• Caracas (Venezuela)

Demetrio Boersner

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Grecia: lo bueno y lo malo

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En Grecia ha ascendido al poder un movimiento socialista democrático de izquierda, que derrotó el neoliberalismo y desacreditó la vacilante socialdemocracia tradicional, y que promete liberar al pueblo heleno de una insoportable carga de austeridad exagerada que se le ha impuesto desde afuera. El líder del victorioso movimiento Syriza y nuevo primer ministro de Grecia, Alexis Tsipras, parece ser un izquierdista democrático, inteligente y honrado. Como lo han señalado en diversas ocasiones economistas de visión amplia como el premio Nobel Paul Krugman, las medidas de austeridad dictadas a Grecia por la “troika” FMI-BCE-Comisión Europea han golpeado a las mayorías populares y de clase media –y sobre todo a la gente joven en busca de empleo– de una manera excesiva e inhumana que podría conducir a los peores desastres sociales y políticos. Syriza y Tsipras, desde el gobierno griego, podrían obligar a la Unión Europea a rectificar su política económica antisocial, y alentar a los socialdemócratas de la región a un renovado activismo igualitario y justiciero

Como demócrata venezolano de centroizquierda –firmemente ligado a  demócratas venezolanos de cualquier tendencia ideológica en lucha común contra el totalitarismo y por la libertad– yo me regocijaría sin reservas por el triunfo de Tsipras, si no fuese por algunos de sus antecedentes y actitudes que me inspiran reservas.

En primer término, Tsipras es chavista. Es un chavista ingenuo, convencido de que el fallecido autócrata venezolano hizo maravillas por su pueblo, liberándolo de una “derecha” perversa y “sacándolo de la pobreza”. Asistió al sepelio de Hugo Chávez y allí expresó estos criterios que, desde luego, son los de toda la agrupación internacional europea de extrema izquierda, de la cual Syriza forma parte. Sin embargo, Alexis Tsipras no debe ser comparado ni confundido con un personaje como su “camarada” español, Pablo Iglesias Turrión, jefe del partido Podemos, quien no solo “creyó” en Chávez sino que, junto con el inefable Juan Carlos Monedero, le sirvió activamente como asesor y propagandista tarifado, y es cómplice directo de su política antidemocrática. Aunque Syriza y Podemos se declaren aliados o solidarios, son de condición moral distinta. Tsipras, independientemente de lo que piense, no parece haber tenido ningún envolvimiento directo y activo en las labores de zapa de la internacional “bolivariana”.

Me preocupan un poco, además, algunos gestos del nuevo premier griego. Negarse a la juramentación tradicional prevista por la práctica constitucional griega (así como Chávez lo hizo con la venezolana en 1999), juramentarse sin corbata, y reiterar con jactancia pueril su “ateísmo”, son actitudes que de ningún modo presagian una disposición a combinar la radicalidad de propósitos con la prudencia táctica: única manera de gobernar exitosamente en el  mundo de hoy, y sobre todo en su parte europea.

Pero aun con estas reservas, le deseo buena suerte a Alexis Tsipras. Los pobres y necesitados de Europa necesitan un portavoz fuerte, y a la socialdemocracia europea le hace falta un aguijón. Ojalá el espectáculo que presenta la Venezuela de hoy lleve al líder griego a reconsiderar su buena opinión sobre Chávez. 

demboers@gmail.com