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Bernábeu y Camp Nou se unen en la carrera por ser el mejor estadio del mundo

Vista general del estadio Camp Nou de Barcelona /   EFE/Toni Garriga

Vista general del estadio Camp Nou de Barcelona / EFE/Toni Garriga

Los distintos modelos arquitectónicos anuncian una nueva batalla ajena al césped y, en consecuencia, a la destreza de los jugadores y al entramado táctico dispuesto por los técnicos

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La presentación del Real Madrid y del Barcelona de los proyectos de remodelación de sus respectivos estadios sitúa al Santiago Bernabéu y al Camp Nou en la carrera por coronarse como el mejor recinto deportivo del mundo del fútbol.

Una mención honorífica para la que también se postularon años atrás el Allianz Arena de Múnich, Wembley en Londres y, más recientemente, el estadio Soccer City de Johannesburgo o el renovado Maracaná de Río de Janeiro.

Los distintos modelos arquitectónicos anuncian una nueva batalla ajena al césped y, en consecuencia, a la destreza de los jugadores y al entramado táctico dispuesto por los técnicos. Así, una nueva fachada y un techo retráctil reivindican un protagonismo que antaño parecía reservado para el rectángulo de juego.

A falta de que los socios del Barcelona aprueben o rechacen en referéndum el proyecto presentado por el expresidente Sandro Rosell el pasado 20 de enero, la junta que hoy lidera Josep María Bartomeu mantiene la apuesta por construir un estadio prácticamente nuevo sobre la estructura del actual.

Así, el Camp Nou pasaría a contar con 105.000 localidades, todas ellas cubiertas, en lugar de las casi cien mil butacas que están disponibles en la actualidad. La primera gradería sería más vertical para asegurar una mejor visibilidad mientras que la tercera se completaría para recuperar la simetría en la parte más alta del Nou Camp Nou. Un nuevo Palau Blaugrana, con capacidad para 10.000 espectadores, y el Espai Barça, donde se integrarían edificios de usos complementarios, coronarían un proyecto cifrado en 600 millones de euros.

Más económica es la propuesta del presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, quien anunció una inversión de 400 millones de euros por techar el Santiago Bernabéu y cubrir el estadio madridista con una piel compuesta por miles de placas LED que vibrará y responderá a las emociones de los espectadores.

Un hotel de lujo ubicado dentro del recinto y un centro comercial serán otras de las novedades de un estadio que empezará a mudar de aspecto este mismo verano hasta llegar a acoger, a partir del año 2017, a 85.000 aficionados, cinco mil más de los que se citan hoy en el feudo blanco.

Menos faraónico es el Allianz Arena, el estadio donde habitualmente juega el Bayern de Múnich, vigente campeón de la Bundesliga y de la Liga de Campeones, entre otros torneos. Con apenas 340 millones de euros de presupuesto, el club bávaro construyó un recinto que cada fin de semana de las últimas tres temporadas recibió una media de 69.000 incondicionales, de 71.000 posibles, reunidos en torno al disfrute que genera el golpeo de un esférico.

Grandes citas futbolísticas, como la final de la Liga de Campeones que en la temporada 2010/2011 enfrentó a Manchester United y Barcelona, acoge desde su inauguración el nuevo estadio de Wembley, construido sobre las ruinas y la mística de su predecesor. Testigo de las grandes fiestas del fútbol inglés, como las finales de la Capital One y de la FA Cup, tiene una capacidad de 90.000 espectadores, lo que le convierte en el segundo estadio más grande de Europa.

El Soccer City de Johannesburgo, sede del partido inaugural y de la final del pasado Mundial de fútbol y con capacidad para más de 91.000 espectadores, arrebató en Sudáfrica la notoriedad que hasta 2010 pertenecía en exclusiva a Ellis Park, el estadio donde se disputó la histórica final de la Copa Mundial de Rugby de 1995. Su cubierta elíptica y su arquitectura dispuesta hacia la comodidad del deportista, sin embargo, desaparecerán del recuerdo el próximo 13 de julio, cuando Maracaná corone al nuevo campeón del mundo.

El estadio construido con motivo de la Copa Mundial de la FIFA de 1950 y escenario de la final entre Brasil y Uruguay, recuperará algunas de las páginas más brillantes de la historia del fútbol. Sin retoques en su fachada, por estar inventariada por el Instituto de Patrimonio Histórico y Artístico Nacional, y con absoluto respeto por su concepción original, la reforma de Macaraná es la menos intervencionista.

Una demostración de que la categoría de los estadios viene determinada por los momentos mágicos que alberga la hierba y no por la ostentación que reflejan los planos.