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Jesús "Chuto" Lugo, el niño al que obligaron hacerse adulto

El delantero ha comenzado a repuntar luego de superar la muerte de su madre y el encarcelamiento del padre

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Jesús Lugo no solo es el capitán del Aragua, también es el chofer de sus hermanos y el comandante en jefe encargado dentro su casa. Tras ser una de las revelaciones del torneo en sus dos primeras temporadas -en las que llegó a ser convocado a la selección- aquel futuro que parecía encantador se torció en apenas unos meses. Su madre murió y a las pocas semanas su padre fue arrestado bajo la acusación de un asesinato que, según Lugo, jamás cometió. Sus estadísticas registran los efectos de esos tragos amargos, al mostrar una línea descendente en su producción de goles. Sin embargo, las últimas semanas han significado el repunte del atacante, que el sábado coronó su gran momento de forma al servir el centro que Néstor Bareiro transformó en gol para vencer a Mineros.

Con apenas 21 años de edad, a Lugo le tocó pasar de ser el consentido de Santa Cruz, un barrio entre Cagua y Maracay, a ser el jefe de un hogar que comparte con sus otros seis hermanos menores a los que tiene que llevar y buscar del colegio antes y después de cada entrenamiento. "No ha sido fácil", comentó ahora que ha comenzado a derrotar esos problemas. "Primero sufrí una lesión en un hombro, después falleció mi mamá, eso me costó muchísimo, y a los tres meses mi papá fue preso. Todo eso afectó mucho mi juego", explicó el jugador, que celebró la victoria del sábado con una camiseta que la que pedía justicia para su progenitor. "La tengo desde hace varios partidos -dijo- pero no he podido celebrar aún un gol con ella".

Voluntad. El tener que lidiar con esa situación le hizo perder protagonismo, tanto en minutos de juego como en goles. Sin embargo, en octubre llegó a marcarle al Anzoátegui tras casi ocho meses sin hacerlo y el sábado dio una asistencia. Una luz al final del túnel.

"A pesar de todo he podido salir de las adversidades. Fueron tiempos muy difíciles para mí, aguantar esas dos cosas tan seguidas no es fácil, por eso bajé mi nivel pero gracias a Dios soy muy creyente, mi papá es evangélico y eso me ayudó", explicó casi entre lágrimas.

También le ayudaron los consejos de Raúl Cavalleri, quien era su técnico cuando murió su madre, y de Carlos Maldonado, quien le acompañó cuando su padre fue apresado. "Lo citaron para declarar y cuando llegó lo dejaron preso", contó. Ambos entrenadores arroparon al jugador, al punto que Maldonado le dio la cinta de capitán como un gesto para reafirmar su importancia dentro del equipo. "Fue como un padre, me ayudó mucho, me ayudó a ser más fuerte", afirmó.

Repunte. A mitad del torneo pasado, Maldonado fue separado del cargo y el club volvió a contratar a Cavalleri, que encontró a Lugo de nuevo en alza. Su segundo despegue coincidió con el del equipo. "Desde las últimas fechas del Apertura venimos haciendo buenos partidos pero en el segundo tiempo el equipo se caía. Ahora hemos mejorado, estamos concentrados y vamos a seguir mejorando en el Clausura", analizó el atacante.

Lugo aún tiene asuntos que resolver. Su padre sigue en la cárcel y sus números van en alza pero aún no llegan a ser lo que eran hace dos años.

Sin embargo, el delantero ha aprendido a sobrellevar ambas situaciones, a hacer de capitán entre sus compañeros, de chofer para buscar llevar a sus hermanos y de jefe de una familia que ahora lo tiene como la cabeza. "Mi sueño es que si llego algún día a ser grande en el fútbol -dijo-, voy a ayudar a todas las personas humildes a mi alrededor". Si el destino no vuelve a hacerle otra mala jugada, todo parece indicar que en unos años tendrá que cumplir esa promesa.