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Armstrong: Del éxito a la trascendencia

Armstrong reconoció la semana pasada lo "difícil" que habían sido los últimos días

Armstrong reconoció la semana pasada lo "difícil" que habían sido los últimos días

El tema más grave del caso Armstrong, no es quizá el hecho del propio dopaje, que ya por supuesto lo sería en caso de probarse. Lo más grave quizá sería el erigir a un ídolo y referente de muchos, a través del uso inadecuado de ventajas accesorias

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Nunca olvidaré cuando me regalaron mi primera banda amarilla, con la cual tan solo al ponérmela me sentía una especie de super héroe poderoso, repitiéndome una y otra vez a mi mismo “Vive fuerte Maickel, vive fuerte”. (LIVESTRONG)

¿Quién no ha jugado cuando niño a ser super héroe?, ¿Quién no ha soñado tener grandes poderes para construir leyendas y conquistar aventuras? Algunos para conseguir brillantes tesoros, otros en nombre de los más elevados ideales humanos.

Muchas veces he hecho pública mi admiración profunda hacia Lance Armstrong. Publiqué sus frases, leí sus libros, compré su línea de ropa, lentes, celebré sus triunfos, humanos y deportivos. Creí en él y su estilo de liderazgo, donde ganar una carrera, era a la vez impulsar a millones a ganar sus propias carreras por la vida.

Sin embargo, casi tres meses después de haber sido sancionado a perpetuidad, y desposeído de todos sus logros deportivos, por presunta implicación por dopaje, he sentido que aquel héroe, aquel ídolo del cual sacaba mis fuerzas para ser mejor, cayó de su pedestal y ascendió a uno quizá mas alto todavía; se volvió un ser humano.

Lo que acabo de decir no justifica nada. En caso que Lance ciertamente se haya dopado, mi posición es muy clara; EL DEPORTE ES GRANDIOSO Y EL DOPARSE NO ES JUGAR LIMPIO.

Para mi, aunque hacer deporte es estimular la vida, hacerlo limpio es hacer de la vida algo digno, honesto y sustentable en el tiempo. Por tanto, una verdadera victoria.

Si eliges competir, eliges medirte y superarte a ti mismo. La única forma de ganar, es logrando ser mejor de lo que creíste jamás. Esa es la verdadera meta y tus competidores son solo gasolina para impulsar ese sueño de ser tu mejor versión.

Sin embargo, yo no soy nadie para juzgar a nadie. Como bien decía Jesus de Nazaret “quien esté libre de pecado, que lance la primera piedra”.

Lance, sin importar cual sea su próxima confesión, pasó de ser aquel Dios del Olimpo a ser alguien vulnerable, con la capacidad de fallar como todos nosotros. Con ello, me devolvió el poder que le había otorgado de darme fuerzas, obligándome a buscarlas dentro de mi. Me permitió explorar mi propia vulnerabilidad y darme cuenta de que es tan importante ser fuerte para algunos casos, como saberse débil en otros. Que ganar a otros no es tan relevante como vencer las tentaciones del ego que nos desvían de nuestra esencia y posibilidad humana.

El tema más grave del caso Armstrong, no es quizá el hecho del propio dopaje, que ya por supuesto lo sería en caso de probarse. Lo más grave quizá sería el erigir a un ídolo y referente de muchos, a través del uso inadecuado de ventajas accesorias. Lo más grave quizá es la incongruencia entre lo que invito a ser y lo que soy en realidad.

Yo hoy le doy las gracias a Lance por su esfuerzo en el deporte, por sus emocionantes títulos, por su espíritu para lograr ganar su carrera contra el cáncer y por construir una organización que inspiró a miles a luchar por su vida.

Pero por sobre todo, le doy las gracias por darme a entender que todos estamos aquí para aprender y somos maestros de nuestra propia experiencia. Que podemos fallar, y aceptarnos como somos. Que la verdadera fuerza no ha de buscarse en verdades artificialmente construidas.

Yo hoy me despido del ídolo y abrazo al ser humano, al que no juzgo, sino que aspiraría verlo aceptando sus derrota y construyendo triunfos sustentables sobre el trofeo de la verdad, sea cual sea.

Nada está terminado para Lance. Ahora es que le toca demostrar con humildad de qué está hecho. Así como ahora es que se inicia un camino para los que lo seguimos, aprendiendo de sus supuestos errores, para no caer en nuestras propias trampas.

Porque en esta vida, mucho más importante que ser exitoso, es ser trascendente y eso requiere en asumirse, como una gran responsabilidad.