• Caracas (Venezuela)

Demetrio Boersner

Al instante

La paz de los valientes

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Hace setenta años cesó el fuego en toda Europa, por la rendición incondicional de Alemania nazi en conformidad con la exigencia de las potencias aliadas. El continente había sufrido un baño de sangre y lágrimas, pero quedó liberado por fin de la tiranía más obscurantista y criminal de todos los tiempos. Esa liberación fue el fruto de una resistencia antifascista de heroísmo impar y de larga duración.

Los primeros resistentes antifascistas, que pagaron con sus vidas o con torturas y largos arrestos, fueron los trabajadores que quisieron defender sus sindicatos de la arremetida fascista, junto con grupos democráticos y progresistas de otros sectores sociales. 

A partir del año 1934 entraron en la resistencia los etíopes y otros pueblos víctimas del expansionismo territorial fascista. De 1936 a 1939, España fue el primer campo de batalla de dos bloques ideológicos globales –el que cree en la igualdad humana y el que la niega– y su pueblo republicano se inmortalizó ante la historia. En aquellos años, los defensores de la libertad no solo enfrentaron la saña fascista directa, sino también el cinismo de los grupos industriales y bancarios internacionales que apoyaban  y financiaban el nazi-fascismo, ya que “con Hitler se pueden hacer buenos negocios”, además de que lo veían como su  mejor paladín frente al comunismo. Ese mismo espíritu cínico y reaccionario inspiró luego la diplomacia entreguista de Munich.

A partir de 1939, la bota nazi-fascista pisó la mayor parte de Europa, pero  los pueblos  pasaron a la resistencia sin esperar instrucciones. En todos los países se multiplicaron los contingentes de hombres y mujeres patriotas y solidarios que combatieron y sufrieron. Por otra parte, la nación británica –pueblo, élites y gobierno unidos bajo la conducción de Churchill– vivió su “hora más excelsa” y en combate solitario frenó la formidable maquinaria bélica del Tercer Reich. 

Siguió la etapa de la guerra en grande, paneuropea, norafricana,  mesoriental y atlántica. Durante tres años (1941-1944), el pueblo soviético y el Ejército Rojo soportaron la carga principal de la resistencia antinazi en su conjunto. En lucha titánica, soldados soviéticos y alemanes se combatieron y se aniquilaron recíprocamente sobre las inmensas planicies de la “madre Rusia”, de Ucrania y otras porciones de de la URSS. La crueldad nazi ayudó a que toda la población civil soviética entrara en el combate y que este adquiriera un extraordinario carácter guerrillero y popular al margen de las operaciones oficiales. La URSS perdió unos 20 millones de vidas: una sexta parte de su población entera. 

Al mencionar esta cifra no quiero disminuir en nada el heroísmo de los demás aliados. Los norteamericanos, junto con los británicos que no dejaron de pelear ni por un instante, los franceses libres, y los italianos antifascistas y tantos otros, realizaron proezas de valentía y autosacrificio memorables. El desembarco en Normandía el 6 de junio de l944 jamás será olvidado.

En Europa del centro-este, los bravos polacos, los insurgentes y guerrilleros judíos, los checos que ajusticiaron a Heydrich y lo pagaron en Lídice, los “partisanos” yugoslavos del mariscal Tito, y todos los demás pueblos valerosos, incluidos los admirables resistentes alemanes en rebelión contra su propio régimen: loor y gloria a todos ellos. 

Este recuerdo respetuoso también debe incluir a los soldados alemanes y de otros países del Eje que cumplieron su deber militar en forma decente y no se mancharon las manos con crímenes de guerra.

 

demboers@gmail.com