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Ken Griffey Jr. y Mike Piazza vivirán por siempre en Cooperstown

Ken Griffey Jr. y Mike Piazza | Google

Ken Griffey Jr. y Mike Piazza | Google

Ambos ex peloteros dirán hoy  sus discursos de inducción al Salón de la Fama del beisbol. Sus desiguales caminos confluirán para tener placas cercanas en el Olimpo

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El origen no es algo que le importe a la inmortalidad. Los héroes homéricos y todas las figuras legendarias que hoy son recordadas por siempre, tienden a proceder de cunas desiguales. Cada uno tiene una historia diferente, tanto como la de Ken Griffey Jr. y Mike Piazza, quienes a partir de hoy tendrán un lugar en Cooperstown, el Monte Olimpo del beisbol.

¿Quién iría a pensar que ambos serían inducidos juntos a la eternidad hoy a las 10:30 am? Sus caminos para llegar a los diamantes no tienen nada en común. Griffey siempre fue un predestinado. Hijo de Ken Griffey, miembro de los Rojos de Cincinnati de los 70, vivió la infancia rodeado de los mejores peloteros de la época. Imagínense al pequeño Junior escuchando las conversaciones que tenía su padre con Johnny Bench, Tany Pérez, Pete Rose y Joe Morgan. Vaya que su destino estuvo marcado desde muy temprano.

“El vio la manera como nosotros jugábamos, como hablábamos de defensa, nos vio salir al terreno todos los días y ver como jugábamos con cierto nivel de profesionalismo y grandeza”, le dijo a MLB.com Bench, quien tiene un nicho en Cooperstown desde 1989. “Él aprendió rápido cómo se tenía que jugar, porque lo asimiló cuando daba pasos de bebé”.

Junior nació para el juego. Se desarrolló y sorprendió a los scouts con las cinco herramientas necesarias para triunfar. Los Marineros de Seattle lo firmaron como la primera escogencia del draft de 1987. Ese reconocimiento nunca lo vivió Piazza que un año más tarde, fue elegido en la ronda 62 por los Dodgers de Los Ángeles casi como un favor de Tom Lasorda para su amigo Vince Piazza, el padre de Mike.

“Fui afortunado de que Tommy estuviera ahí para por lo menos ayudarme a abrir esa puerta”, comentó Piazza sentado en una conferencia de prensa hace una semana con Griffey, su antónimo de vida. Las Grandes Ligas conocieron al Junior con solo 19 años de edad. A pesar de lo prematuro, la promesa no se disolvió en el aire. En 1989, su primera temporada, conectó los primeros 16 jonrones de los 630 que pegó en su carrera de 22 años.. Las lesiones, que lo castigaron cuando se colocó el uniforme de los Rojos de Cincinnati, impidieron que los estacazos fueran
mucho más.

Pero eso es cosa del pasado. En el presente su placa estará cerca de Willie Mays, Hank Aaron, Roberto Clemente y otros grandes. “La mayoría de esos muchachos jugaron con mi papá”, contó Junior. “Tengo el teléfono de Willie pero aun así pienso: ŒOk, debo colocar Sr. Mays en mi lista de contactos¹”. Luego de una modesta pasantía en 1992 por las mayores, la historia de Piazza cambió en 1993. Fue un bisoño que conectó 35 cuadrangulares e impulsó 112 carreras con 24 años. Enseguida fue premiado como el Novato del Año de la temporada. Tras dejar a Los Ángeles pasó por los Marlins de Florida, hasta llegar en la segunda mitad de 1998 a los Mets de Nueva York, donde se convirtió en un icono.

Piazza largó 427 vuelacercas y dejó un average vitalicio de .308. Son números que lo alzan como uno de los receptores más ofensivos que ha existido en la historia del juego. Ya no importa si Griffey fue elegido a Cooperstown por el 99.3% de los votantes, el guarismo más cerca de la unanimidad que ha habido, o si Piazza recibió el 83%. Dejaron atrás las desemejanzas de caminos para confluir un día en el ingreso a la inmortalidad. Allí estará viéndolos Luis Aparicio Montiel, único venezolano en el Salón de la Fama, ingresar por el mítico portal.