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Euforia en las calles de Montevideo tras victoria de Uruguay

 Fanáticos de Uruguay animan a su selección en el estadio Itaquerão en Sao Paulo (Brasil) / EFE

Fanáticos de Uruguay animan a su selección en el estadio Itaquerão en Sao Paulo (Brasil) / EFE

Con brindis, abrazos, saltos, cánticos y algún que otro trago de grappamiel, el aguardiente típico, los fanáticos uruguayos recibieron una inyección de autoestima tras la amargura de la derrota 1-3 ante Costa Rica en el debut en Brasil 2014

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La alegría y la euforia desbordaron hoy las calles de Montevideo minutos después de que la selección uruguaya venciese a Inglaterra por 2-1, su primera victoria en el grupo D en el Mundial de Brasil, y con ello incrementara sus opciones de clasificarse a octavos de final.

Con brindis, abrazos, saltos, cánticos y algún que otro trago de grappamiel, el aguardiente típico, los fanáticos uruguayos recibieron una inyección de autoestima tras la amargura de la derrota 1-3 ante Costa Rica en el debut en Brasil 2014.

Las lágrimas de emoción del delantero Luis Suárez, autor de los dos goles de la Celeste y protagonista absoluto del encuentro, fueron compartidas por los cientos de forofos amontonados ante la pantalla gigante dispuesta por la Intendencia Municipal de Montevideo.

"Sin 'Lucho', no habría Mundial", afirmó a Efe un orgulloso hincha, en referencia a Suárez, que se incorporó hoy al plantel celeste después de mantener en vilo a todo el país por la operación de rodilla a la que fue sometido hace apenas un mes.

Los coches, los autobuses urbanos, las bicicletas, los carritos de comida rápida y tortas fritas, y hasta los carros tirados por caballos de los recicladores de basura confluyeron en el corazón de la ciudad para festejar la resurrección de un equipo en el que nunca habían perdido la fe.

Arropados con el sol de la bandera uruguaya, y cargados con su termo y su infusión de mate caliente para combatir el frío de una tarde en vísperas del invierno, los fanáticos celestes estallaron de júbilo ante el primer tanto del partido, que hizo revivir su sueño de un nuevo 'Maracanazo'.

"Estoy segura de que este año ganaremos", expresó a Efe Mercedes Olveira, una uruguaya nacida el 16 de julio de 1950, el mismo día en que la Celeste arrebató a Brasil la Copa del Mundo en el estadio Maracaná de Río de Janeiro.

A su lado, su hijo Benjamín Irureta, con todo el rostro pintado de los colores de la bandera nacional, contuvo el aliento cada vez que Inglaterra se aproximó al arco uruguayo, custodiado por un Fernando Muslera que arrancó ovaciones con cada intervención.

"Volveremos otra vez, volveremos a ser campeones, como la primera vez", corearon los aficionados, en recuerdo a su primera victoria mundialista en 1930, cuando Uruguay fue el anfitrión y el vencedor de la primera Copa del Mundo de fútbol.

Ya desde antes del comienzo del encuentro, la avenida 18 de Julio, principal arteria de Montevideo, apareció teñida por un mar celeste, mientras el resto de calles de la capital quedaban prácticamente desiertas, y los pocos comercios abiertos bajaban la persiana para alentar a "la celeste del alma".

A la expectativa por un partido decisivo que definiría la permanencia de Uruguay en el campeonato mundial se sumó el ambiente de día festivo en el país, que conmemoró hoy los 250 años del nacimiento de su libertador y héroe nacional, José Gervasio Artigas.

El resultado del partido dio alas al patriotismo y enloqueció a los normalmente tranquilos y contenidos uruguayos, que hoy se sienten un paso más cerca de su tercer título mundial.