• Caracas (Venezuela)

Demetrio Boersner

Al instante

Demetrio Boersner

La democracia es una sola

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

En la actualidad se nota –sobre todo en los países desarrollados del Occidente– una sensación de decepción y de fastidio de muchos ciudadanos, frente a lo que perciben como un “anquilosamiento” de los partidos democráticos y como un distanciamiento entre ellos y la llamada “clase política”. De esa insatisfacción con los partidos democráticos tradicionales nacen peligrosas reacciones de apego a partidos nuevos, no democráticos sino personalistas y demagógicos, ya sea de extrema derecha como el Frente Nacional en Francia, o de extrema izquierda como Podemos en España.

No es la primera vez en la historia contemporánea que ocurre este fenómeno, que siempre aparece en tiempos de dificultades económicas y sociales. En épocas de prosperidad, en cambio, la democracia representativa y los partidos tradicionales recuperan la aceptación y la confianza de la sociedad. En Alemania entre las dos guerras mundiales, la República de Weimar y sus partidos políticos democráticos funcionaron bien durante los pocos años de relativa prosperidad, pero la recesión con alto desempleo a partir de 1930 desprestigió al sistema democrático representativo y abrió las puertas a Adolf Hitler. Asimismo, en la Venezuela de los años 1981-1998, las crisis económicas incesantes y multiformes fueron quizás las causantes principales del creciente desprestigio de AD y Copei, y del ascenso del régimen personalista, autoritario y demagógico de Hugo Chávez.

Infortunadamente, algunos sectores de la izquierda democrática internacional (sobre todo en Europa) no buscan la explicación de estos fenómenos en la causalidad económica que, según la tradición teórica socialdemócrata, es la determinante histórica de “última instancia”, sino se dejan arrastrar por observaciones políticas cortoplacistas. Caen entonces en la trampa de conceder credibilidad a los planteamientos del comunismo o socialismo dictatorial en el sentido de que la democracia representativa sería “burguesa” y debería ser superada y sustituida por “nuevas” formas de democracia: “participativa”, “directa” o “comunitaria”. Aun reconociendo que el comunismo y el populismo de tendencia socialista-dictatorial son rechazables, se ufanan en encontrarles “aspectos positivos” y sobre todo en coincidir con su crítica a la democracia representativa, pluralista y tolerante que es y seguirá siendo –en cualquier región del mundo, incluida América Latina y el Caribe– la única base sólida y fructífera de una libertad que garantice la posibilidad de luchar en forma no violenta por un orden social más igualitario, justo e incluyente.

De ningún modo queremos negar que la democracia existente en el mundo debe ser perfeccionada. Es necesario y deseable que, además de la representatividad de las instituciones, se fortalezca cada vez más la participación (constante y a todos los niveles) de la ciudadanía en el manejo o administración de la vida colectiva. ¡Pero esto debe ocurrir en forma aditiva y no sustitutiva! La democracia representativa y pluralista que existe debe ser ampliada y profundizada, para que crezca la participación de todos en las decisiones y en el disfrute del bien común. En ningún caso debe ser echada por la borda –como lo hacen los comunistas y en gran medida los chavistas– la tradicional democracia representativa y el Estado de Derecho, plasmados en nuestra Constitución.

A diferencia de cierta izquierda ilusa, no creemos en “terceras vías” entre el socialismo democrático (que defiende la democracia representativa y procura ampliarla con mecanismos participativos) y el socialismo dictatorial o comunismo (que en nombre de la “participación directa” asfixia cualquier democracia). Estas dos fórmulas pueden dialogar o discutir, pero difícilmente entenderse o abrir espacio a terceros.