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Johan Santana también sabe hacer goles

El lanzador Johan Santana

El lanzador Johan Santana

El lanzador de los Mets participó en una caimanera de fútbol antes de la final de la Copa Venezuela

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La versión futbolera de Johan Santana es derecha. Fuera del diamante, el zurdo es más parecido al de los comerciales de malta que al de los Mets de Nueva York. Con una sonrisa perenne, se tomó cuantas fotos le pidieron y convirtió en un chiste casi cualquier cosa.

Rodeado de sus amigos, el tovareño es una persona mucho más distendida. Dejó su guante, sus dos Cy Young y la bola cosida a un lado de la cancha.

Se calzó unos tacos, unas medias negras hasta más arriba de la rodilla y un chaleco con el tono anaranjado que usan los fiscales de transito y con el dorsal siete atrás.

Sin tener clara aún la regla del fuera de juego, se tiró como extremo derecho, sacando ventaja de su zancada y de su condición atlética. Nunca dejó de sonreír, menos después de marcar un gol en el que enganchó con la derecha y luego definió al segundo palo con la zurda.

"Nunca he aprendido cómo es eso, que si dejar los pies en el piso, que si por aquí, por allá", explicó mientras un rival sacaba de banda. En el bando contrario, con el chaleco pintado con el amarillo de los remarcadores, alinearon Luis Mendoza, el presidente de Estudiantes, César Guillén y el gerente deportivo, Javier Minniti. Junto al grandeliga estaba su hermano, Franklin, el portero de la caimanera.

El merideño, que confesó seguir los juegos de Estudiantes por Internet, arengó a todos sus compañeros cansados con un ánimo que parecía el de un juvenil en su primer partido como profesional. "Si el hombre quiere seguir jugando, hay que seguir jugando", extendió el mensaje uno de los jugadores de su equipo. Su carisma y su figura de superestrella hacen que su palabra sea sagrada, aunque él se comporte como un mortal más.

"Pateo con las dos piernas, sólo que con la zurda sale más duro y para cualquier lado.

Con la derecha si sale más hacia donde apunto", respondió cuando le preguntaron por la singularidad de patear con el perfil contrario al del brazo que le hizo famoso. Con esa pierna, con la que apunta mejor, convirtió en gol los dos penales que cobró en la tanda para definir el ganador.

Y aunque su conjunto no ganó, él igualmente dejó el campo con una sonrisa y cargando la cava en la que guardaban el agua. Ahí, entre sus amigos, él no es el mejor lanzador de las grandes ligas si no un tipo más.

Que juega al fútbol de regular a bien. Aunque sólo sepa apuntar con la pierna derecha.