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Gabriel Cichero / Reuters

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Venezuela recibe a Uruguay con la posibilidad de poner un pie en el repechaje

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La Vinotinto ha esperado más de 20 años para jugar un partido como el de esta noche contra Uruguay (7:30 pm). El cuadro celeste, un animador habitual de los grandes torneos mundiales en la última década es el muro que separa hoy a Venezuela de acariciar, al menos, el puesto que da acceso al repechaje. Una victoria en el repleto estadio de Cachamay significaría un paso determinante ya que estiraría la ventaja hasta seis puntos cuando ya casi no queda arena en reloj.

"Es un partido bisagra, ganándoles prácticamente los sacamos de la carrera", opinó Oswaldo Vizcarrondo, quien cree que el duelo tiene un valor psicológico más allá de lo matemático.

"Ganar sí que sería importante", matizó el capitán Juan Arango. 

Con cada jornada, el camino hasta el Mundial pasa de ser una autopista en la que todos tienen la ilusión de llegar hasta ser apenas un puente angosto en el que solo unos pocos logran cruzar. Un paso en falso podría hacer que la Vinotino perdiera la ventaja de depender de si mismo y reduciría el margen de maniobra.


Garra nativa. El mensaje desde adentro del vestuario es que para celebrar esta noche, Venezuela debe volver a ser el equipo intenso que fue en la Copa América y en la última vez que pisó este estadio, cuando recibió a Colombia. Esa filosofía parte de admitir que gramo a gramo el rival tiene más peso por lo que hay correr más que ellos para poderlos vencer.

"En algún momento perdimos la mística, esa agresividad en la cancha y contra Colombia volvimos a ser esa plantilla", admitió Vizcarrondo. "Debemos tener compromiso, intensidad y recuperarnos rápido en cada jugada", ordenó Tomás Rincón, quien con su sacrificio y entrega ejemplifica como nadie lo que el técnico César Farías del resto del equipo. Las frases de Rolf Feltscher: "Ganaremos si metemos el corazón en la cancha", o la de Dani Hernández: "Para ganar tendremos que sudar sangre", muestran el lado más combativo de un grupo que amenaza mostrando los colmillos.

No obstante, detrás de ese discurso que apela a la épica, el cuadro venezolano también guarda algunas cartas que se jugarán una vez sobre el terreno de juego. "Tenemos dos o tres cosas con las que hacerles daño", reveló Fernando Aristeguieta sobre el plan de juego. "Seguro será un partido abierto, quizás más abierto que ningún otro", vaticinó Rincón. Por su parte, Juan Arango cree que la necesidad de ambos se traducirá en un partido muy peleado. "Los últimos partidos con Uruguay han sido muy físicos y no creo que este sea distinto". 

Frente a esos ingredientes, César Farías cree que su grupo tiene la madurez para afrontar un reto de esta magnitud. Hace cuatro años, el mismo entrenador llegó a esta misma instancia con algo menos de gasolina y tras empatar ante este mismo rival, las opciones comenzaron a diluirse. "No tenían la misma experiencia, ni jugaban en las mismas ligas, y eso te da tranquilidad para afrontar esto", afirmó el seleccionador. A su mando estará la zurda del ya histórico Arango, el orgullo nacionalista de Rincón, la potencia de Salomón Rondón y el aliento de tres o cuatro generaciones de futbolistas venezolanos que hubieran querido tener una oportunidad como esta de ganar y acariciar, al menos, un puesto en el repechaje.