• Caracas (Venezuela)

Demetrio Boersner

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Venezuela y Cuba: buenos y malos momentos

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Nadie duda de que entre Venezuela y Cuba existe una histórica similitud etno-cultural y una empatía entre pueblos que ningún desacuerdo político podrá borrar. Desde los tiempos de la Colonia española y de los anhelos cubanos de soberanía, inspirados por el ejemplo venezolano –“Soles y Rayos de Bolívar”–, estas dos naciones caribeñas (pues Venezuela, como lo afirmó Uslar entre otros, es caribeña antes que suramericana) han vivido en simbiosis y más frecuentes han sido sus encuentros que sus desencuentros.

Desde los comienzos del siglo XX existe una evidente solidaridad entre los sectores populares y la intelectualidad rebelde de Cuba y de Venezuela en agónicos anhelos de liberación, apoyados después de 1910 por los voceros de la Revolución Mexicana. Los años 1930 y 1940 constituyeron  para ambos pueblos una época de creciente desarrollo en libertad. La Venezuela pos-Gómez y la Cuba pos-Machado vivieron procesos de democratización política (no lineal sino accidentada, pero inconfundible en su tendencia general). Ambos países –Cuba más que Venezuela, que sufrió el freno del rentismo petrolero– avanzaron económica y socialmente, diversificando y sofisticando su producción, y desarrollando clases trabajadoras, medias y empresariales modernas, conscientes y creadoras. En ese sentido es falsa la leyenda, difundida por el castrismo y la izquierda boba internacional, de que Cuba, antes de la revolución de Fidel, había tenido carácter de “colonia” inerme en manos de un imperialismo explotador y obsceno.  Lejos de ser una neocolonia atrasada, la Cuba capitalista prerrevolucionaria tuvo una de las burguesías nacionales  relativamente más dinámicas de América Latina y su nivel de “soberanía” tecnológica y empresarial fue elevado, permitiéndole avanzar gradualmente hacia una creciente independencia de tutelas económicas yanquis. En lo concerniente a doctrinas y programas políticos y sociales liberadores y progresistas, Venezuela y Cuba avanzaron a ritmo similar en el período mencionado, y los contactos y diálogos entre sus corrientes de centroizquierda y de izquierda democrática formaban parte de un vasto intercambio cultural e intelectual general entre las dos naciones hermanas.

Como lamentables productos de la Guerra Fría, las dictaduras de Pérez Jiménez y de Batista interrumpieron la marcha paralela de Cuba y Venezuela hacia un desarrollo autónomo en libertad y con afán de equidad  social. Después, lamentablemente, sus respectivos procesos de liberación  divergieron por razones objetivas que detallaremos en otra oportunidad, y surgió el trágico conflicto entre reforma y revolución, que prolongó y exacerbó en América una Guerra Fría que en otros continentes tendía a volverse menos intensa, a la vez que dio nuevo impulso a tendencias despóticas que en 1958-59 parecían superadas.    

Después de la ruptura y la hostilidad recíproca de los dos gobiernos entre los años 1961 y 1968, sin embargo, comenzó un reacercamiento que  alcanzó su mejor nivel a raíz de los reiterados y amistosos encuentros entre gobernantes venezolanos y cubanos durante los años setenta y ochenta.  Hay mucho más que decir sobre este tema, que debe ser ampliado y abordado creativamente en estos momentos en que Cuba emprende un nuevo rumbo liberalizador, que Venezuela pronto se verá forzada a imitar, aunque su régimen reaccionario no lo quiera.

 

demboers@gmail.com