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Becker afuera, Pereira adentro

Boris Becker, fue una de las grandes figuras del tenis / AP

Boris Becker, fue una de las grandes figuras del tenis / AP

En enero de 1996, el tenista derrotó al alemán en el Abierto de Doha para comenzar de gran forma esa temporada

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El 31 de diciembre de Nicolás Pereira en 1995, no tuvo nada que ver con el del venezolano común. No hubo cohetazo, ni las 12 uvas  -ni 12 horas durmiendo el día siguiente-  , no sonaron las gaitas habituales y las hallacas y el pan de jamón no aparecieron ni por asomo en el menú.  Sí había maletas, pero no en el pasillo de su casa para el acostumbrado ritual, sino en la habitación de su hotel en Qatar, donde iba a disputar el Abierto de Doha por primera vez  y, sin saberlo, iba a inaugurar la temporada más importante de su carrera.

De hecho ni siquiera hubo abrazo de feliz año. O al menos a la hora indicada. A las 10 de la noche y luego de una cena tranquila con los españoles Emilio y Javier Sánchez Vicario y el coterráneo de ellos Tomás Carbonell, Pereira se fue a dormir, ya que al día siguiente empezaba su peregrinar en Doha. “Para nosotros los latinos siempre es particularmente duro no recibir las fiestas con nuestros familiares. Pero siempre uno tiene hermanos en el circuito. Cené con ellos y a dormir. Me tocó empezar el mismo primero de enero la Qualy. Para pasar al cuadro principal tenía que ganar tres partidos. Era duro, pero me sentía muy bien”.

Sin descanso

Y vaya que estuvo intratable. Ganó sus tres encuentros de la clasificación en días consecutivos, el último al canadiense y habitual rival de Copa Davis, Daniel Nestor y se instaló en el cuadro principal. Ya en el main draw, despachó al sueco Jan Apell por 6-3 y 6-4 y su próximo adversario era el legendario y número 4 del mundo Boris Becker, quien había derrotado en un encuentro de alto calibre al sueco Stefan Edberg, otra leyenda viviente.

Era el partido estelar de la jornada. El 4 de enero de 1996 la cancha estaba muy rápida y colmada de público que quería deleitarse con Becker. El escenario ideal para Pereira, quien le encantaba jugar de esa manera. “Me motivó siempre jugar en cancha central. Creo que eso fue clave para derrotar en mi carrera a Sampras, Courier, Kuerten, entre otros. Tenía tenis para jugar contra ellos y era una inyección extra enfrentar a un rival de peso y con estadio lleno”, expresó desde Estados Unidos y antes de reportarse a las transmisiones del Australian Open en ESPN, el mejor tenista que ha tenido Venezuela en su historia.

Gran comienzo

Pese a la diferencia de ranking, Nicolás sabía que tenía posibilidades de dejar atónitos a los árabes. “Yo creía que podía ganar, porque ambos éramos jugadores muy parecidos, de mucho ataque y de mucha potencia. Él sabía que era un jugador muy agresivo. Boris me respetaba y admiraba mi estilo. Tenía mucha confianza. Sabía que se iba a decidir en detalles”.

Y efectivamente, así fue. El primer set se lo quedó Pereira por 7-6 (4), en un set donde ninguno se quebró el servicio y más allá de los cañones de Becker, el oriundo de Salto, Uruguay, pudo mantenerse firme. “No le di oportunidades para que quebrara mi servicio. Saqué muy bien y jugué con mucha concentración los puntos clave del set. Me sentía muy suelto en la cancha”.

Becker no quería quedarse “game over” tan temprano y se adueñó del segundo set, también en otro tiebreak y con el mismo resultado del desempate del primer set: 7-4. Otra vez fueron detalles. “Yo estaba jugando increíble, pero con un rival como Becker no puedes fallar. Era muy difícil devolverle”

Ya eran dos horas de partido. Pereira arrastraba un cansancio considerable y debía lidiar con el número 4 del mundo en el set definitivo. En Qatar no comprendían la paridad del partido y la gama inagotable de recursos del venezolano.

Saque a saque. Punto a punto. Todo seguía igual. Ninguno cedía un error no forzado. Cada quien salvaba su servicio y se veía incapaz de romper el del rival. Pese a los ¡28 aces! de Boris, Pereira no claudicaba y estaba convencido que podía inscribir su nombre en la siguiente fase. Ante tanta paridad, era predecible un tiebreak. Y en el tercer desempate del partido, llegó el momento clave, ese en el que Pereira finalmente supo que estaba a un click de derrumbar una torre de aquellas. “Todo el partido fue durísimo. Estaba para cualquiera. Pero pude colocarme doble break arriba en el tiebreak del tercero y ahí sabía que era mi momento. Él salvó un match point con su saque pero luego pude cerrarlo con mi servicio y le gané. Fue uno de los partidos en los que mejor competí en mi carrera. Un triunfo inesperado pero muy especial. Me salió todo. Estaba feliz”

Y luego tras 182 infartantes minutos de un espléndido tenis, se concretaba el batacazo en Doha. Nicolás Pereira sería portada en todo el mundo al día siguiente y colocó en las páginas deportivas mundiales a Venezuela, algo que excepto con los grandes ligas y alguna gran noche de Carl Herrera en la NBA con los Rockets, sucedía de manera efímera.

Charla de amigos

Más allá de la molestia por haber sido sorprendido en las primeras de cambio, Becker conversó distendidamente con Pereira en el hotel y además de felicitarlo por su triunfo, le deseó lo mejor para el resto del torneo. “Fue un gesto de grandeza de Boris. Me felicitó por el partido y me dijo que le gustaba mucho mi estilo y que tenía tenis para aspirar a un ranking mucho más alto. También me dio algunos consejos y le eché algo de broma, pero con respeto. Me demostró que se preocupaba por mí y que era una gran persona. Siempre fue muy bondadoso conmigo y hoy mantenemos una gran amistad. Eso sí, cuando nos vemos no hablamos de Doha”.

Fusilado

Al día siguiente y aún sin poder digerir bien lo que había sucedido la noche anterior, Pereira tuvo que jugar a la una de la tarde ante el alemán David Prinosil con el que terminó cediendo en cuartos de final. “Me dio mucha molestia. Estaba muy cansado. No pude dormir mucho y me pusieron a jugar en otra cancha con muchísimo calor y a la una de la tarde. Estaba fusilado. Gané el primer set y luego no pude más. Creo que los organizadores no estaban nada contentos porque había eliminado a la estrella del torneo”.

Fue un viaje inolvidable para Pereira. Se demostró a sí mismo que tenía material para tutearse con lo más granado del tenis mundial, ascendió varios puestos en el ranking y aparte quedó impactado con los contrastes del mundo árabe. “Recuerdo que para mí fue una experiencia única por el hecho de que me impresionó la ciudad. Tuvimos chance de sobrevolar el desierto y me quedé impactado por cómo estaban construyendo. Veías arena, arena, arena y de repente, pum: dos palacios con todos los lujos posibles. Estaban empezando a diseñar la ciudad magnífica que es hoy en día. Me encantaría volver”.

El triunfo de Nicolás tomó mucha más relevancia cuando, dos semanas después, Boris Becker se alzó con el Abierto de Australia. En ese 1996, Pereira derrotó al número 1 en ese entonces, Thomas Muster, en el viejo Lipton de Miami y meses después ganaría su segundo torneo ATP en el pasto de Legg Mason para alcanzar el puesto 74 del ranking, el más alto de su carrera. Vaya que rindió frutos recibir el año nuevo durmiendo. Hizo que despertara su tenis.