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Leonardo Benítez logró dos orejas simbólicas

El torero caraqueño fue el mejor en la jornada de la Feria del Sol realizada en Mérida. La quinta cerró con seis orejas y un indulto

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Como tarde redonda puede catalogarse la vivida en la ciudad de Mérida durante la quinta corrida de abono del Carnaval Taurino de América 2013 en el marco de la XLIV Feria Internacional del Sol.

Por mandato de la Providencia tanto las condiciones ambientales como las concernientes al espectáculo en sí confluyeron en perfecta armonía para propiciar el desarrollo de un atractivo festejo donde todos los alternantes lograron tocar pelo en medio de un coso lleno a reventar. Al final fueron Leonardo Benítez y Alejandro Talavante quienes salieron en volandas gracias a los triunfos cosechados.

En tarde soleada, después de días fríos y lluviosos, se lidiaron seis toros de la ganadería nacional “Rancho Grande” y “El Prado”, propiedad de Hugo Domingo Molina.

Leonardo Benítez, director de lidia, salió desde el principio a guerrear y dar la pelea. Al primero de nombre “Arrocero” propinó más de una decena de series por ambos pitones, constatándose mejores embestidas por el izquierdo. Remató de un espadazo hasta la cinta y la autoridad concedió una sola oreja, con fuerte petición de la segunda que al no ser otorgada produjo el respectivo abucheo de la concurrencia. En segundo lugar debió medirse frente a “Lindo”, pero por aparentes problemas oculares en el cornúpeta prefirió taparse hasta que fuera cambiado por el primer sobrero. Así lo ordenó la presidencia y saltó a la arena “Valladares”, toro importante, bravo y noble, que desde su salida demostró codicia al engaño y que a la postre, a fuerza de ir y venir ante cada cite, logró el perdón de su vida. Dos orejas simbólicas.

El Fandi estuvo contrariado al inicio por cuanto el primero del lote, de nombre “Duque”, presentó un leve problema en una de sus patas traseras. Levantó al público en banderillas, como es habitual, pero con la muleta las escasas fuerzas del astado no dejaron ver más que intentos. Tras ejecutar limpiamente la suerte suprema se le premió con una oreja.

Alejandro Talavante no contó con suerte en el primero del lote, animal distraído, flojo y aplomado que siempre salía suelto del embarque. Al no haber nada en el oponente prefirió pasaportarlo rápidamente, mas los fallos con la tizona retardaron el final. Silencio. El último del día fue un mejor ejemplar, precioso jabonero sucio de nombre “Sureño”. A éste logró meterlo en la muleta a fuerza de temple y mando.