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Fútbol a ritmo del merengue

Foto Omar Véliz / Archivo

Referencial | Foto Omar Véliz / Archivo

Siete venezolanos decidieron dejar sus vidas en el país para probar suerte en el naciente torneo dominicano de balompié. La razón, además del anhelo del deportista de saltar al exterior, pasa también por lo económico

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Venezuela ya no exporta como antes. Hace 20 años los libros de las escuelas apuntaban que además del petróleo, principal fuente de ingresos del país desde Juan Vicente Gómez hasta nuestros días, el país producía cacao, café, caña de azúcar, hierro y aluminio, a tales niveles que daba para venderlos al exterior y hacer sonar la caja registradora de las arcas de la nación.
Pero la nueva exportación venezolana es de talento, y el fútbol no escapa a esta realidad. De hecho, el balompié venezolano vive desde hace varios años una explosión de jugadores en el extranjero, que aunque puede ser considerada como positiva, entendiendo que el torneo local no es el más fuerte de Suramérica, tiene otras aristas que van más allá del sólo hecho de ampliar el universo de futbolistas con pasaporte Vinotinto regados por el mundo.
La crisis económica y las ganas de ser internacional mueven al futbolista criollo a emigrar. “No hay una sensación más hermosa que la de representar a tu país en el extranjero, así que yo no dudé en ningún momento en tomar la decisión de venir a República Dominicana”, apuntó Lenin Bastidas, técnico del Atlántico FC del poco conocido campeonato dominicano de fútbol, que apenas va a su segundo año de vida.
En un año el campeonato quisqueyano de balompié recibió a siete venezolanos que por su nombre y trayectoria en el país, pudieran estar perfectamente en cualquier equipo de primera en Venezuela. Sin embargo, ellos prefirieron emigrar.
Cristian Cásseres, Enson Rodríguez, Anderson “El Burro” Arias, Javier Toyo, José Tafarel, Jorge Márquez Gómez son los jugadores que partieron al naciente torneo dominicano, al tiempo que Bastidas es el primer estratega nacional que salta al torneo caribeño.
“Nosotros también somos humanos, y la crisis nos afecta igualito que al resto de las personas”, precisó uno de los futbolistas que prefirió mantenerse en el anonimato. Aún hay recelo por la partida a un destino exótico dentro del fútbol. “Uno debe aprovechar la oportunidad para tratar de hacer algo que te permita asegurar el futuro. Bien sea en Venezuela o acá. Por lo pronto, en Dominicana uno está muy bien y tranquilo”, apuntó.
 
Cómodos. Bastidas destacó que el club en el que trabaja en República Dominicana le brinda a él y a sus jugadores todas las comodidades para trabajar. 
“No nos falta absolutamente nada. El equipo nos da el desayuno, el almuerzo, las meriendas de la mañana y la tarde, y la cena. A todos nos brinda el equipamiento deportivo del día a día. Y en general uno acá puede preciarse de cierta tranquilidad que sólo pocas instituciones te dan en Venezuela”, contó el DT, quien tuvo experiencia en Venezuela con Lara en Copa Libertadores, La Guaira y Portuguesa.
“Acá nos dan desde la comida, la casa, el traslado y a veces hasta la ropa. Y además tienes el sueldo del equipo. Realmente te tratan muy bien”, añadió el jugador consultado. El salario para un futbolista en el torneo dominicano ronda los 2500 dólares. Bajo, considerando lo que paga el balompié en otras latitudes, pero más que suficiente cuando el jugador regresa al país y ese sueldo se coloca en cifras de la tasa SIMADI o al cambio paralelo.
“La gente puede pensar que porque este es un torneo pequeño, que está naciendo, pero la estructura es impresionante. Tienen canchas propias para entrenarse, si llueve hay instalaciones techadas para no perder sesiones de trabajo, y hay una organización que está preocupada por hacer de este un espectáculo que valga la pena”, agregó Bastidas.
 
Nostalgia.

Félix Cásseres emigró recientemente a Honduras, al Real España. Era otro de los muchachos que buscaba un destino mejor en una liga poco habitual para los venezolanos. Pero nunca pudo adaptarse.

“Le costó mucho rendir porque sentía mucha nostalgia por su casa”, contó un allegado al jugador, al que Caracas cedió a Estudiantes de Caracas para este Apertura 2016. “No pudo rendir porque no quería estar sin su familia, sin su gente, y no aguantó 15 días. Se tuvo que regresar, a pesar de que tenía contrato para seis meses”, precisó.

Además de los casos antes mencionados, también viajaron recientemente José Peraza (ex selección sub 20 de Venezuela) al Tauro FC de Panamá, y Leonardo Terán al Limón FC de Costa Rica. “Uno se va del país pensando en representarlo y dar lo mejor posible”, reiteró Bastidas.
“No tengo miedo a caer en el olvido por venirme a un torneo como este que apenas empieza a crecer. Acá hay oportunidades para seguir subiendo. Y ahora que salí, no creo que regrese en un tiempo al país. Amo a mi tierra, al fútbol venezolano le debo muchísimo, pero en este momento, busco la oportunidad de dejar el nombre de Venezuela en alto estando aquí”, remató el estratega.

No sólo pasa en el fútbol

La emigración a destinos curiosos por buscar mejores condiciones no sólo se produjo en el fútbol. Esta temporada hubo 14 venezolanos en la liga nicaragüense de béisbol, varios de ellos con experiencia importante en el torneo venezolano como Darwin Cubillan, Ronald Uviedo o Marcos Vechionacci, con la particularidad de que además en ese campeonato centroamericano, hubo dos managers venezolanos: Raúl Chávez, ex receptor de los Tigres de Aragua, y Raul Marval.
También hay representación en la Liga Salvadoreña de Beisbol, que justo se inició el 9 de enero de este año. El campeonato, que tiene 21 temporadas disputándose con cuatro equipos, tiene en este momento a seis peloteros criollos en sus filas, entre ellos Luis Sanz, Edgar Bruzual, Wilce Nieves y Wilmer Alvarado.
En el baloncesto, en el 2015, Néstor Colmenares pasó de ser estelar en Cocodrilos a jugar en el Trouville, líder de la liga uruguaya de basket, club que cayó en la final contra el Malvin; así como también se fue Juan Fontana a jugar en la poco tradicional liga de Chile en el CD Castro, o el caso de Peter Kvietek y Jorge Parra, quienes juegan en los tabloncillos de Bolivia. El año pasado Lenín López abandonó en plena temporada a los saurios para emigrar también al baloncesto del altiplano.