• Caracas (Venezuela)

Demetrio Boersner

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Demetrio Boersner

Señales de cambio

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Como lo señalan numerosos comentaristas venezolanos y extranjeros, la detención inconstitucional e ilegal del alcalde Antonio Ledezma, y la agravación general de la represión en el país, constituyen síntomas inconfundibles de pánico y de desesperación por parte del régimen chavista-madurista. Con sus atropellos contra opositores y disidentes, y con sus continuas denuncias de presuntos “golpes” y planes “magnicidas”, la autocracia trata de desviar la atención de la población de los desastres de inflación, desabastecimiento y desorden generalizado, que se tornan más angustiantes de día en día y generan una creciente indignación popular. Al mismo tiempo, sabiéndose seguro perdedor de las venideras elecciones parlamentarias, el régimen anhela provocar a los demócratas para que abandonen su acertada opción por la lucha electoral, pacífica y legal, y recurran a la violencia, que podría servir de pretexto para la proclamación de un estado de emergencia y el aplazamiento “sine die” de las elecciones.

Apoyamos la posición de los opositores que defienden la opción electoral como la vía práctica y eficaz para poner fin a la dictadura del oficialismo sobre las instituciones. Sin embargo, también nos unimos a quienes insisten en que el electoralismo no basta, y que debe ser complementado por una gran movilización de los demócratas para hacerse presentes en todas las luchas y protestas no violentas de la población, e ir creando cada vez mayor conciencia de la necesidad de poner fin a las prácticas despóticas, restablecer la vigencia efectiva de la Constitución, e impulsar las urgentes reformas económicas que nos saquen de la actual crisis extrema. Por ello, rechazamos tanto la posición de “electoralistas” extremos que menosprecian toda acción de “calle”, como la de ciertos radicales que desconocen la efectividad que el voto tiene incluso bajo régimen autoritario, y sueñan con salidas inmediatas carentes de base en la realidad.

Si la oposición democrática logra el objetivo de unir la acción electoral a una movilización enérgica pero no violenta hacia la “calle”, se puede prever un avance del país hacia un punto de quiebre, en el cual el régimen, pese a su enorme terquedad, deberá rendirse ante la necesidad de dialogar e incluso de compartir el poder. En este sentido, queremos señalar que no favoreceríamos una prematura salida completa del chavismo del poder. El chavismo es el culpable del enorme desastre económico, social, político y moral en que ha caído la nación venezolana, y debe ser obligado a reconocer sus errores y a participar en las nuevas políticas (algunas tal vez impopulares) que habrá que adoptar para remediar estos males. En ningún caso debería dársele la oportunidad de irse temprano, ocultar sus responsabilidades, y a la postre convertirse en oposición vocera de inconformidades populares, a la manera del peronismo en Argentina.

Por último, cabe destacar el poderoso efecto contrario al régimen venezolano, del galopante crecimiento de la indignación internacional frente e sus desmanes represivos. En las últimas semanas, no solo los partidos socialdemócratas del mundo, miembros de la Internacional Socialista, se han unido de lleno a los partidos de derecha democrática en comunes condenas de la represión en Venezuela, sino hasta movimientos de izquierda radical, que hasta hace poco apoyaban al chavismo y comían de su mano, han comenzado a emitir declaraciones de severa crítica a sus anteriores camaradas. Una organización tan comprometida con el chavismo como lo es el partido Podemos de España acaba de condenar, por boca de su dirigente Tania González, la detención de Ledezma “y de cualquier otro alcalde”, a la vez que pide “transparencia” por parte del gobierno venezolano.

Clara señal de que ha sonado la hora para importantes cambios en Venezuela.