• Caracas (Venezuela)

Demetrio Boersner

Al instante

Fuerzas profundas y poder blando

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El régimen autoritario chavista está viviendo sus días finales y la transición hacia una democracia renovada está por comenzar. Esto no lo decimos en un arrebato de desbordado optimismo subjetivo, sino lo afirmamos sobre la base de hechos palpables. Existe una combinación de factores objetivos que se unen para impulsar una salida gradual y pacífica en su forma, aunque radical en su contenido. (Nada es más radical que el reemplazo de la opresión por la libertad). Estos factores, que se conjugan para dar el empujón final al despotismo venezolano, pertenecen a dos categorías: “fuerzas profundas” y “poder blando”.

El concepto “fuerzas profundas” proviene del eminente historiador francés Pierre Renouvin, reconocido internacionalmente como padre de la disciplina académica denominada “Historia de las Relaciones Internacionales”. Renouvin utiliza ese término para designar el conjunto de factores estructurales y colectivos –económico-sociales y socio-culturales– que limitan y condicionan la voluntad subjetiva del estadista o dirigente político. El estadista puede influir sobre las fuerzas profundas y ponerlas parcialmente a su servicio, pero en última instancia ellas marcarán el cauce definitivo. En Venezuela, Hugo Chávez nunca comprendió esa realidad y con ello demostró, de paso, que no fue un socialista (ya que estos siempre son conscientes de la dialéctica de las fuerzas profundas), sino un voluntarista con ilusión de superhombre capaz de sobreponerse a lo que Rosa Luxemburgo llamó “los aterradores abismos de la causalidad histórica”.  Dichos abismos parecen a punto, hoy, de tragarse al país destrozado y arruinado por tres lustros de imprevisión, de destrucción de la economía y de arbitrariedad política, culminando en la desilusión de un pueblo cuya calidad de vida no ha mejorado en ningún aspecto fundamental. 

La crisis del régimen venezolano ha tenido el efecto de destruir su credibilidad internacional, decepcionando hasta a sus más ávidos clientes, beneficiarios y exáulicos, que ya han comenzado a darle la espalda. En estos momentos, una gran marea de influencias externas, entre las que figuran Estados Unidos, la Santa Sede, la Unión Europea y los países iberoamericanos de orientación desarrollista moderada, está rodeando al gobierno venezolano con la razonable exigencia de que libere a los detenidos políticos y entable un honesto diálogo (negociación) con las fuerzas de oposición democrática. El sentido común indica que tales conversaciones deben versar urgentemente sobre la manera de resolver los problemas más apremiantes de desabastecimiento, galopante inflación, endeudamiento, inseguridad, etc., y crear una base de entendimiento entre el Estado y el sector privado que permita relanzar la actividad económica. Además deben tender a asegurar el respeto de los resultados electorales del venidero 6 de diciembre y, más allá de ello, abrir un proceso de transición de la actual social-dictadura a una democracia pluralista y tolerante. El conjunto de fuerzas internas y externas que persigue y anhela estos fines coincide en ejercer el tipo de presiones que responden al concepto de “poder blando”, descartando medidas de “poder duro” que negarían la posibilidad del diálogo, aunque sea “con el pañuelo en la nariz”. Tal diálogo, producto de la aplicación del poder blando, constituye la vía civilizada y no violenta que ha permitido a otras naciones pasar del despotismo a la libertad. Desde ya es importante descartar la dicotomía excluyente entre “chavistas” y “antichavistas”, que debe ser reemplazada por la búsqueda de un creciente entendimiento entre venezolanos provenientes de ambos bandos, que a pesar de divergentes visiones del pasado estén de acuerdo en transitar hacia la libertad (la cual no puede ser auténtica sin equidad social).

 demboers@gmail.com