• Caracas (Venezuela)

Demetrio Boersner

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Demetrio Boersner

Demócratas inhibidos

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En el mundo actual, incluida Venezuela, nos encontramos con el fenómeno de dirigentes democráticos admirables por su inteligencia, su calidad moral, y su eficiencia en cosas menudas, pero curiosamente mudos o inhibidos a la hora de definir y defender principios fundamentales.

Cuando este artículo se publique, ya sabremos si Obama ganó su reelección (de corazón, esperamos que sí). Obama tuvo un mandato difícil, pero con perspicacia y claras prioridades enmarcadas en una visión progresista, sacó a su país de la recesión y lo puso en el camino de la recuperación económica, dio a su pueblo la seguridad médico-asistencial que le faltaba, salvó de la quiebra la industria automotriz con sus puestos de trabajo, y reorientó la política exterior norteamericana del intervencionismo unilateral a la búsqueda del predominio en un marco multipolar. Pero no logró defender el conjunto de esta excelente obra de gobierno de los múltiples ataques mezquinos del gobernador Romney quien, por ello, ha logrado un inmerecido encumbramiento. Obama perdió tiempo discutiendo menudencias, en lugar de pasar a la ofensiva con una visión doctrinaria global, enfocada hacia la creación de una Norteamérica social-liberal y postimperial, que llegase al alma del ciudadano común.

A diferencia de tales líderes democráticos tardos en formular doctrinas y programas grandes, los autócratas y dictadores no vacilan en vocear los suyos, por intrascendentes o engañosos que sean. Stalin convenció a millones de personas de que su tiranía apuntaba a crear un mundo liberado y fraterno. Y no obstante nuestra desastrosa realidad, millones de venezolanos le siguen creyendo a Chávez las presuntas virtudes de su socialismo.

Frente a esa autocracia sembradora de espejismos, los hombres y mujeres libres y justos ratificamos los valores y el programa de la alternativa democrática plasmada en la MUD. Ratificamos el continuado liderazgo nacional opositor de Henrique Capriles mientras el pueblo democrático, en un futuro todavía lejano, no decida algo distinto. Estamos unidos en el repudio a los sembradores de cizaña y los despreciables traidorcillos. Seguimos convencidos de que, en lo más fundamental, nuestra actuación en torno al 7-O fue correcta y que en las regionales del 16 de diciembre, bajo la eficaz coordinación de Antonio Ledezma, debemos perseverar, “haciendo lo que veníamos haciendo, pero haciéndolo mejor”.

Sin embargo, nos falta (como a Obama): unificar y elevar nuestro discurso, más allá de todos los compromisos prácticos y pormenorizados, en un gran mensaje doctrinario que resuma los propósitos opositores en una coherente promesa de democracia a la vez liberal y social, basada en una economía mixta que garantice el bien común sin sofocar o amenazar la iniciativa y la propiedad privadas legítimas, imprescindibles para reconstruir el país.