• Caracas (Venezuela)

Demetrio Boersner

Al instante

Presiones para negociar

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Quiero comenzar expresando mi total solidaridad con César Miguel Rondón, brillante periodista de la más elevada condición intelectual y ética, e hijo del recordado César Rondón Lovera, quien en vida fuera mi cordial amigo y uno de mis guías en el quehacer político. César Miguel ha sido objeto de una vil maniobra de censura por el mero hecho de cumplir con su función de entrevistador: dejar hablar al entrevistado. Menos mal que seguiremos disfrutando de sus programas cuando nadie se acordará de quien pretendió “amonestarlo”.

Seguimos convencidos, como estudiosos de la historia universal, de que hay pocos conflictos que no se puedan resolver por la vía de la negociación en lugar de la vía de las armas. Sin embargo, para que la negociación sea posible, deben existir las armas o, cuando menos, los medios de presión que hagan difícil la situación del enemigo o adversario y lo fuercen  a sentarse en la mesa del diálogo. Las “armas” o medios de presión para doblegar al adversario terco y llevarlo a negociar pueden incluir la huelga general, la movilización popular masiva, o una colosal votación mayoritaria, acompañada de la voluntad y capacidad de hacer acatar el resultado electoral.

En el plano mundial, se vive un momento de acumulación de crisis preocupantes, de índole ecológica, económica y estratégica, que exigen negociaciones entre las potencias más influyentes. En el dominio de la geopolítica, se han agudizado los enfrentamientos entre el mundo civilizado y el neofascismo islamista, entre el Occidente y Rusia y, a más largo plazo, entre Estados Un idos y China. Cada parte involucrada posee medios de presión para hacer valer sus intereses, y crece la necesidad de mejorar los canales de negociación para conciliar realistamente las posiciones más valederas.

Entre el mundo civilizado y el neofascismo islamista no hay arreglo pacífico posible. Solo la formación de una gran alianza que englobe al Occidente, Rusia, China y las mayorías musulmanas moderadas logrará derrotar y eliminar al yihadismo anacrónico y salvaje y abrir vías de desarrollo sostenible para Asia del oeste y África del norte.

Enorme importancia revisten, con respecto al problema del Medio Oriente, los contactos que se han reanudado entre los presidentes de Estados Unidos y de Rusia. Como lo señalamos en anteriores ocasiones, luego del fin de la Guerra Fría el Occidente asumió erróneas posiciones triunfalistas y quiso reducir a Rusia de su previa condición de potencia mundial a la de mero “actor regional” en Europa del Este, rodeándola de una suerte de “cordón sanitario”. Vladimir Putin, mandatario nacionalista semiautoritario de una Rusia que jamás conoció la democracia liberal, procura reafirmar el carácter histórico de su país como una de las potencias claves dentro del concierto mundial. En el Occidente, el presidente Obama es uno de los pocos líderes que entiende el punto de vista ruso y además es consciente de que, sin la colaboración de Rusia, será imposible derrotar a los fanáticos del Estado Islámico y de Al-Qaeda y devolver la paz a Siria y a Irak. Sin embargo, para llevar a buen término su reanudado diálogo con su colega ruso, Obama deberá defenderse de las presiones de un sector derechista agresivo, furibundamente antirruso, dentro de la alianza occidental.     

Rusia ya dispone de una red de acuerdos con actores musulmanes moderados –entre ellos, el gobierno iraní del presidente Rohani– para combatir al Ejército Islámico en Siria. Ofrece su cooperación a Estados Unidos, pero pone una condición que va en contra de los sentimientos mayoritarios del Occidente: ¡incluir en la alianza al presidente de Siria Bashar al Asad, laico y modernizador, pero manchado de sangre! Problema de percepción moral y estratégica internacional. Volveremos al tema.