• Caracas (Venezuela)

Demetrio Boersner

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Demetrio Boersner

Socialistas contra el chavismo

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Los demócratas de Venezuela se sienten agradecidos con Felipe González, ex presidente del gobierno de España y ex líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), por su ofrecimiento de asesorar a los defensores legales de Leopoldo López y Antonio Ledezma, presos políticos del autoritario régimen venezolano. No es el primer gesto de solidaridad de Felipe González con el pueblo de Venezuela y sus dirigentes democráticos.  Desde los días en que el chavismo comenzó a dar sus primeras señales de personalismo autocrático y de apego a ideas de corte estalinista y fascista, Felipe González, junto con otras grandes figuras del socialismo democrático mundial, ha venido alzando su voz de protesta. 

Igualmente cabe destacar, con sentimiento de viva gratitud, el pronunciamiento del actual líder (secretario general) del PSOE, Pedro Sánchez, cuyas palabras son muy importantes, ya que deben reflejar un consenso mayoritario del movimiento político que dirige y del cual será candidato para gobernar a su país. Según informan las agencias AFP y Efe, Pedro Sánchez dijo sobre el gesto de Felipe González lo siguiente: “Aun siendo una decisión personal, quiero que tengan claro que tiene el apoyo rotundo del PSOE en esta defensa de la libertad, de la democracia y de la excarcelación de presos políticos en Venezuela”.

Lejos están los días en que los socialistas democráticos de Europa vacilaban en condenar los desmanes del chavismo ya que, por adhesión sentimental a conceptos y símbolos, les repugnaba estar en contra de alguien que decía (aun en evidente tono demagógico) ser defensor de  los desposeídos contra malvados “oligarcas”, y abanderado del “socialismo”.  En aquellos tiempos –cuando España y el PSOE sufrían la influencia de un Moratinos, y también en el resto de Europa y del mundo los “progresistas” aplaudían al caudillo venezolano–, la izquierda y la centroizquierda democráticas de Venezuela sufrían una amarga soledad, que ahora, afortunadamente, está superada.

En meses recientes, por la agravación de la represión oficialista y del desastre económico y social en Venezuela, ha surgido una división clara, en las filas de la izquierda mundial, con respecto a la situación de nuestro país. De un lado están los socialistas democráticos o socialdemócratas que, a través de sus partidos nacionales, y en la Internacional Socialista, el Parlamento Europeo y otras instancias deliberantes de alto nivel, exigen la liberación de los presos políticos y el cese de la represión en Venezuela, así como la apertura de un diálogo auténtico que conduzca a la democratización del país. Por el otro lado se encuentran los partidos comunistas y otros de extrema izquierda agrupados en un movimiento internacional nostálgico de los tiempos anteriores a la caída del Muro de Berlín. Estos se niegan a compartir las condenas mayoritarias a los desmanes del gobierno de Maduro y se preocupan por una presunta conspiración de derecha, pero admiten que la “revolución” venezolana está fallando en muchos aspectos.

Parece poco probable que los actuales intentos del presidente Maduro, de utilizar la presunta “amenaza” estadounidense para encubrir la crisis del país, logren hacer variar la posición de repudio que el socialismo democrático mundial ha adoptado hacia su régimen. Son de sobra conocidas en el mundo entero las razones que invoca el presidente norteamericano para sancionar, no a Venezuela como nación, sino a siete personajes venezolanos acusados de hechos graves. De día en día, se aclaran más las cosas.

 

demboers@gmail.com