• Caracas (Venezuela)

Deportes

Al instante

Henry Blanco: “Carlos Hernández me enseñó a manejar”

Blanco jugó en las Grandes Ligas entre 1997 y 2013 | FOTO AVS PHOTO REPORT

Blanco jugó en las Grandes Ligas entre 1997 y 2013 | FOTO AVS PHOTO REPORT

El manager de los Bravos asume “como hombre” cada decisión tomada en su carrera y confiesa que su niñez en Guarenas le alejó del mal camino

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Henry Blanco tiene 43 años de edad, 11 equipos en las Grandes Ligas y una multitud de recuerdos, desde que por primera vez salió de Guarenas rumbo a Charallave, persiguiendo el sueño juvenil.

Hoy es el manager de los Bravos y uno de los pocos catchers que ha ejercido en la MLB siendo cuarentón. Ya en el retiro, no se arrepiente ni siquiera del gesto que le llevó a ceder la capitanía del Caracas, y habla sin rodeos de su amistad de tantos años con Carlos Hernández, la figura a la que se enfrentó aquella vez.

-¿Recuerda cuándo decidió hacer del beisbol una carrera?
-Cuando tenía 15 años. Por las necesidades de aquel entonces y porque me gustaba jugar. No terminé mis estudios, por ayudar a mi papá y mi mamá. En aquellos tiempos todo era más difícil. Y así se los dejé saber: que ese era mi futuro.

-¿Y cómo reaccionaron?
-Pusieron cara de tragedia, cuando les dije que iba a dejar mis estudios. Lo importante es que lo conseguí, ellos al final lo entendieron y, gracias a Dios, les pude dar esa ayuda que tanto necesitaban.

-¿Y cuándo se dieron cuenta ellos de que la elección había sido la correcta?
-Al principio les costó. Especialmente, cuando uno está en ligas menores y no se sabe qué va a ser de uno. Cuando vieron mi dedicación y mi evolución, lo entendieron. Pero les tomó como dos años.

-¿Cuál es su recuerdo más lejano relacionado con el beisbol?
-Jugando chapita con los vecinos. Esa era la infancia de antes, la infancia bonita. De Guarenas guardo las amistades, el ambiente deportivo en que vivíamos, la humildad, el decirle no al mal camino.

-¿Le costó mucho firmar con los Dodgers y los Leones?
-Tuve como cuatro o cinco try-outs con los Dodgers y todos en Charallave. Teníamos que ir desde Guarenas, agarrar una autobuseta a las 4 de la mañana, para estar allá a las 7 y media. Estaba buscando el futuro, si había que pararse a las 3, lo iba a hacer. Mis padres siempre me acompañaron en esas aventuras.

-Hasta que firmó como tercera base...
-No, como catcher. Pero cuando llegué a Dominicana, ya estaban Carlos Hernández y Mike Piazza en la organización y decidieron que yo no tenía futuro en la receptoría. Fue cuando decidieron moverme a tercera base.

-Y yo que iba a preguntarle si le había costado la mudanza de tercera a la receptoría…
-Con las ganas que tenía de jugar, no me importó ni me costó la transición. Quería conseguir mi sueño.

-¿Y de dónde sacó esa habilidad en la antesala?
-Dios me dio la habilidad de ser bueno a la defensiva y se lo agradezco. Pero antes, si no dabas 15 jonrones en tercera base, no ibas a ningún lado, y lamentablemente yo no tenía esa fuerza ni la habilidad para batear .300 puntos..

-¿Qué fue lo más difícil en aquellos primeros años?
-La preparación, día a día. El competir, pensando: ¿Cuándo será el día? ¿Cuándo llegará mi momento? No tenemos control sobre eso y tardé más de lo normal en las ligas menores, siete años. Pero nunca perdí la fe. Siempre estuve trabajando, con mentalidad positiva. Y gracias a Dios, el sueño se hizo realidad.

-¿Qué es lo mejor de jugar pelota? Porque vaya que le costó retirarse
- (Ríe.) Estar allí en el terreno, compartir con tus compañeros, montarte en un autobús y rodar por cinco, seis horas; es muy bonito cuando te acostumbras a ver a los muchachos como tu otra familia. La parte más difícil del retiro es saber que ya no vas a recibir a ningún pitcher allí afuera, nunca más. Aunque uno se va acostumbrando poco a poco y entiende que ya dio lo que tenía que dar.

-¿Y cuál es el mayor placer que tiene ser receptor?
-Cada pitcheo, cada jugada. Cuando sacas a un corredor rápido en segunda, cuando ganas un partido, cuando eres parte de un no-hitter. Es una de las posiciones más difíciles del beisbol.

-¿Es cierta la leyenda según la cual los catchers deben ser los mejores amigos de los pitchers?
-Es verdad. Uno pasa más tiempo con ellos que con los demás en el equipo y hay que saber muchas cosas personales, que te ayudan en el juego.

