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Anzoátegui mira el título desde un paso más cerca

Daniel Faría / Williams Marrero

Daniel Faría / Williams Marrero

El cuadro oriental venció al Caracas (1-0) y quedó como el líder solitario del torneo

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Los empujones con los que bajó el telón en Puerto La Cruz reseñan muy bien el duelo que libraron Anzoátegui y Caracas anoche (1-0). Una batalla a campo abierto, con fuego cruzado, patadas arteras, un expulsado y un golazo, que tuvo la firma del panameño Rolando Escobar y que colocó al cuadro portocruzano varios pasos más cerca de su gran objetivo en este semestre: conquistar el título del Apertura.

Caracas había preparado un plan especial para visitar el parque oriental, donde la leyenda cuenta que el cuadro local es invencible. Los números certifican aquello, pues con el de ayer son 16 los partidos seguidos que el Anzoátegui cuenta como victoria en su terruño.

Para aumentar esa cifra fue determinante el tiro libre que Rolando Escobar convirtió en un golazo. La falta, bastante cerca del borde del área, exigía un cobro casi perfecto, como lo fue el del panameño, con la medida de potencia justa para superar la barrera y a tiempo para caer debajo del travesaño.

Con la pelota en la red, el plan de Ceferino Bencomo se fue al piso. Y con el, la moral de un equipo que sabía de las estadística que tenía en contra. Edgar Jiménez tuvo que convencer, casi uno por uno, a sus compañeros, que reaccionaron después de la pelota que el capitán rojo envió al travesaño y que luego picó sobre la línea.

En un partido que creía con clima desértico, Anzoátegui consiguió un oasis en las bandas de la retaguardia roja. Ahí apuntó a sus cohetes, Robert Hernández y José Miguel Reyes, con los que fue descosiendo la zaga roja.

Ofensivamente Caracas dependía de los arrebatos de su capitán. Jiménez con una visión de juego más que comprobada, fue el único capaz de encontrar espacios en la bien parada defensa oriental. De sus botas nació el desborde de Amaral que Aristeguieta conectó ligeramente desviado.

Con el reloj en contra, Bencomo sacó su caballería con los extranjeros Sebastián González y Rino Lucas, sin embargo, lo más cerca que estuvieron del gol fue en un penal que fingió el segundo de ellos y que el árbitro Suárez no picó.

Una triquiñuela de González sobre el final, impidió que Morales llegara a un centro y permitió que Machado cabeceara a la red un gol que terminó siendo bien anulado. Una jugada que desencadenó los empujones con los que terminó el partido y que sirven para fotografiar un encuentro sumamente reñido que se definió con aquel disparo de seda de Escobar.