• Caracas (Venezuela)

Deportes

Al instante

Caracas mereció la suerte con la que pudo empatar

El cuadro capitalino le empató a Estudiantes (1-1) con un autogol De Castro

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Hay quienes aseguran que la suerte no es únicamente un fruto del azar, y que el merecimiento también pesa a la hora de conquistarla como aliado. Ayer, Caracas no merecía perder frente a Estudiantes, sin embargo, el gol con el que consiguió el empate terminó naciendo más de una carambola que de un merecimiento (1-1).

Para retar al líder, Estudiantes se organizó con cautela, tejiendo una malla que intentara limitar los movimientos de Roberto Armúa y Rómulo Otero, los dos cerebros que maquinan todo el fútbol avileño. Adelante -y pese a tener algunos nombres de jerarquía- terminó siendo determinante la irreverencia de sus jóvenes como Christian Flores y Yorwin Lobo, este ultimo, con claras señales de una formación en el fútbol sala, fue el que anotó el gol académico al definir una jugada que se inició en un saque de banda por el lado izquierdo y terminó con una definición entre las piernas de Alain Baroja.

Caracas no consiguió reaccionar hasta el segundo tiempo, en el que contabilizó varias ocasiones más claras que aquella en la que pudo empatar. Antes de celebrar el gol, Rafael Lobo estrelló un tiro libre en el travesaño y Oscar Guillén le sacó sobre la línea un cabezazo a Andrés Sánchez.

Ocasiones mucho más meritorias que el centro que levantó Armúa y que terminó apenas cruzando la línea tras un remate de Andreutti y un intento fallido de Carlos De Castro por despejarla. El arquero Rivas se estiró cuánto pudo pero cuando alcanzó la pelota ya había entrado.

El empate parecía un premio justo. Tanto, que Caracas se lanzó a buscar la victoria con tanto ímpetu que se descompensó en defensa y obligó a su portero Baroja a esforzarse para detener un mano a mano con el argentino Ireberri. El empate quizás fue poco premio para el cuadro capitalino, que quizás mereció hacer dos o tres tantos pero que terminó anotando uno solo, y fue producto de su buena suerte.