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Juan Fuenmayor: Ser futbolista es una profesión de riesgo

Juan Fuenmayor, capitán del Deportivo Anzoátegui / Williams Marrero

Juan Fuenmayor, capitán del Deportivo Anzoátegui / Williams Marrero

El capitán del Anzoátegui comenzó su carrera como jugador de fútbol sala, en donde también llegó a la selección

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Juan Fuenmayor no ha perdido su acento maracucho pese a tener ya tres temporadas viviendo en Puerto La Cruz, donde es el lateral izquierdo y capitán del líder del Apertura: el Anzoátegui, que hoy recibe a Yaracuyanos (7:30 pm) en un estadio en el que no pierde desde diciembre del año pasado. Hijo de una tierra en la que los regionalismos están bien marcados, el zurdo mantiene varias expresiones de la ciudad en la que nació hace 33 años y en la que comenzó a darle patadas a la pelota.

Pese a que varios recuerden su transformación de central a lateral izquierdo en el Unión Atlético Maracaibo, aquella no fue su primera metamorfosis. Antes de patear la grama, el zurdo probó suerte en la natación, baloncesto y atletismo, antes de decidirse por el fútbol de salón, a los nueve años.
Eran días en los que cruzaba el sector marabino de La Limpia en bicicleta hasta llegar al estadio. Ahí se ganó un puesto en Guerreros del Zulia y en la selección que no pudo defender la corona de fútbol sala de 1997 ya que cinco días antes de volar les cancelaron el viaje. En ese equipo era líbero.

Consciente de que una lesión podía echar al traste toda su carrera atendió el consejo de su padre, un profesor de economía, y de su madre, profesora también pero de la facultad de odontología, y sacó la licenciatura en Contaduría Pública en la Universidad Rafael Belloso Chapín. Luego debutó en el UAM, jugó Copa Libertadores, firmó con el Valerenga noruego y marcó a Messi en un partido antes de aterrizar en el Anzoátegui, el equipo más en forma del torneo Apertura.

-¿Qué tiene el Anzoátegui para que le vaya tan bien?
-Todo arranca por la continuidad, el cuerpo técnico tuvo un buen respaldo de la directiva en un tiempo en el que fue formando jóvenes. Ahora se tiene desde la categoría infantil Sub 8. La cantera está muy bien formada y ahí se ve Gelmin (Rivas, segundo en la tabla de goleadores) o Robert Hernández. Es algo muy importante que lo vivió Caracas y lo estamos viviendo nosotros ahora.

-En otras temporadas el equipo ha peleado hasta el final pero sin éxito. ¿Eso les ha dejado algún aprendizaje?
-Es que esto es de rachas, mira lo de Lara, el año pasado llegaba una vez y marcaba. A nosotros el año pasado no nos hacían goles pero no ganábamos, ahora permitimos más goles pero ganamos.

-Usted estuvo en el Maracaibo que desapareció luego que el alcalde que sostenía al equipo perdió la elección. ¿Este Anzoátegui corre el mismo riesgo?
-El plan B estaba desde hace rato y eso lo deja a uno tranquilo, el saber de antemano qué si esto pasaba cuál podía ser la salida. El cuerpo técnico, la directiva y el mismo Tarek (William Saab, el gobernador) nos han dicho los planes y la gente nueva que pudiera tomar mando del equipo. Eso te deja tranquilo, porque sabes que esto no muere aquí.

-Ese riesgo de depender de una elección, debe ser una preocupación grande
-En el fútbol pueden pasar muchas cosas, extra futbolísticas o políticas y que te afectan. Lo vive la gente del Lara ahora. Creo que el fútbol se debería manejar de otra manera, aunque eso también pasa por la cultura del dirigente venezolano que todavía no ve esto como un negocio si no como un hobby y no ve que se le puede sacar mucho provecho a los jugadores jóvenes, que hay tantos y que se pueden vender.

-Si fuera gerente de un equipo, de cualquiera menos Anzoátegui para no crearle problemas, pero ¿qué decisiones tomaría?
-Todo tiene un equilibrio, siempre tienes la necesidad de vender jugadores para hacer caja chica pero debes tener balance porque no puedes vender todo lo que produces porque se cae en el abandono.

-Muchos niños tienen el sueño de ser futbolista. ¿Qué les dice, es grato ser jugador de fútbol?
-Lo que pasa es que no todos viven las mismas experiencias, lo recomiendo porque he vivido cosas muy buenas pero hablo por mí. Tuve chance de terminar mi carrera, de ir a Europa, a la selección y enfrentar a jugadores que hoy son lo mejores y eso no lo cambio por nada. Pero hay otra cara en la moneda, muchachos que están en equipos que no les pagan, que pasan necesidades, que a veces dejan muchas cosas por ser jugadores y el fútbol no se los retribuye. Es una profesión de riesgo pero ahí entra la pasión, si es lo que quieres, el que quiere y desea las cosas las puede hacer. Les recomiendo que terminen sus estudios.

-¿Por qué el venezolano aún no se ve a la par de un jugador uruguayo o chileno, si las selecciones si se han emparejado?
-Hay muchas perspectivas, a lo mejor la mentalidad, la idiosincrasia son distintas. Se han perdido demasiados talentos por la vida nocturna, por las novias. ¿Qué le falta al jugador venezolano? Le falta es ir al Mundial, que es lo que tienen los demás. Eso daría un mensaje a toda la sociedad, no sólo al futbolista si no a los venezolanos.

-¿Cuando comenzó a jugar fútbol lo veía como una profesión?
-Fue el momento en el que todo estaba dando un cambio. Ni yo mismo lo veía como una profesión. Incluso cuando estaba jugando Libertadores decía: “Sí, esto me gusta”. Pero cuando me llamó Richard (Páez) a la selección fue que dije que sí iba en serio. Ya ahora se ve distinto, antes decías que eras futbolista y te decían “ah sí, juegas y tal”, ahora no, ahora se ve de otra manera.

-¿A qué edad comenzó a jugar seriamente al fútbol?
-A los 23 años. Lo que pasa es que venía del fútbol de salón y por eso empecé tarde. No creo en las casualidades, estaba en la selección de Venezuela que iba a defender el título en el Mundial en 2000 y faltando cinco días dijeron que no había viaje. En esos días estaba saliendo el proyecto del Maracaibo y Alfredo Domínguez me dijo que probara. Por eso arranqué tarde pero en año y medio, gracias a Dios, estaba jugando Libertadores.

-¿De esa etapa, queda algo en su juego?
- Era líbero que es como un central o también de carrilero izquierdo, que es casi lo mismo que ahora porque nunca he sido de un jugador de habilidad, era como soy ahora, más guerrero más de defender, de marcar, de ser apoyo. Eso también es una virtud, saber tus fortalezas y sacarles provecho. El fútbol de salón es más apasionante, quizás por lo rápido. De verdad que fueron 13 años espectaculares. Venezuela era campeón mundial y la liga era buenísima, venían jugadores de todos lados.