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Giancarlo nunca caduca

Giancarlo Maldonado/Williams Marrero

Giancarlo Maldonado reivindicó su olfato goleador en el estadio Olímpico de la UCV/Williams Marrero

El delantero de Mineros concluyó una preciosa jugada de su equipo, con hasta 12 toques, para guiar el triunfo ante Caracas

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Puede que la puntería no sea la misma de antes. Que ya no le salgan goles con el pecho como los hizo alguna vez. Quizás la pelota ya no viaje con la misma potencia cuando le pega. Sin embargo, el gol no ha dejado de correr por las venas de Giancarlo Maldonado, ese delantero que regresó este año a Mineros con la intención de recobrar la imagen que un día lo llevó a ser uno de los mejores artilleros del continente.

Ayer, en un Olímpico a medio llenar, el máximo goleador histórico de la selección mostró que sus credenciales siguen válidas al coronar una gran jugada de Mineros, quizás la mejor del partido, que les sirvió para llevarse tres puntos de la casa del Caracas (0-1).

En un partido en el que ambos equipos contaban con los elementos para armar una buena noche de fútbol, fue la pierna fuerte la que terminó mandando. El juego dejó de ser de los Guerra, Rojas, Meza y Peña y pasó a ser de los Chará, Lucena, Vallenilla o Acosta.

De los hombres encargados de cortar el juego, con el visto bueno siempre de un José Marquina al que el duelo se le fue de las manos.

"Es que ninguno quería perder", justificó el goleador Maldonado la garra que hubo dentro de la cancha, que llegó a generar empujones y por lo menos dos conatos de trifulca entre los futbolistas. Entre tantos golpes y patadas se perdió el partido de un inmenso Jesus Meza, multiplicado para defender y exquisito a la hora de generar juego. Él fue la única luz de un Caracas que terminó atacando con más corazón que otra cosa.

Mineros tampoco pudo ser mucho más. Ni los educados pies del Zurdo Rojas o de Alejandro Guerra pudieron abrise paso en un partido áspero. Sí lo hizo el colectivo, por lo menos en una jugada, que inició con un robo de Chará y que terminó, 11 toques y seis jugadores más tarde, con Rafa Acosta construyendo una pared con Alejandro Guerra, que le permitió al primero de ellos tener el espacio para servirle una bola limpia al goleador Maldonado. El mismo que antes había fallado un par de opciones. Y aunque que aún está lejos de ser el que un día brilló en el Atlante, el gol es un arte que no se olvida. Y en una décima de segundo, el delantero dibujó una diagonal perfecta y perforó con la zurda, de primera, el arco de un Alain Baroja que hasta ese momento no sabía lo que era recibir goles en el Apertura.

El remate de Giancarlo fue el decimo segundo toque y él fue el séptimo jugador de una jugada en la que tomaron parte Chará, López, Rojas, Acosta, Moreno, Guerra y el propio Maldonado. El goleador que nunca caduca.