• Caracas (Venezuela)

Demetrio Boersner

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Latinoamérica rumbo a la libertad

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La elección de Mauricio Macri a la Presidencia de la República Argentina nos llena de alegría, ya que con su triunfo político se fortalecen las esperanzas de libertad de todos los latinoamericanos y, en particular, de los venezolanos y otros pueblos sometidos a regímenes autoritarios y personalistas. En vista de la importancia política, económica y cultural de la gran nación del sur –la única suramericana con capacidad de medirse con Brasil de igual a igual–, la decisión electoral de su pueblo no puede dejar de influir en la tendencia política general de nuestra región.

Por su conocido pensamiento doctrinario, Mauricio Macri no es un hombre eminentemente derechista, sino un liberal inclinado hacia la centroderecha, pero dispuesto a escuchar la voz y aceptar planteamientos de aliados políticos ubicados en la centroizquierda socialdemócrata, así como del importante sector peronista movilizado por Sergio Massa. Su ascenso al poder fortalece ante todo la actual corriente continental hacia la superación del “populismo” (entendido como el tipo de régimen que, en aras de una presunta mayor justicia social, cercena libertades y encumbra a caudillos), y su reemplazo por democracias liberales y modernas, en cuyo seno la centroderecha y la centroizquierda, plasmadas en agrupaciones conservadoras, demócrata-cristianas, liberales, socialdemócratas y otras, compiten según reglas de juego aceptadas por todos. En el plano de las controversias económicas, esta corriente centrista tiende a buscar fórmulas de conciliación entre el modelo aperturista y globalizador auspiciado por la Alianza del Pacífico y el modelo regional-soberanista abrazado hasta ahora por Mercosur. Esta convergencia entre los dos proyectos tiene el apoyo, por cierto, tanto del liberal Mauricio Macri como de la socialista democrática Michelle Bachelet.

Los demócratas venezolanos se sienten agradecidos a Macri por su enérgica condena de los atropellos antidemocráticos cometidos por el gobierno de Nicolás Maduro y su anuncio de que pedirá la aplicación al régimen venezolano de la cláusula democrática de Mercosur. La conducta amenazadora y violenta de Maduro y su séquito totalitario contrasta con modelos populistas más moderados y civilizados. En ese sentido es justo que se reconozca y se aprecie el intachable comportamiento democrático tanto de la presidente Cristina Fernández de Kirchner como del candidato oficialista Daniel Scioli, al aceptar el resultado electoral en forma inmediata y gallarda. Aunque la conducta de Maduro y su equipo no suscite muchos motivos para sentirnos optimistas, cabe la esperanza de que, ante la derrota de la causa chavo-populista en Argentina, entienda por fin que debe encarar la realidad.

La realidad de un pueblo airado y obstinado de su gobierno destructor y hambreador, que le infligirá una arrolladora derrota en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre. Y la realidad de una América Latina que, después de haber dado un gran viraje hacia la izquierda (o populismos seudoizquierdistas) en la primera década de este siglo, ahora se encuentra en un poderoso e incontenible movimiento general en la dirección contraria: no hasta una derecha reaccionaria o extrema, sino hacia un centrismo liberal, a partir del cual no está excluida la posibilidad de un futuro resurgimiento de una izquierda democratizada y liberada de resabios del populismo personalista y totalitario.