-¿Y cuando un lanzador le cae antipático al receptor? Eso puede pasar, ¿no?
-Siempre fui un profesional y nunca me tomé algo personalmente. Eso me ayudó a sobrevivir tanto tiempo en la pelota: ser un buen compañero.

-¿Cuál fue el momento más difícil en su carrera? ¿Eso? ¿Fue su salida del Caracas? ¿Tener que retirarse?
-Lo que más me dolió fue salir del equipo que me vio nacer, donde crecí, con el que fui campeón y gané la Serie del Caribe. Fueron casi 18 años en la organización. Uno tiene que aprender a aceptar, pero dolió mucho. Y bueno, tener que retirarte, decir adiós a tus compañeros, también fue doloroso.

-¿Cuánto tiempo le dio vueltas a la cabeza la idea de que ya era la hora de irse?
-Los últimos dos años. Finalmente, tuve que tomar una decisión drástica.

-Pero se la pusieron fácil: le ofrecieron trabajo como coach.
-Eso surgió después. Y creo que aceptar tan rápido mi retiro tuvo que ver con eso. Aunque nunca pensé que el trabajo de manager iba a llegar tan rápido. Estoy agradecido por eso.

-¿Le sorprendió que también pudiera despedirse con el uniforme del Caracas, delante de su afición?
-Fue todo un sueño. Lamentablemente, me tuve que despertar. Pero poder despedirme con el equipo que comencé, ha sido una de las mejores cosas que han pasado en mi vida.

-Hoy en día, con la experiencia que dan los años, ¿haría todo igual a como hizo aquella vez, cuando sintió que la situación del Caracas necesitaba una sacudida y dio el paso que le llevó a salir del  equipo?
-Hoy, obviamente con más madurez, creo que todo ha podido resolverse de otra manera. Lamentablemente, pensé que así se podía arreglar lo que estaba pasando. No es posible retroceder en el tiempo. Fueron momentos de rabia, de no tener el modo de resolver las cosas y me costó la salida de los Leones. Aunque me mantengo firme con lo que dije entonces. Lo debo asumir como hombre.

-Cuesta no seguir viéndolos juntos a usted y Carlos Hernández, que eran alumno y maestro
-Aprendí mucho de Carlos. Hasta me enseñó a manejar mi primer carro. Fueron muchas cosas que me enseñó de la receptoría y de cómo ser un líder en el clubhouse.

-¿Han vuelto a hablar después de aquello?
-Las cosas se arreglan hablando, y así como yo cometí errores, él también los cometió. Admito y mantengo mi responsabilidad por lo que dije, y espero que él algún día pueda entenderlo. Todos somos profesionales. Debemos saber aceptar las cosas buenas y también las malas.

-¿Guarda muchos objetos de su carrera? ¿Tiene paredes suficientes para colgar todas las camisas de los equipos con los que jugó?
-Sí. Tengo todas las camisas de mis equipos en Grandes Ligas y también las de Venezuela, incluyendo Caribes y Magallanes. Guardo muchas pelotas. Mi última mascota. Mis primeros spikes. Son muchos buenos recuerdos.

-¿Cuál fue el pitcher con el que resultaba más fácil trabajar?
- Johan Santana, Félix Hernández, Carlos Zambrano. Creo que por venezolanos. Pero también Greg Maddux y Tom Glavine.

-¿Cuál es el pitcheo que más disfrutaba recibir?

-La recta de Santana, de Félix, de Zambrano, de Maddux.

-¿Cuál fue el pitcher más difícil para batearle?
-Bastantes (ríe). Creo que Roger Clemens. Él estaba en la última parte de su carrera y me resultaba súper incómodo.

-¿Cuál fue el batazo que más disfrutó?
-Varios. Un jonrón que le di a Randy Johnson en 2001. Mi primer hit en las Grandes Ligas. El último, que fue en Anaheim, un “bloopersito” para el rightfield; guardé esa pelota, porque no sabía qué iba a ser de mí al año siguiente.

-¿Cuál fue el pitcher con el que hizo mejor equipo frente a los robadores de base rivales?
-Johan Santana. Creo que mis mejores porcentajes de outs robando fueron con él.

-La gente dice que su mejor época como lanzador fue con usted en la receptoría.
-Bueno, allí están los números. La gente nos siguió con aprecio y cariño.

-Si tiene que elegir un solo momento en el beisbol, ¿cuál elige? Lo que más le haya llenado.
-Ganar una Serie del Caribe aquí, en Venezuela. Para mí, eso ha sido lo más grande: quedar campeón con el Caracas, en mi país.

-¿Le tocó vivir algo más insólito que eso? ¿Qué su batazo rebotara en la cabeza de uno de los mejores shorstops defensivos del Caribe, para decidir el juego y el torneo?
-Eso está en top de mis mejores momentos. Sin duda alguna.