• Caracas (Venezuela)

Deportes

Al instante

Gran subcampeón

Acciones del juego final entre la Vinotinto sub 17 y Argentina/AFP

Acciones del juego final entre la Vinotinto sub 17 y Argentina/AFP

Venezuela empató ayer contra Argentina y cerró el mejor Suramericano de su historia en el segundo lugar

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Fiel a su esencia, Venezuela cayó anoche dando pelea. Enfrentando las adversidades de terminar el partido con dos jugadores menos y luchando ante un equipo y un estadio repleto. La Argentina del hijo de uno de los hombres más poderosos del fútbol suramericano tuvo que apretarse el pantalón para empatarle a esta Vinotinto Sub 17 (2-2), un equipo digno de la medalla de plata que se colgó ayer en el pecho.

Fue en las manos de Xavier Cevallos que comenzó el camino de Venezuela en este Suramericano. Entre sus guantes, el portero ecuatoriano no pudo controlar el remate de cabeza de Franko Díaz y le permitió a Andrés Ponce la posibilidad de rematar a gol el rebote. Era el partido de los nervios, la primera gran prueba para unos muchachos que ni siquiera tienen aún el derecho de votar y aquel gol del zuliano le permitió al equipo de Rafael Dudamel comenzar con buen pie en la competencia.

Mientras se subía el telón, el conjunto venezolano había dejado destellos de buen juego, especialmente con un puñado de paredes entre sus volantes como La Mantía, Benítez y Salzman, o con unas gambetas de Peña o de Caraballo.

En la segunda fecha, el examen fue más teórico que práctico. La Argentina de Julio Grondona -el hijo de Humberto Grondona, uno de los personajes más poderosos del fútbol suramericano-, estaba en peligro y a su rescate acudió el peruano Diego Haro, el árbitro que anuló un gol legal a Ponce y dejó de pitar un penal, ayudando a la albiceleste. La situación consolidó la personalidad de un equipo que evitó comprometerse con alguna expulsión en ese juego y que luego fue capaz de sacarle un par de empates a Colombia y Paraguay, que sellaron la clasificación.


Siguiente paso. Venezuela avanzó al hexagonal con apenas un gol a favor, por lo que Dudamel centró su atención en mejorar ese aspecto. En el debut contra el combinado paraguayo, el arquero Beycker Velázquez comenzó a tomar protagonismo al detener un penal a Sanabria. Casi de inmediato, un gran pase de Peña le marcó el camino del gol a Ponce. El inicio volvía a ser esperanzador y el Mundial ya se comenzaba a ver más allá de la almohada.

No obstante, la situación tomó otro color cuando Brasil, la gran favorita, terminó viendo como la Vinotinto le remontó el partido de la segunda fecha con un penal que convirtió Ponce. Las matemáticas comenzaban a dar.

Dudamel entendió que el siguiente partido contra Perú sería determinante. Su equipo mantenía la serenidad que había mostrado desde aquel partido contra Argentina y a nivel futbolístico estaba creciendo cada día.

Tras la expulsión del capitán Díaz contra Paraguay, entre Marrufo y Tineo se las arreglaron para reacomodar la defensa sin mayores apuros. Sin embargo, el regreso del barquisimetano ayudó a definir el partido contra el combinado peruano, en el que la Vinotinto vino de atrás nuevamente, al igual que como ocurrió contra Uruguay, en el duelo que marcó la clasificación.

Anoche ese equipo recibió su diploma de mano de las autoridades de Conmebol, tras pelear hasta el último instante ante una poderosa Argentina que apenas pudo sacarle un empate a dos. Un empate que sabe a victoria. Un empate que sabe a Copa del Mundo.






dprat@el-nacional.com