• Caracas (Venezuela)

Demetrio Boersner

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¿Cómo salir de abajo?

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En la Venezuela de los años noventa surgió un vacío de poder por el deterioro de los partidos democráticos y la incompetencia de las “fuerzas vivas” que conspiraban para reemplazarlos en el mando. Era inevitable que surgiera un “árbitro” para llenar el vacío. Por desgracia, el caudillo “árbitro” creó un régimen desastroso que extremó la demagogia populista, combinó el autoritarismo con la mayor incapacidad económica y administrativa y se convirtió en marco protector de una cleptocracia.

El infortunio venezolano se enmarca en un desmejoramiento mundial cuyas características ya esbozamos en un artículo anterior. Al orden burgués liberal del siglo XIX, lleno de avances morales y culturales, le siguió el período cruel del auge totalitario y de las dos guerras mundiales. Tras esa etapa traumática vino un nuevo lapso de ascenso esperanzador: las “tres décadas doradas” posteriores a la victoria aliada sobre el fascismo. Pero desde 1975 en adelante, las bases económicas y sociales del orden mundial entraron en crisis: agotamiento del modelo industrial de la posguerra, tercera revolución  tecnológica, ciclos de inflación y recesión, contrarrevolución neoconservadora, división y derrotas de los trabajadores y de los países en desarrollo, descrédito del socialismo democrático (confusamente afectado por el colapso del comunismo), desconcierto cultural y doctrinario. A partir del año 2001, a lo anterior se le han sumado los flagelos del terrorismo, de la criminalidad organizada y del espionaje cibernético. Se ha debilitado la cohesión social y las personas se sienten solitarias y angustiadas.

Sin embargo sigue existiendo y se reafirmará la libre voluntad del ser humano. Contra viento y mareas, en definitiva “el hombre hace su propia historia” (afirmación en la cual coinciden los más relevantes pensadores del socialismo, del liberalismo y de la religión judeocristiana). Las mudas o explícitas expectativas y exigencias de las multitudes desamparadas necesariamente generarán el surgimiento de nuevas propuestas  por parte de quienes se sienten llamados al activismo político.

Propuestas nuevas, pero que al mismo tiempo deberán ser “viejas”, en el sentido de reformular, en términos ajustados a la realidad actual, grandes visiones programáticas e incluso utópicas que conservan su vigencia a través del tiempo y señalan senderos válidos para el progreso humano. Los cambios tecnológicos y sus impactos sociales no invalidan ciertas realidades estructurales de mayor duración. El capitalismo o economía de mercado bajo control privado, formado históricamente a partir del siglo XV, sigue siendo el sistema predominante en el mundo contemporáneo. Los proyectos socialistas (democráticos) plantean la democratización de dicho sistema mediante su sujeción a controles sociales. En posición intermedia se ubican corrientes políticas centristas, de corte liberal o socialcristiano. Esencialmente, el gran debate futuro debería darse entre una centroizquierda nucleada en torno a la socialdemocracia, y una centroderecha de persuasión neoliberal.

Universalmente, estos dos actores políticos de ideas económicas contrapuestas pero acordes en cuanto a la libertad y la tolerancia, deben desligarse de extremismos ideológicos que en la crisis actual han resurgido con fuerza: ultraderechas neofascistas y ultraizquierdas que reproducen las peores desviaciones dogmáticas del bolchevismo tanto de Stalin como de Trotsky.

Estos extremos confunden los espíritus y complican la política real.

En el campo de la centroizquierda socialdemócrata es importante, en ese sentido, el deslinde frente a un izquierdismo delirante y neobolchevique que solo tiende a fortalecer los argumentos de la derecha. Quisiéramos volver sobre este tema en otra ocasión.

 

demboers@gmail.com