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Villa celebra uno de los tantos de España / AFP

Villa celebra uno de los tantos de España / AFP

España consiguió el pase a las semifinales de la Copa Confederaciones al golear por 10-0 a Tahití en el Maracaná

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Por mucho que esta sea una experiencia inolvidable para Tahití, en el santuario de Maracaná solo hubo un simulacro de partido, una goleada en el recreo español.

La afición del Maracaná (71.200 espectadores) se dedicó a hacer la ola, vitorear al club local del Flamengo, corear con olés cualquier empeño de los jugadores y a recibir a Iniesta con sonoras reverencias. No solo diversión. Incluso hubo tiempo para el guiño político, para la revuelta social que vive Brasil: “El pueblo unido jamás será vencido”, clamó Maracaná. ¿El fútbol como germen de una incipiente revolución?

El encuentro de Maracaná, el del campo, fue una comedia a la vista, por más que España se tomara con el máximo respeto la partida. Nada de extravagancias, bufonadas o dejaciones de más con el balón en los pies. De un campeón también se espera que esté a la altura en deportividad. Ni una celebración de más, ni desmesuras, como debe ser. Más que una goleada de lo más previsible, lo que se llevó Tahití fue la gran ovación del torneo, todo el consuelo del mundo para Roche, que evitó mayor escarnio y lloró a lágrima viva tras el pitido final, y el saludo afectuoso de los campeones del mundo, al que rindieron pleitesía con un paseíllo final.

España cumplió con profesionalidad su papel en la mascarada. Fingió cuanto pudo, sin evitar, como debía, la goleada correspondiente, pero eludiendo el abuso total, por más que el marcador fuera de 10-0. España se puso el límite a sí misma. Los tahitianos disfrutaron de lo lindo, corrieron lo que pudieron y derrocharon ánimo y voluntarismo. Otra cosa, futbolísticamente hablando, no tienen. Para ellos el fútbol es solo un pasatiempo, un divertimento que esta vez les ha permitido cumplir el sueño de convivir con la élite, de echar un vistazo al profesionalismo supremo. Toda una experiencia, aceptada por la FIFA por su etiqueta de campeón de Oceanía, donde se impuso a Nueva Caledonia. El listón debería ser otro.

Con un 5-4-1, Tahití tuvo el descaro de la ingenuidad. Puso a su defensa a jugar a varias cuadras de su guardameta Roche, lo que permitió a España jugar a campo abierto. En realidad, poco hubiera importado cualquier otra estrategia de Tahití. En cada jugada, cada asistente español tenía abiertas infinitas líneas de pase. Se trata de gente de primerísimo nivel, como Mata, Silva o Cazorla; enfrente un grupo de meritorios que con el paso de los minutos se quedó en los huesos.

Partidos así de nada sirven, siquiera como un entrenamiento con público. Si no hay contienda, nada queda, poco tiene valor.

Del Bosque hizo 10 cambios respecto al partido precedente con Uruguay. El 10-0 de Maracaná solo fue una apariencia, pero quedará para la historia como la mayor goleada registrada en este coliseo en un partido de selecciones. El récord era un 7-0 de Brasil a Chile en 1959. Pese a todo, para dejar huella España debe regresar cuanto antes a Maracaná en un partido-partido. La final de esta Confederaciones es la cita.


FICHA TÉCNICA

ESPAÑA, 10 - TAHITÍ, 0

España: Reina; Azpilicueta, Albiol, Sergio Ramos (Navas, m. 46), Monreal; Javi Martínez; Mata (Cesc, m. 69), Cazorla (Iniesta, m. 77), Silva; Villa y Torres. No utilizados: Casillas, Valdés; Arbeloa, Piqué, Jordi Alba, Busquets, Xavi, Pedro y Soldado.

Tahití: Roche; Lemaire (Vero, m. 74), Ludivion, Vallar, Jonathan Tehau; Aitamai, Bourebare (Lorenzo Tehau, m. 68), Caroine, Vahirua; Chong Hue y Alvin Tehau (Teaonui Tehau, m. 53). No utilizados: Meriel, Samin; Aroita, Wagemann, Faatiarau, Vincent, Atani, Yahann y Hnanyine.

Goles: 1-0. M. 5. Torres. 2-0. M. 31. Silva. 3-0. M. 33. Torres. 4-0. M. 38. Villa. 5-0. M. 48. Villa. 6-0. M. 58. Torres. 7-0. M. 63. Villa. 8-0. M. 66. Mata. 9-0. M. 79. Torres. 10-0. M. 89. Silva.

Árbitro: Djamel Haimoudi (Argelia). Amonestó a Cazorla.

71.200 espectadores en el Maracaná.