• Caracas (Venezuela)

Demetrio Boersner

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Sanders repudia a Chávez

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El senador estadounidense Bernie Sanders, precandidato presidencial del Partido Demócrata, quien se autodefine como “socialista democrático”, fue atacado por voceros de la centroderecha como presunto simpatizante del chavismo venezolano. El 17 de septiembre, Sanders rechazó airadamente  tales versiones y protestó contra el intento de “vincularme con un dictador comunista muerto”. Más claro no canta un gallo.

Desde hace unos años, Estados Unidos ha venido ganando altura política, con debates de una claridad ideológica y programática superior a las de  Europa y de Latinoamérica, que más bien han caído en un mayor pragmatismo cortoplacista. En Estados Unidos está muy clara hoy en día la división entre una derecha que cree en el capitalismo irrestricto y en virtudes positivas del elitismo, y una izquierda democrática que lucha por una mayor igualdad socioeconómica y política. Como es normal, ambos partidos se subdividen en corrientes matizadas, entre mayor radicalismo y mayor moderación.

Hillary Clinton, de centroizquierda moderada, y Bernie Sanders, quien se autodefine como socialista democrático, se enfrentan por la candidatura presidencial del Partido Demócrata y vienen sosteniendo debates de sumo interés no solo para el electorado estadounidense, sino para la comunidad mundial que inevitablemente será influida por las futuras decisiones de la Casa Blanca.

En el reciente debate de precandidatos demócratas, Bernie Sanders resumió claramente su pensamiento e intenciones. Anhela promover y encabeza una “revolución política” constitucional y no violenta, que reduzca el dominio oligárquico del financiamiento electoral, aumente la tributación directa de las grandes fortunas, fortalezca la regulación pública de la banca, y expanda grandemente el sistema de seguridad y previsión social, con gratuidad universal de la salud y de la educación a todos los niveles.  También propone medidas progresistas en materia laboral y salarial. Ha dicho claramente que su programa no prevé expropiaciones y que su modelo de “socialismo” es el de Dinamarca y otros países escandinavos.

Hillary Clinton no se opone a la visión ideal de Bernie Sanders, pero considera que es demasiado radical para un país como Estados Unidos, donde el capitalismo, pese a sus fallas, sigue gozando de amplia aceptación y prestigio. Ella acepta la idea de medidas tributarias redistributivas y de regulaciones financieras más rigurosas, así como una gran ampliación de los servicios sociales gratuitos y medidas de empoderamiento laboral, pero quiere aplicarlas con mayor moderación, y dejar claro que ella no se considera “socialista” sino social-liberal dentro del marco de un capitalismo reformado.

Ambos precandidatos demócratas coinciden en un claro deslinde frente a todo colectivismo de cariz autoritario o dictatorial, tal como el chavismo venezolano. Los adversarios derechistas de Bernie Sanders han querido meterlo en el mismo saco con Jeremy Corbyn, el recién elegido líder izquierdista del Partido Laborista británico. Corbyn es un radical intempestivo y vociferante, que cree en un falso “progresismo” que abarca a los colectivistas dictatoriales al igual que a los socialistas democráticos. Corbyn ha sido un frenético admirador de Hugo Chávez, activista de los círculos bolivarianos ingleses y asiduo huésped de la Embajada de Venezuela en Londres. En cambio, Bernie Sanders ha definido su posición antichavista en los términos arriba citados.

Como se ve, en Estados Unidos existe una izquierda empeñada en efectuar cambios económicos y políticos estructurales, pero consecuente en la defensa de la democracia y en la denuncia de una social-dictadura de raíz estalinista, que ya solo cuenta con el apoyo de cierto “progresismo” regional oportunista y desprestigiado. 

demboers@gmail.com