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Habla con los perdedores, habla…

Ronaldinho Gaúcho y su clon del fútbol americano. No es un montaje ni que el espectacular jugador brasileño se haya mandado arreglar la dentadura, pese a su agradable sonrisa | Foto:FutbolRed

Ronaldinho Gaucho regresó derrotado para volver a triunfar | Foto:FutbolRed

Las historias escondidas de la derrota suelen ser más interesantes y profundas que los lugares comunes de la victoria. Pero los días que corren no están para dolores ajenos, así que el derrotado deberá tragar su amargura en silencio. Sin embargo, siempre vuelven, siempre vuelven

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El deporte le sirvió de hermosa excusa para escribir acerca de la vida. Y cuando lo hacía, con predilección fascinante por los perdedores, las historias tomaban tonos oscuros, pero oscuros luminosos. Era Gay Talese, escritor y periodista estadounidense especialista en textos de personajes a los que dio dimensiones humanas.  

“Soy educado, quiero escuchar”, decía Talese, y Michael Rosenwald, también periodista, agregaba: “Lo que hacía era simplemente mirar donde los demás no miraban: en los rincones, en las sombras”. 

Y en las sombras de la vida puede haber cosas maravillosas. Ese tipo de subterfugios dibujados en los climas callados del que es derrotado, en el llanto de soledades del que nadie busca. “El periodismo solo engalana al ídolo”, continúa Talese, y tal comportamiento tiene que ver con los tiempos que se viven en el mundo: solo vale el vencedor, el exitoso, el de musculatura poderosa, el galán. ¿Alguien buscó para conversar de su fracaso al pitcher Carlos Zambrano cuando fue desechado por los Filis de Filadelfia? ¿Sabe alguien de su dolor inmenso, de su rabia silenciosa cuando debió recoger los maletines y volver a su casa en Puerto Cabello? ¿Y quién procuró al lanzador Freddy García cuando fue dejado a un lado por los Orioles de Baltimore, no supo para dónde mirar, ni qué hacer en aquel tumulto de desdichas?

Miguel Cabrera, Jackson Melián. Perder, pasar irremediablemente por las horas bajas del olvido tiene un enigmático encanto. Hay un sortilegio difícil de explicar en el aura del perdedor: ¿qué hubiera pasado si, qué hubiera sido del juego si…? Son las voces condicionales de lo que jamás saldrá en las páginas de los diarios ni en las crónicas de Internet, embriagadas como viven con los licores del triunfador. Por estos días se habla hasta la desmesura de Miguel Cabrera y Félix Hernández, y bien merecido que lo tienen, pero ¿a alguien se le ha ocurrido indagar las causas escondidas de aquellos bateadores y lanzadores que deambulan por ligas menores, sin la menor opción de ir a las mayores? Jackson Melián es un certero ejemplo. Firmado con el charm de los grandes bonos millonarios, con el bullicio del que todo lo promete, fue olvidado con el tiempo y hoy no se pregunta por su destino sombrío. ¿Cuántos sueños debió albergar la mente de aquel jovencito de 16 años de edad, cuántas ilusiones rotas como cristales al caer desde lo alto? ¿Alguien buscó, en lo más hondo de aquel insondable misterio, las razones de la caída de Melián? 

Hay que acordarse de Ronaldinho Gaucho a su regreso de Europa a Brasil. Vencido como el Jubiabá de Jorge Amado, para muchos acabado y con poco qué contar, pasó inadvertido para los medios de comunicación social.  Pero el hombre, desgarrado en su amor propio, se asió a la fe para volver y ser el Ronaldinho de siempre. Fue al Flamengo y, después de una actuación desigual, fue recogido por el Atlético Mineiro, equipo con el que tomó revancha al ganar nada menos que la Copa Libertadores. Se le notó en su sonrisa tibia, con sus dientes enormes y aun con aquella amargura de la desazón,  el sentimiento íntimo de la revancha cumplida y la vuelta a la vida del crack de Rio Grande do Sul.

Pasó en Venezuela con Giancarlo Maldonado. Un tanto perdido en las alineaciones dominicales del Mineros de Guayana y Táchira, regresó a las grandes empresas con el Atlante mexicano. Ahí tendrá la linda oportunidad de volver a  las dulces horas de goleador implacable.

Un libro para ellos. Algún día alguien tendrá el atrevimiento de escribir un libro sobre los derrotados. Aquel que se lance a la aventura y corra el riesgo, como el que camina por el filo de un acantilado, de que nadie lo lea. Tal vez lo hará aquel que piense que los caídos merecen tener aliados, que hay otra manera de concebir el hecho periodístico y literario, y que por las causas del azar y de la vida misma, ellos siempre tendrán una segunda oportunidad. Así se llamen Carlos Zambrano, Freddy García, Jackson Melián, Ronaldinho Gaucho o Carlos Maldonado.


Los arrestos de Éric Abidal

El hígado de Éric Abidal le ha jugado malas pasadas. Operado, vuelto a operar del hígado y casi desahuciado, siempre ha tenido arrestos para intentar el retorno. El jugador francés, lateral izquierdo --el mejor de Europa en algún momento-- y central, vivió años felices en el Barcelona, hasta que la enfermedad lo envió a las gélidas salas de los hospitales. A sus 33 años de edad ha vuelto con el Mónaco, en la liga de su país, para emprender una  nueva travesía por el fútbol. El acta de su existencia tiene plena vigencia.   

 

El reino del Hedonismo

La búsqueda del placer, con la eliminación del dolor y las angustias como objetivo de la vida, son los principios de la corriente filosófica del Hedonismo, y tal parece que los días que corren son afectos a esta tendencia. Por eso los perdedores que se alisten para irse al carajo, lo más lejos que puedan, porque esta sociedad los rechaza, apestan. Pero los vencidos aceptan el reto, y sonreídos, a media risa entre la amargura y la fe, entre la adversidad y el deseo, están ahí para recibir conteo y pararse para volver a pegar.