestro proyecto y nuestra preparación la manejamos directamente con el ministerio, no con la federación”.