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¡Gracias, Juan!

Arango asumió el rol de capitán de la selección en 2009 | Foto EFE / Archivo

Arango asumió el rol de capitán de la selección en 2009 | Foto EFE / Archivo

Arango dejó de vestir la camiseta vinotinto después del partido de ayer contra Panamá. Su trayectoria deja un legado enorme para el balompié nacional, con registros difíciles de igualar

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En 1999, Juan Arango era un imberbe de apenas 19 años de edad. José Omar Pastoriza lo hizo debutar oficialmente con la selección nacional ese año en la Copa América en Paraguay; y ni el estratega argentino, quien falleció hace más de un lustro, ni tampoco el maracayero se imaginaron que su nombre se convertiría en una leyenda viva para el balompié venezolano.

“He decidido que era el momento de terminar mi ciclo en la selección nacional”, dijo el maracayero ayer después del empate 1-1 con Panamá, en un retiro que tomó a todos por sorpresa.

“Me duele bastante, mucho. Le doy muchísimas gracias a todos los cuerpos técnicos con los que estuve desde 1999, a toda la afición, la prensa. Mi momento pasó, estaré aquí siempre. Estoy triste”, aseguró con la voz entrecortada y al borde del llanto, flanqueado por los 26 convocados a la selección y el cuerpo técnico en pleno.

Ese día no llovió en Asunción, como tampoco lo hizo en Maracaibo el 27 de enero de 1999, cuando en un partido no oficial contra la selección de Dinamarca, el “Maradona de la Democracia”, el barrio donde nació en Maracay, se vistió con la camiseta que hasta ayer representó con orgullo y pundonor.

En Cachamay ayer el cielo se encapotó a falta de una hora para el comienzo del partido. Cayó un diluvio que parecía un lamento clamoroso. El mejor jugador de todos los tiempos del fútbol venezolano, estaba a pocas horas de anunciar su salida del combinado nacional.

“La Copa América de Chile fue el momento que marcó todo. Desde entonces ya no sentía las mismas ganas, el mismo esfuerzo, la misma alegría de venir con la selección. Había hablado con Chita varias veces, antes del torneo, y no tomé la decisión antes porque creía que podía dar más. Dos meses después decido que era el momento de darle un final a todo”, precisó.

Arango vivió la época de gloria de Venezuela en su plenitud. De su bota salió el segundo de los tres goles que le dieron a la selección su primera victoria de visitante, en 2001, en el camino a Corea-Japón 2002, vestidos de blanco en Santiago, contra una Chile que aún hoy se duele de aquella goleada.

También fue un zurdazo suyo para ganarle a Colombia en Barranquilla en 2003, cuando la ilusión de ir al Mundial se hacía más tangible, hasta que un golpe artero de Javi Navarro en la Liga de España, ya en 2005 cuando jugaba en Mallorca, lo sacó de la Vinotinto en el tramo clave de aquel clasificatorio.



Madurez. Arango asumió su rol de imagen de la selección  a partir de 2007. Cuando los ilustres primeros héroes de la selección comenzaron a dejar de vestirse con los colores nacionales, y a él, que era el niño del grupo que cambió la historia, le tocó convertirse en el líder de un grupo joven que creció admirando la épica que escribió.

Se convirtió en capitán de la selección en 2009, de la mano de César Farías, y desde ese día no soltó la banda de capitán hasta ayer. “Juan es un líder atípico”, apuntó en su momento Rincón. “No es de los que te pega un grito, o de los que te lanza un sermón. Él lidera con el balón en sus pies. Habla con futbol. Su liderazgo se transmite en su talento”, aseguró.

El número 18 pasará desde ahora a otras manos, y será raro verlo en la eliminatoria en posesión de otro jugador. Para Venezuela, ese dorsal especial siempre tendrá un único nombre inscrito en la parte superior: Arango. Gracias, capitán.