• Caracas (Venezuela)

Demetrio Boersner

Al instante

Ahora: ¡mantener la unidad!

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Ha terminado lo que para muchos venezolanos fue un calvario de frustraciones y humillaciones de diecisiete años de duración. La arrolladora gesta por la libertad realizada por nuestro bravo pueblo el día 6 de diciembre debe marcar el inicio de un cambio irreversible hacia el restablecimiento de una plena democracia política y de un sistema económico funcional. Ese cambio reconciliará a la nación dividida y obligará aún a los más dogmáticos a matizar sus planteamientos y practicar el arte de la convivencia tolerante.

Después de diecisiete años de frustraciones y humillaciones, volvemos a sentir una inmensa felicidad y orgullo de ser venezolanos. Damos gracias al bravo pueblo que tan mayoritariamente demostró su clara conciencia cívica, su coraje, su espíritu de unidad y su vocación por la civilizada acción no violenta. También damos gracias a la Fuerza Armada Nacional que, por boca de su vocero máximo, manifestó su irrevocable respaldo a la Constitución. El discurso del general Padrino López derribó barreras de desconfianza entre la sociedad civil y la FANB y demostró que realmente conforman un solo pueblo.

Cuando se instale la nueva Asamblea Nacional, ella deberá emprender dos magnas tareas de igual urgencia. Una de ellas es la eliminación de prácticas y mecanismos autoritarios y abusivos, y el lanzamiento de un pleno retorno a la constitucionalidad republicana y la vigencia de los derechos humanos.  En este orden de ideas, sin duda una amnistía para los detenidos políticos o por motivos de conciencia constituye la primera prioridad.

Sin embargo, igual urgencia reviste la puesta en práctica de un plan inmediato para aliviar la situación de emergencia socioeconómica –desabastecimiento, carestía, desocupación y parálisis productiva– que angustia y atormenta a las mayorías populares y ha sido factor clave en su decisión de votar en contra del régimen. Por ello, es necesario que se abra una gran negociación nacional no solo entre los poderes Ejecutivo y Legislativo, sino también entre los tres actores indispensables de una economía de mercado de carácter mixto: el Estado, el empresariado privado y la clase trabajadora organizada. La unificación cambiaria, la liberalización de los procesos de producción e intercambio y el establecimiento de claras reglas de juego entre los sectores público y privado, así como entre el capital y el trabajo, serán iniciativas imprescindibles y urgentes. Como en otros países del mundo, socialistas, socialdemócratas, socialcristianos y neoliberales deberán buscar vías de transacción, impuestas por insoslayables necesidades objetivas.

Para que la democratización y la reconstrucción económica tengan éxito, es  imprescindible la preservación y consolidación de la encomiable unidad que la oposición democrática ha logrado mantener durante su campaña, y que la ha conducido a la victoria electoral. El mayor peligro que nos acecha de ahora en adelante –y sería imperdonable que sucumbiésemos ante él– es el de la ruptura de la unidad por motivo de bastardas apetencias de poder personal o de pueriles sectarismos. La Concertación democrática chilena, que se mantuvo intacta y funcional durante un período de 22 años después de la crisis de la dictadura pinochetista, así como, evidentemente, el Pacto de Puntofijo en nuestro propio pasado histórico, pueden servirnos de luminosos ejemplos en ese sentido. 

demboers@gmail.com