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Honor a El Grande

Luis Aparicio / Archivo El Nacional

Luis Aparicio / Archivo El Nacional

Ocho equipos batallarán desde hoy con la mirada puesta en el título que, en esta temporada, se jugará en homenaje a Luis Aparicio padre

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La Liga Venezolana de Beisbol Profesional decidió bautizar el campeonato 2012-2013 que comienza hoy en cuatro frentes, “Luis Aparicio El Grande de Maracaibo”. Habitualmente el homenaje suele pasar por debajo de la mesa ante la expectativa que provoca entre los aficionados la inminencia del torneo.

No puede ser de otra manera, y especialmente entre las nuevas generaciones de fanáticos para quienes los nombres escogidos, no dicen nada por razones temporales. Sin embargo, vamos a permitirnos sugerirles que le presten atención a Luis Aparicio, El Grande de Maracaibo, de cuyo nacimiento se cumplió un siglo el pasado agosto. Excusa formidable para ofrecer el torneo en su nombre.

En un país donde la posición de campocorto por mucho tiempo fue el emblema tradicional de nuestro beisbol, su marca de fábrica, habría que convenir que Aparicio fue el primero en desempeñarse en esa posición con trazos de grandeza, como luego lo haría una excelsa cofradía que tiene entre otros exponentes ahora mismo en las mayores, a Elvis Andrus y a Asdrúbal Cabrera, sin pasar por alto a Omar Vizquel, que se acaba de despedir como pelotero activo con 11 Guantes de Oro en su mochila. Pero Aparicio no se queda allí. Tal vez su principal legado es ser el padre de Luis Aparicio, uno de esos campocortos a quienes El Grande de Maracaibo abrió la puerta, y hasta ahora, el único venezolano con una placa en el Salón de la Fama de las grandes ligas.

Pero dejemos que ustedes se tomen la molestia de indagar un poco sobre la vida del primer Luis Aparicio. El espacio no permite extendernos aún más en su trayectoria como lo hubiésemos deseado, y además allí está el interés principal de este día: el comienzo de una nueva campaña con sus tradicionales expectativas.

De un tiempo a esta parte, los campeonatos se han visto afectados por todas esas regulaciones derivadas de los tiempos que vivimos. Los equipos son privados de sus principales figuras, por las enormes cantidades de dinero que ganan, como por restricciones encabezadas por la conocida “fatiga extrema”.

Sin dejar de pasar por alto, cómo los contingentes de importados, van y vienen por razones muy similares. No obstante, se tiene la impresión que en esta ocasión las ocho escuadras han hecho un esfuerzo por presentarse en las mejores condiciones posibles, de cara a la posibilidad de avanzar al menos a la semifinal.

Sin embargo, no es una intención nueva, ni obra de la casualidad. Surge del instante estelar que vive la pelota profesional, que entre tantas expresiones tuvo este año la actuación de más de poco más de noventa venezolanos en las ligas mayores, sin contar una cifra superior en las ligas menores y los circuitos rentados de Japón, México, Italia, España y Francia entre otros. Viviremos con la frustración de no volver a ver los batazos de Miguel Cabrera en plenitud de sus facultades ni los envíos de Félix Hernández, pero la oferta de nombres es tan abundante, que en cualquier momento hará su aparición algún desconocido, que por ratos nos lleve a “olvidarnos” de ellos.

Esa será la apuesta de Tigres de Aragua, Tiburones de La Guaira, Cardenales de Lara, Leones del Caracas, Águilas del Zulia, Bravos de Margarita, Navegantes del Magallanes y Caribes de Anzoátegui en la que será la sexagésima quinta campaña de la liga cuyo primer campeonato se celebró en 1946. Un pretexto extraordinario para honrar a Luis Aparicio, el Grande de Maracaibo.