• Caracas (Venezuela)

Demetrio Boersner

Al instante

El torrente liberador

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Creemos que, pese a las recientes discrepancias tácticas entre las dos tendencias existentes en el seno de la oposición democrática venezolana, esta volverá al cauce de la unidad y constituirá, frente al régimen opresor, un solo movimiento irresistible. Nuestra confianza en la unidad democrática y su victoria se basa en la apreciación de las circunstancias y fuerzas objetivas que condicionan la lucha política actual.

En primer término, el régimen gobernante cosecha hoy los frutos amargos de tres lustros de mal ejercicio del poder, en nombre de un falso “socialismo” militarista que terminó por destruir la economía del país y por trastornar su sociedad. Toda la gestión pública fue puesta al servicio de la ambición mesiánica de un caudillo, voluntarista y de visión histórica desfasada, que despreció las normas elementales, tanto de la buena política que requiere previsivos análisis de la correlación de fuerzas, como de la buena economía que exige prestar igual atención a la producción que a la distribución de la riqueza nacional. Por la descomunal bonanza financiera de más de un decenio de duración, la crisis inevitable pudo ser postergada de año en año, hasta que el derrumbe de los precios petroleros dejó al desnudo la miseria de un país que destruyó su aparato productor interno quedando dependiente de importaciones y profundamente endeudado, ya que despilfarró los enormes recursos monetarios que le permitirían evitar un colapso. Ante tal situación desastrosa, el gobierno –diga lo que diga– no puede estar sino a la defensiva y predispuesto a retiradas.

En segundo lugar, la sustitución del caudillo carismático por gobernantes más rudos, además del empeoramiento de las condiciones de vida por la inflación, el desabastecimiento y la criminalidad rampante, ha debilitado al régimen frente al pueblo que una vez creyó en él. Al mismo tiempo se han profundizado sus divisiones y rivalidades internas (fenómeno debilitante aunque por un tiempo puede endurecer las actitudes). 

El tercer gran factor desfavorable para el autoritarismo y positivo para la democracia es el extraordinario fortalecimiento del repudio internacional a las medidas represivas del régimen venezolano, y de las correspondientes presiones a favor del diálogo y una eventual transición. En esa evolución, juega un importante papel la nueva política cubana: mientras antes impulsaba a Venezuela hacia un mayor rigor estatista y autoritario, hoy el gobierno de La Habana más bien emite mensajes de flexibilidad y pragmatismo.  

Ante esta dinámica objetiva multifacética, se hace difícil que la oposición democrática deje de hacer esfuerzos importantes para superar los recientes malentendidos y fortalecer su unidad. Sus dirigentes tienen divergencias ideológicas y de ambición personal, pero en su casi totalidad son hombres y mujeres de elevada inteligencia y sentido de responsabilidad ante el pueblo y ante la historia. Sobre todo las bases populares y de clase media, que masivamente votaron en las primarias y también masivamente acudieron al acto de masas del 30 de mayo, no tolerarán otra cosa que lo que ya viene encaminado: un colosal e invencible movimiento que busca la liberación de Venezuela por la vía electoral sin dejar de manifestarse en las calles dentro del marco de la ley y sin violencia. Los sucesos de los pasados días demuestran que el pueblo democrático se niega a escoger tajantemente entre una vía electoral y otra vía callejera, sino que acoge ambas, como dos vertientes que desembocan en un solo torrente liberador.

 

demboers@gmail.com