• Caracas (Venezuela)

Demetrio Boersner

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Demetrio Boersner

Lucha democrática, popular y civil

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Por la aversión que nos inspiran los intentos de restaurar ensayos teocráticos medievales, sentimos un momento de (equivocada) satisfacción cuando el ejército egipcio se unió a un vasto movimiento de protesta democrática y liberal para sacar del poder al presidente Muhamad Mursi quien seguramente violaba su promesa de respetar la constitución democrática que su país adoptó a partir de la "primavera árabe". Además nos animó en ese sentido el gesto de nuestro respetado amigo, el Premio Nobel Mohamed el Baradei, de aceptar la vicepresidencia para asuntos exteriores del actual gobierno provisional egipcio y colaborar con los militares.

Ya estamos viendo, sin embargo, que la acción militar egipcia fue golpista y no liberadora. Reprimen y parecen querer perpetuarse en el mando. Frente a esto, previsiblemente el islamismo militante, que estaba dividido, se reunificará y se refortalecerá. Por ello, debemos ratificar la visión esencial que hemos mantenido durante una larga vida de docencia y acción política: la única vía confiable para vencer tiranías, en cualquier país del mundo, incluido Venezuela, es la poderosa y sostenida resistencia del pueblo democrático vestido de civil. Agotar hasta lo último todas las vías electorales y legales, apelar a la solidaridad internacional, y también protestar en las calles, masivamente, civilmente, sin provocaciones pero con mucha valentía.

Cuando tal cosa sucede, las tiranías o autocracias se debilitan y se fraccionan. Vociferan agresivamente, amenazan y abusan, para ocultar su miedo. La economía se deteriora, hay inflación y escasez y cunden cada vez más el descontento y la ira de las capas populares más golpeadas. Cuando la tiranía caiga, impotente ante la ira popular, los militares se unirán al pueblo y pondrán su sello al cambio, pero no como nuevo estamento dominante sino como garantes institucionales.

En Venezuela, donde el régimen viola la Constitución de manera sin precedentes y se acelera la marcha hacia un despotismo agravado, debemos ponderar las realidades señaladas. Ante el abuso extremo, no hay otro camino posible sino el de perseverar en la lucha civil, legal, electoral ­pero también popular y protestataria­.

Prepararnos para las elecciones municipales de diciembre, pero no dejar de ir a la calle a protestar sin violencia. Y sobre todo, contra viento y marea y todas las intrigas: mantener y fortalecer la unidad democrática opositora, bajo la conducción, por ahora insustituible e inmejorable, de Henrique Capriles Radonski y la MUD.