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Cristiano bate el récord goleador de la 'Champions' tras una discreta final

Así transcurrió la final de la Liga de Campeones | EFE

Así transcurrió la final de la Liga de Campeones | EFE

El portugués anotó 17 goles durante la competición

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Un Cristiano Ronaldo más apagado de lo habitual y que llegó a la final mermado físicamente fue incapaz de echarse a su equipo a la espalda, como en otras ocasiones, pero pudo sumar igualmente una segunda Liga de Campeones a su historial.

Pero ni por esas perdonó Ronaldo la oportunidad de ampliar el récord goleador en una edición que ya poseía, y situarlo en 17 dianas gracias a un penalti cometido sobre él ya en los últimos compases de la segunda parte de la prórroga y con el que colocó el definitivo 4-1 en el marcador.

Los problemas físicos que le llevaron a ser duda hasta el último día para el duelo de Lisboa se hicieron evidentes con el paso de los minutos y apenas tuvo peso en el juego de su equipo.

Sin embargo, el futbolista luso tiró de trabajo y esfuerzo para ayudar a su equipo, como en la segunda parte de la prórroga, cuando bajó a defender un balón hasta la posición de lateral izquierdo.

Considerado el mejor jugador del mundo durante los últimos años junto a Lionel Messi, hay que remontarse hasta la temporada 2007-2008 para verlo levantar su primera Liga de Campeones con el Manchester United. Desde entonces, apenas ha llegado dos veces a la final (otra con los "diablos rojos" y esta última con el Madrid).

El regusto agridulce que tienen las finales de la máxima competición europea para Ronaldo se inició, de hecho, cuando ganó el título. Pese a marcar un tanto, el duelo entre Manchester United y Chelsea acabó con 1-1 y fue necesario llegar a los penaltis.

En el tercer lanzamiento, la estrella lusa asumió la responsabilidad, pero erró. Las lágrimas de Ronaldo dieron la vuelta al mundo entero, aunque al final los "diablos rojos" remontaron la tanda y se alzaron con el trofeo.

Al año siguiente, claudicó de forma dolorosa contra el Barcelona (2-0), club de su principal rival por el Balón de Oro en los últimos años, Leo Messi. Una derrota pesada para un Cristiano que hizo las maletas con dirección Madrid precisamente para mejorar su cuenta de entorchados.

Ronaldo llegó al estadio de la Luz concentrado, con sus grandes auriculares (blancos, cómo no) en las orejas y gesto circunspecto. Una vez vestido de corto, en el campo, comenzó a ensayar faltas, a sabiendas de que hoy tendría oportunidad de probar desde lejos al belga Thibaut Courtois.

En el calentamiento previo al encuentro, Sergio Ramos lo buscó y tuvo confidencias con él. Volvía a estar bajo los focos, y él lo sabía. Reflejo de ello, su guiño a la cámara en el momento en que tocó formar antes del pitido inicial, con la música de la Champions en los altavoces.

Empezó descolgado a la izquierda, aunque tendió a colocarse en el centro del ataque. Pronto se las vio con Miranda y Juanfran Torres, compañeros de baile durante toda la velada.

Como es habitual en él, se reservó en defensa para llegar fresco a posiciones de ataque. Sin embargo, con el resultado adverso bajó hasta el centro del campo para pedir la pelota y ayudar en la construcción del juego, hoy huérfana por la baja de Xabi Alonso.

Con el gol del uruguayo Diego Godín se le vio contrariado y furioso, y llegó a pegar varias patadas al aire, prueba de su frustración.

Sin apenas presencia en la mayor parte del encuentro, sólo dejo pequeños destellos de su técnica, y ni siquiera de falta fue capaz de inquietar realmente a Courtois.

Una prolongación con la cabeza en el minuto 62 y una medio chilena en el 73 fueron toda su producción en la segunda mitad, mientras que en el otro lado, el galés Bale dispuso de tres ocasiones clamorosas que no acertó a embocar.

En la prórroga se le vio visiblemente cansado, aunque muy voluntarioso y participativo, sobre todo en las combinaciones cerca del área. Incluso solicitó un penalti por considerar que un lanzamiento de falta había sido desviado por el codo del atlético Gabi.

Ya en los últimos instantes, sacó fuerzas de flaqueza para intentar aprovechar las facilidades defensivas de un Atlético destrozado, moral y físicamente, un empeño que acabó por concederle el premio de la pena máxima, con la que inscribió su nombre en la historia de un Real Madrid que hoy se alzó con la soñada "Décima".