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Jugar bien, ¿qué es jugar bien?

Uruaguay derrotó a Venezuela | El Nacional

Uruaguay derrotó a Venezuela | El Nacional

Los uruguayos vinieron a hacer lo que más saben, lo que el  oficio de tantas batallas les ha dejado como forma de defenderse

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Como en las  aventuras de los cuentos infantiles, los jugadores de Venezuela cayeron  engañados por los señuelos de Uruguay. Y como se les olvidó marcar el sendero  con piedras, como hicieron vivamente Hansel y Gretel, terminaron por perderse en  el bosque de los desatinos y el infortunio, en la maleza de los extravíos y  desencuentros,  para dejar ir, tal vez para no volver, la oportunidad de noquear  a la raza charrúa y limpiar el camino hacia la clasificación. Mucha gente ha  lamentado los sucesos de Puerto Ordaz porque “Venezuela jugó muy bien”. Y  entonces nosotros preguntamos, ¿qué es jugar bien? ¿Tocar la pelota en  territorio propio, con volumen de hombres, y después ir disminuyendo el caudal  hasta casi evaporarse en la medida que se avanza en territorio enemigo? Jugar  bien así tiene mucho de verdad, pero también de ilusión óptica. La gente, en su  inocencia, elevada por los vapores de su ilusión, se consuela diciendo que, no  obstante la amarga derrota, hubo toques y que la llamada “mala suerte” se  conjuró para no dejar pasar a la Vinotinto. Pero…

Los  uruguayos vinieron a hacer lo que más saben, lo que el  oficio de tantas batallas les ha dejado como forma de defenderse y como  heredad: buscar el botín por los atajos del partido, ganar con la economía del fútbol, y luego de llegar a la veta de oro “ensuciar” el juego, deslucir, poner  obstáculos, reventando balones porque en momentos así  la estética del fútbol  poco importa; todo para desvirtuar a unos ingenuos rivales que nunca descifraron  la maraña llegada del sur. Sí, Uruguay es antipático,

rocoso, especulativo,  rebelde, insurrecto, subversivo,  pero es que así es su tropezada, pero  eficiente carta de navegación. Con eso le basta para llegar al objetivo, y  pegando, andando en las fronteras de lo válido, en el propio límite de lo  permitido, consigue su premio. Sí, los uruguayos sí jugaron bien.  Venezuela no leyó el partido, nunca entendió que yendo por el centro, en busca  de los dos Diego, Godín y Lugano, podía encontrar el tesoro perdido: un penal,  una falta cerca del área, un gol. Una derrota que

duele, pero hay que admitir que  jamás hubo chance para revertirla. Las mejores y más claras oportunidades  siempre las tuvo, como desembocadura de su contragolpe, la celeste, porque  la Vinotinto  fue, por encima de todo, forcejeo, voluntad, ganas y derroche generoso de  entrega. Mas, eso pocas

veces alcanza, y en Puerto Ordaz, para culminar la noche  del eclipse, no alcanzó. Ahora queda una opción distante, asida al repechaje del  quinto lugar, porque Argentina, Colombia, Ecuador y Chile ya se fueron. Es una quimera, un sueño, pero hay sueños que ayudan a vivir…

 

Una  nota para Carl Herrera: nos hemos tomado la  libertad de escribirte, Carl, solo para decirte lo solidario que estamos contigo  en momentos cuando la dignidad humana tiene que alzar la voz. La  intolerancia,  tan de moda por estos tiempos, tiene que terminar, principalmente  si ésta viene disfrazada de racismo. Las escenas de Maracaibo dan pena, porque demuestran que  hay aún vestigios de primitivismo. Hay cosas que parecen olvidadas, enterradas bajo los escombros  de los viejos tiempos, pero que de vez en cuando se levantan  y hablan. Para mal, por supuesto, porque distinguir a los hombres

por el color  de la piel, parece un vestigio de una civilización prehistórica. No importa,  Carl, déjalos pasar. Lo que eres, y lo que has sido, está lejos de los que  alguna vez quisieron ofenderte. Nos vemos por ahí.