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Catar: un Mundial memorable en el desierto

Los trabajos en los estadios no se detienen en Catar | Foto: AP

Los trabajos en los estadios no se detienen en Catar | Foto: AP

En octubre la selección sub 19 le ganó a China, Mianmar y Corea del Norte y se consagró campeona de Asia

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Es bien sabido que a los países pequeños les cuesta armar selecciones competitivas. Pero cuando la población total es de 282.750 habitantes, ¿qué puede esperar Catar del partido inaugural de la Copa Mundial del 2022 ante potencias como Brasil, Alemania o Argentina?

¿Un 5-0? ¿10-0? ¡¿30-0?!

“Imposible, imposible”, afirmó Iván Bravo, ex directivo del Real Madrid encargado de asegurarse de que Catar presenta un equipo competitivo en un Mundial en el que el pequeño emirato espera dejar su marca. “Vamos a tener un buen equipo”.

Catar se propone montar un Mundial memorable en medio del desierto y evitar un papelón deportivo. Si algo tiene a su favor es el dinero.

Bravo dirige una academia en Doha, la capital del emirato, en la que espera armar un equipo mucho más fuerte que lo que el tamaño de esta nación permite vislumbrar.

“Es emocionante”, declaró Bravo en una entrevista con la Associated Press. “Siempre hay una historia de un equipo débil que llega mucho más lejos de lo que se pensaba”.

Como país sede, Catar se clasifica automáticamente. La condición de local a menudo juega un papel vital: Argentina, Uruguay, Italia y Francia ganaron los mundiales jugados en esos países. Corea del Sur llegó a las semifinales del torneo del 2002, que organizó junto con Japón.

Aspire, la academia que dirige Bravo, entrena a chicos locales y a otros reclutados en un programa internacional para la búsqueda de talentos en 16 países de Africa, Asia y América Latina. Surgieron sospechas de que Catar podría estar naturalizando jóvenes talentos con miras al Mundial, pero Bravo asegura que ese no es el objetivo.

Sostuvo que Catar se propone alinear un equipo de cataríes y que también haya “siete, ocho, nueve, diez” jugadores formados en Aspire luciendo las casacas de otras selecciones.

Las instalaciones de Aspire están a la altura de las de los mejores clubes de Europa. Debajo de una cúpula gigantesca hay una cancha bajo techo con una frase de Pelé en una pared: “El éxito no viene por accidente. Es producto del trabajo duro, la perseverancia, el aprendizaje, el estudio, el sacrificio y, sobre todo, el amor por lo que uno hace o está aprendiendo a hacer”.

Afuera hay canchas de césped generosamente regadas que resisten el calor del desierto. 

El paso del ángel. Raúl González, el fenomenal goleador del Real Madrid y España que jugó dos años en Catar, tiene una oficina aquí, desde la que observa los progresos de los jugadores y entrega trofeos en competencias organizadas junto con Chelsea, Barcelona y otros equipos que vienen aquí para foguear a los jugadores locales. Bora Milutinovic, quien dirigió a Estados Unidos, México, Nigeria, Costa Rica y China en Copas Mundiales, frecuenta también la academia, donde trabaja como asesor y en relaciones públicas.

Jóvenes cataríes conviven con equipos profesionales de España, Mónaco, Austria y un club que Catar compró en Bélgica para vivir “el ambiente de un club profesional las 24 horas del día”, algo que no pueden hacer en Doha, donde no hay una liga y los estadios están vacíos, según Bravo.

No todos son ricos

El equipo de colaboradores de Bravo observa prácticamente a todo joven catarí que juega al fútbol en busca de talentos. Motivarlos, sin embargo, no es fácil. En una nación tan rica como Catar, el fútbol no asoma como una salvación o un escape para los niños pobres.

“Cuesta hacerlos entrenarse”, dijo Bravo, quien advirtió, no obstante, que “la gente cree que todos son ricos en Catar, con relojes Rolex y camionetas. Pero no es así. Hay muchos chicos de origen humilde o de ingresos medios”.

Los resultados del trabajo están empezando a verse. En octubre la selección sub19 le ganó a China, Mianmar y Corea del Norte y se consagró campeona de Asia, clasificándose al Mundial sub20 del año que viene en Nueva Zelanda.